Lado B
Blood Red Sky, una delirante odisea de gore en las alturas
Por Héctor Jesús Cristino Lucas @
20 de agosto, 2021
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Pese a que jamás he sido de los cinéfilos libertinos que les da por ver películas “tendenciosas” en el catálogo de Netflix —sobre todo si se encuentran en el top 10 de nuestro jodido país— a veces simplemente quiero pasar un domingo entretenido con cualquier bazofia que aparezca en primer lugar. Evitar la fatiga y reproducir lo primero que venga en portada. Y oh-la-lá queridos padawans, eso fue exactamente lo que obtuve con Blood Red Sky.

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Tantos sitios de internet especializados como Bloody Disgusting o Fangoria recomendándola por un lado, y una oleada de detractores amantes de Luis Buñuel y Tarkovski odiándola por el otro no hacían más que recordarme los cientos de estrenos dentro del cine de horror —como Mother! (2017), Midsommar (2019) o The Lighthouse (2019)— que han levantado revuelo tras sus estrenos no precisamente por su contenido gráfico sino por el barullo escandaloso que ocasiona la crítica como la audiencia. 

Y solo para contestar a una simple pero patética pregunta: ¿Es acaso una obra maestra en su tipo… o una porquería de semejantes proporciones que merece el odio injustificado de los más intelectualoides? 

Esta película, venida de nada menos que un país experto en el cine de género como lo es Alemania -cuna no solo de las cintas expresionistas como lo es Nosferatu (1922), sino de otras joyas emblemáticas dentro del cine gore como la bilogía de Jörg Buttgereit, Nekromantik 1 y 2 (1987/1991)- ha sido, al menos para El Cinemaniaco, una de las máximas sorpresas que nos ha llegado a esta ociosa plataforma. 

Nada menos que una cinta maliciosa y espontáneamente tramposa que juega con la audiencia haciéndoles creer que debe ser tomada en serio por su trama patatera de un grupo de terroristas que toman secuestrado un vuelo trasatlántico, pero que se muere de ganas por decirte a gritos que en realidad es una cinta de serie B.  

Esto es algo así como lo que nos presentó Robert Rodríguez y Quentin Tarantino con From Dusk Till Dawn en 1996: una cinta cuyo arranque pretende ser de un género completamente distinto al que termina siendo. Con una premisa sobre unos ladrones de banco buscados por la justicia intentando cruzar la frontera, pero que al lograrlo terminan metiéndose en una cuna repleta de malévolos y sanguinarios vampiros. Del thriller policial… al horror exploitation

¡Pues bien, queridos amigos! Blood Red Sky, del director y guionista alemán Peter Thorwarth, es un experimento similar -realmente parecido- cuya narrativa pretende llevarte por distintos géneros -distintos estilos- en un solo pero interesante escenario: dentro de un simple avión. Y si se lo están preguntando, por supuesto, TAMBIÉN ES DE VAMPIROS. 

Blood Red Sky, una delirante odisea de gore en las alturas

Fotograma de Blood Red Sky (2021) / Foto: Netflix

Esto ha llevado a muchos críticos –como David Ehrlich del sitio web IndieWire– a lanzarse por la borda afirmando que su director es un iluso y fracasado con faltas de ideas que termina convirtiendo su película en una mala copia de Train to Busan (2016). Pero el verdadero iluso y fracasado no es más que la crítica que desconoce del género fantástico. 

Blood Red Sky en realidad obedece a referentes mucho más clásicos. Incluso Train to Busan (2016) lo hace y nadie parece notarlo. Ambas son películas nacidas del argumento de Alien (1979) de Ridley Scott, sobre unos pobres ilusos atrapados en un simple lugar -como lo sería una nave espacial en medio del espacio, donde nadie escuchará tus gritos- para enfrentarse a un horror inenarrable y desconocido como pueden ser zombis, vampiros o xenomorfos. 

Pero dejar esta comparación simplemente porque sí sería incluso demasiado básico y arriesgado. Pecar de intelectual reprimido que busca llamar la atención. Agreguemos entonces que la fórmula de esta película, además de From Dusk Till Dawn (1996) y Alien (1979), se compone por otro homenaje/referente casi desapercibido por muchos críticos de internet hoy en día: la fantabulosa y rocambolesca Snakes on a Plane (2006) de David R. Ellis. 

¿Recuerdan de qué iba aquella obra maestra protagonizada por nada menos que el grandioso Samuel L. Jackson? No hubo otra película que apareciera en mi cabeza cuando leí el argumento de Blood Red Sky. Son serpientes a bordo de un maldito avión. Nada más que eso. Serpientes letales y genéticamente modificadas, llevadas a bordo por un grupo de terroristas para lograr cumplir un mortífero pero rebuscado plan. 

Emmm… quítale las serpientes y agrégale los vampiros y eso es justo lo que nos da Blood Red Sky. Solo que un poco mejor desarrollado y con efectos especiales más convincentes, claro. 

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La trama también tiene terroristas que buscan llevar a cabo un plan de lo más extraño, aunque sin saber que el verdadero horror no está dentro de la cabeza de un fanático político ni religioso sino en los letales colmillos de un vampiro que, de hecho, también va a bordo junto con ellos. O bueno, ya que estamos en esta época políticamente correcta e inclusiva: una vampiresa que le hará la vida imposible a este grupo de enfermos machirulos. 

¡No pueden negar que es espléndida! Se los juro. La trama es casi como la poética de cintas al puro estilo de Silence of the Lambs (1991) -con el debido respeto que se merece-: ¿qué mente prodigiosa en la matanza injustificada es más letal que la otra? De cómo acabar con un horror… haciendo uso de otro significado del horror, pero traducido ahora con seres del inframundo. El fanatismo del hombre vs la voraz sed de un chupa sangre. 

