Lado B
El voto y la convivencia civilizada
Por Martín López Calva @m_lopezcalva
02 de junio, 2021
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Ante todo: debe aceptarse que la democracia no es en absoluto ni un proyecto sobre el futuro: es un método de convivencia civilizada. No se propone cambiarnos ni llevarnos a ninguna parte; pide que cada uno sea capaz de convivir con su vecino, que la minoría acepte la voluntad de la mayoría, que la mayoria respete la minoría y que todos preserven y defiendan los derechos de los individuos. Como la democracia no es perfecta, la hemos completado con el sistema de equilibrio de poderes (…) El edificio está coronado por otro concepto: por encima  de mayorías, minorías  e individuos, esta el imperio de la ley, la misma para todos”.   

Octavio Paz, Itinerario.

A pesar de las muy complicadas y desafiantes circunstancias que vive el país, este domingo 6 de junio vamos a tener la enorme responsabilidad, pero también el gran privilegio, de participar con nuestro voto en las elecciones más grandes de la historia de México, y probablemente también las más violentas —hay 88 candidatos asesinados por el crimen organizado hasta el momento en que escribo estas líneas— que se han realizado en la historia de nuestra transición democrática.

Miercoles 01 1

El panorama no es para ser optimistas. Nos enfrentamos, como citaba en un artículo reciente, al “universo de las opciones degradadas”, un término que Germán Dehesa retoma, recordando a su maestra Rosario Castellanos, de Jean Paul Sartre. El maestro Dehesa definía así este escenario, en el ya lejano año de 2004: “¿qué ocurre cuando todas las opciones que una realidad ofrece están degradadas? ¿qué ocurre en un universo en el cual, escojas lo que escojas, desembocarás en la frustración?”.

Estamos en este universo en el que el gobierno que prometió ser diferente resultó igual o peor que los anteriores en muchos aspectos; universos en los que el presidente, cuando fue candidato de oposición, criticó la intervención de Vicente Fox desde el Poder Ejecutivo de la Nación en las elecciones, pero ahora está interviniendo diariamente —en sus conferencias mañaneras y en sus videos promocionales de obras públicas los fines de semana— de manera directa, evidente y además reconocida explícitamente por él mismo, en el proceso electoral actual, impulsando a sus candidatos, denostando a la oposición y convirtiendo estas elecciones en una especie de referéndum sobre su gobierno.

Vivimos un escenario en el que se han destruido instituciones que costaron años o décadas y mucho esfuerzo y vidas entregadas a causas democráticas; en el que se amenaza que, de ganar la mayoría calificada, se desaparecerá el Instituto Nacional Electoral, órgano autónomo y ciudadano que, con todo y sus errores, ha sido el pilar de la transición democrática del país en el terreno electoral.

Nos encontramos en un contexto en el que la oposición prácticamente no existe, y en el que se han coaligado los restos de los tres partidos más importantes del pasado reciente para conformar una coalición sin propuestas más allá de decir NO al gobierno actual y de proponerse como la salvación ante la amenaza de un régimen autoritario con el poder absoluto de un solo hombre, al mejor estilo de los sexenios del viejo PRI de los sesentas, setentas y ochentas del siglo pasado.

Una oposición que postula candidatos igual de impresentables que los del partido en el poder en cuanto a políticos profesionales y que recurre a celebridades, artistas, deportistas retirados o influencers sin ninguna experiencia ni perfil para ocupar los cargos para los que están postulados.

Una “tercera vía” que no se coaligó con los tres partidos tradicionales y que se quiere presentar como una alternativa, pero tiene las mismas carencias en cuanto a candidatos y falta de propuestas, así como el riesgo de dividir el voto opositor y de “vender caro su amor” cuando se den a conocer los resultados.

Frente a este escenario poco alentador, nos encontramos también con el imaginario social que se ha ido construyendo con las narrativas grandilocuentes de los políticos desde hace décadas, que presentan a la democracia como una especie de paraíso terrenal en el que se resuelven mágicamente todos los problemas y se construye un futuro utópico en el que todos somos felices.