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Fotograma de Blood Red Sky (2021) / Foto: Netflix

Aún no entiendo cómo puede haber gente que diga que la película es una bazofia que deja de tomarse enserio cuando añade el “ingrediente vampírico” a la fórmula. ¡Tonterías! Jamás se tomó enserio. De hecho, que haya añadido este elemento la hace mucho más interesante y especial que si no lo hubiera hecho. Seguir simplemente el camino del thriller es contar la misma historia de los terroristas en un avión que lo hacen chocar. Pero añadirle una propuesta sobrenatural, es entonces, la misma historia de monstruos de siempre -como Snakes on a Plane (201)- ¡pero con vampiros! Lo cual asegura tu boleto al menos en calidad de entretenimiento. 

Y lo mejor es que estos vampiros no obedecen a las modernas versiones que nos han venido regalando desde Stephanie Meyer y su franquicia literaria Twilight. Es, de hecho, lo más clásico y legendario de estos seres, remontados justo desde Bram Stoker.

Aquí, los vampiros no brillan; mueren por la luz. Aquí es necesario estacarlos o cortarles la cabeza para acabar con ellos. Y lo mejor de lo mejor, es que una simple mordida puede ser suficiente para esparcir su maldición a otros seres humanos. Lo que ocasionará un desenlace inquietante dentro del avión luego que las cosas se salgan de control. 

Aunque creo que el referente más adecuado, lejos de Drácula o Nosferatu, sería más bien aquella adaptación homónima de David Slade: 30 Days of Night (2007). Con vampiros realmente letales, grotescos y despiadados, en un ambiente… digámoslo así, “frío o sombrío”. Toda una propuesta -sangrienta y desquiciante- que todo amante del horror y estos seres deben ver.

Y a todo esto me rindo completa y totalmente a Peri Baumeister -de la serie (también de Netflix) Skylines (2019)- en su papel como la misteriosa Nadja que haría hasta lo imposible para proteger a su pequeño hijo. Ha sido una verdadera sorpresa. Se los juro. Qué bombazo es verla tomar un papel de este tipo. ¿Acaso alguien se imagina lo que es interpretar a una criatura chupa sangre como esta y al mismo tiempo demostrar frente a las cámaras ese lado humano y sensible aún con kilos y kilos de maquillaje encima? Qué fantástica. Le creí todo. Absolutamente todo. 

Desde su lado mortal como inmortal; maternal como bestial. Es una interpretación para quedar en la historia del género. Incluso la construcción y desarrollo de personaje, con ciertos flashbacks que nos explicarán a detalle cómo es que llegó a convertirse en esta grotesca criatura, francamente es fenomenal. 

Pero claro, esto no lo ven los intelectualoides. Ellos solo ven gritos y sangre y ya piensan que el producto no vale la pena. Vaya cagada.   

Blood Red Sky, una delirante odisea de gore en las alturas

Fotograma de Blood Red Sky (2021) / Foto: Netflix

No obstante, del lado antagónico, entre los terroristas -si es que quiere verse así- el que más destaca y se roba la pantalla es el mismísimo Alexander Scheer -de la película Sonnenale (1999) y Eight Miles High (2007)- como el sádico Robert, ya que resulta un completo delirio. 

Quizá muchos dirán que su actuación es frenética y hasta exagerada -y puede que tengan razón- pero algo en él lo hace bastante especial, sobre todo para la situación planteada. Es decir, en una película de serie B con vampiros dentro de un avión, no necesitas a un villano ordinario como un simple terrorista que pasará a segundo plano por ser un simple humano. Lo que necesitas es a un antagónico de altura como lo es este maniático homicida.

Además de representar el lado más perverso del hombre, pronto, se vuelve una contraparte tan poderosa, en maldad y fuerza física; sobrenatural en toda regla, que hasta rivaliza y eclipsa al personaje de Baumeister en ocasiones. Aunque eso no es negativo ni mucho menos. Todo lo contrario. Una buena película funciona porque su antagonista, de hecho, es muuucho mejor. Y Alexander como Robert, cumple con creces.

Blood Red Sky, una delirante odisea de gore en las alturas

Fotograma de Blood Red Sky (2021) / Foto: Netflix

Damas, caballeros, cualquier otro género no binario que esté leyendo esto… Blood Red Sky es maravillosa. No resulta rebuscada, intelectualoide ni pretenciosa. Es una película de serie B minimalista que se oculta ágilmente en un disfraz llamado “thriller”. Una película que intenta equilibrar los dos géneros a los que pertenece y si me lo preguntan, cumple con ambos de maravilla. Nada más que eso.

La queja y el barullo estúpido de los detractores nace -casi que se los puedo asegurar- porque creyeron que esto no terminaría en un festín sangriento, absurdo y exagerado, así como en su momento, se quejaron de lo mismo con From Dusk Till Dawn (1996). 

Pero no lloren tanto queridos fanáticos de Kubrick. Esto es Blood Red Sky de Peter Thorwarth: horror sin pretensiones. Una maravillosa y entretenida cinta de vampiros. Una delirante odisea de gore en las alturas. ¡Súper recomendable!

Sinopsis: 

“Una mujer con una misteriosa enfermedad sanguínea se ve obligada a entrar en acción cuando un grupo de terroristas secuestra un vuelo transatlántico nocturno. Con el fin de proteger a su hijo, tendrá que revelar su oscuro secreto y dar rienda suelta al monstruo interior que siempre ha intentado ocultar.”

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Autor Lado B
Héctor Jesús Cristino Lucas
Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com
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