La enorme distancia entre esta visión idealizada de la democracia, entendida como el mejor de los mundos y el universo de las opciones degradadas, que tenemos hoy en el país puede hacer que los ciudadanos, desilusionados y frustrados por ese paraíso que no se ve alcanzable, y desencantados ante la falta de opciones para elegir, decidan no salir a votar.

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De por sí las elecciones intermedias tienen regularmente un menor porcentaje de votantes respecto al padrón registrado, pero el desaliento y la desmoralización ante la falta de evidencias de cambio real a partir del voto pueden incrementar el nivel de abstención.

Por eso considero muy importante recalcar y difundir esta cita de Octavio Paz respecto a la democracia, en la que señala que no se trata de un proyecto sobre el futuro sino de un método de convivencia civilizada, ni más ni menos que esto. Se trata de una forma de organización de la convivencia social que no nos cambia ni nos lleva a mundos utópicos, sino que nos pide ser capaces de convivir en paz con nuestros vecinos, que la minoría acepte la voluntad de la mayoría pero también, cosa no menos importante, que la mayoría respete y dé un lugar a la minoría sin considerarla como adversaria, enemiga o defensora de privilegios e intereses egoístas.

Como dice Paz, la democracia no es perfecta y para ello se ha diseñado el sistema de equilibrio de poderes para que existan pesos y contrapesos que eviten otorgar a alguien el poder absoluto, porque como dice la famosísima frase de Lord Acton: “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

Además de estos dos elementos, el voto para que las mayorías expresen su preferencia y las minorías la acaten pero sean respetadas e incluidas, así como la división de poderes, está el imperio de la ley que se pone por encima de individuos, minorías y mayorías y se ejerce de la misma manera para todos.

Con esta mirada deberíamos reflexionar, en primer lugar, la necesidad de participar con nuestro voto y expresar nuestra decisión ciudadana —aunque sea solamente por el mal menor— de manera libre y responsable, y discernir con todo cuidado por cuál de las opciones vamos a optar, teniendo en cuenta que la democracia no es el mundo ideal sino un método de convivencia civilizada en el que tenemos que tomar en cuenta que permanezcan la dialéctica mayorías-minorías, la división de poderes y el imperio de la ley.

“La democracia hace del individuo un ciudadano que reconoce deberes y ejerce derechos. El civismo constituye entonces la virtud sociopolítica de la ética. Requiere de solidaridad y responsabilidad”, dice Morin en el sexto volumen del Método dedicado a la Ética. Para que la transición a la democracia sea una realidad consolidada en nuestro país —con todas sus virtudes y también sus imperfecciones— resulta indispensable no dejar toda la responsabilidad a los gobernantes o a los partidos políticos, sino reconocernos como ciudadanos que asumimos nuestros deberes y ejercemos nuestros derechos; uno de ellos, fundamental: el derecho al voto. Porque el civismo es la virtud sociopolítica de la ética y llama a la solidaridad y a la responsabilidad.

Asistir a votar este domingo, participar de manera libre, responsable y fundamentada, en este momento simbólico fundamental en los rituales de la democracia, forma mucho más en ciudadanía que muchas clases de educación cívica y ética que se impartan en las aulas.

Hagamos vida la democracia y eduquemos en ciudadanía a las nuevas generaciones a través de nuestra participación ciudadana. Está en juego la consolidación de la convivencia civilizada entre los mexicanos, en una época de enorme polarización y desencuentro.

*Foto de portada: ProtoplasmaKid | Wikimedia Commons

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Autor Lado B
Martín López Calva
Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Realizó dos estancias postdoctorales en el Lonergan Institute de Boston College. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, del Consejo Mexicano de Investigación Educativa, de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores y de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación. Trabaja en las líneas de Educación humanista, Educación y valores y Ética profesional. Actualmente es Decano de Artes y Humanidades de la UPAEP, donde coordina el Cuerpo Académico de Ética y Procesos Educativos y participa en el de Profesionalización docente..
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