Possessor, más allá del apellido Cronenberg
Possessor quiere, así como en los viejos tiempos, hacernos vivir el subgénero de body horror, de las formas más viscerales posibles, pero con la diferencia de que no se queda solo en lo corporal
Por Héctor Jesús Cristino Lucas @
10 de diciembre, 2020
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El 2020 está por terminarse, queridos padawans, y si es que siempre han estado ahí para leerme no queda otra cosa más divertida que hacer en la “nueva normalidad”; más transgresora y desbordante para todo cinéfilo empedernido además de maratonearte series en streaming o alquilar salas de cine para ti solo que disfrutar bien ácido una película sobre body horror en plena pandemia.

¿Y qué mejor si lo haces con un legado tan poderoso como lo fue, y aparentemente sigue siendo David Cronenberg? Pese a que nuestro querido maestro de la transfiguración de la carne ya no se dedica de lleno a este hilarante subgénero, sus productos, que por todo el mundo han hecho escuelita, siguen más vigentes que nunca, afortunadamente para los locos que los amamos. 

Por ejemplo, el espectacular remake del clásico de culto Rabid (1977), dirigido por las hermanas de lo macabro Sylvia y Jen Soska el año pasado, fue una interesante carta de amor al horror canadiense de antaño que intentó revivir, con excelentes resultados, la ya mítica esencia de Cronenberg. 

Junto a Laura Vandervoort como la nueva femme fatale sustituyendo a Marilyn Chambers en su papel de “la mujer mosquito”, pero con el mismo discurso fetichista sobre mutaciones y pérdida de identidad que tanto retrataban estas grotescas películas. 

También puedes leer: Rabid (2019): mutaciones, body horror y pandemias  

No obstante, el mayor logro y con diferencia, lo obtuvimos este mismo año. Al enterarnos que Brandon Cronenberg nada menos que el hijo del mismísimo David/maestro de maestros trajo consigo una película de horror corporal que no solo enloqueció a los críticos y fanáticos; también fue la gran ganadora a ‘Mejor Película’ en el Festival de Sitges 2020.

Aunque debemos dejar algo en claro: con este cineasta al menos, la comparación padre e hijo puede llegar a perjudicar bastante la experiencia. 

Possessor

Fotograma: Trailers subtitulados | YouTube

Possessor, aunque vino acompañada de grandes comentarios por parte de su estreno en festival, se ha hecho de ciertos detractores, en distintas partes del mundo, que no la han dejado de comparar con las películas de su propio padre alegando que la experiencia no es la misma. 

Si bien estamos frente a una épica cinta de body horror a la vieja usanza y Brandon Cronenberg, como ese hijo y aprendiz, hace un espectacular honor a su propio apellido, debemos tener en cuenta, pese a la obviedad del asunto, que esta no es una película de David Cronenberg. Repito: NO ES UNA  FUCKING PELÍCULA DE DAVID CRONENBERG. 

Esto es algo parecido a lo que ocurrió con la hija de David Lynch, Jennifer Lynch, cuando empezó a hacer sus propias películas. Sea la incomprendida, pero interesante Boxing Helena (1993) o bien la rebuscada pero encantadora Surveillance (2008). Todos buscaban sin consideración alguna que fuera una película de su propio padre. Nadie ansiaba, ni se permitía si quiera encontrar un sabor único, sino tremendamente conocido. Y ese fue el principal problema. 

Brandon Cronenberg logra hacerse de un estilo propio bastante característico que muchas veces puede deslindarse de su propia herencia sin que le perjudique tanto experimentar en el mismo subgénero. De hecho, Possessor no es su primera película. Anteriormente, en el 2012, ya había experimentado el horror de esta categoría con su cinta independiente Antiviral. Una escabrosa historia sobre una clínica dedicada a replicar enfermedades de famosos para que todos sus seguidores puedan vivirlas como “auténticos fanáticos.”

No obstante, pese a llamar la atención en el Festival de Cannes de aquella época más por el apellido que la propia historia no recibió muy buenos comentarios por parte de la crítica. Ya sea por el guión fofo o la lentitud de las escenas; que los efectos eran malos o que había más drama que horror… pero todos sabían en el fondo otra vez que el problema era la inevitable comparación. 

Al menos en Sitges, les ha quedado claro que Possessor es un producto independiente al padre. Y lo que es mejor, que ha sabido aprovechar cada herramienta del legado Cronenberg para construir su propio camino. 

Y esto hay que aclararlo porque cada vez hay más críticos que quieren buscar algo que la película irónicamente no ofrece. O al menos, no como muchos quisieran. En cambio, nos quedamos con una experiencia nueva en el campo del body horror que no dejará indiferente a nadie. Y eso, queridos padawans, ya es ganancia segura.

Possessor quiere, así como en los viejos tiempos, hacernos vivir el subgénero de las formas más viscerales posibles, pero con la diferencia de que no se queda solo en lo corporal. Quiere ir más allá. Sea a través del thriller psicológico de la más dura categoría, o bien, en la magnífica ciencia ficción de los años 80.  

La premisa, tan sencilla como efectiva, es una suerte de Videodrome (1983), pero combinado hábilmente con conceptos del tipo Avatar (2009) de James Cameron e incluso Paprika (2006) de Satoshi Kon, sobre traspasar nuestra mente a un cuerpo ajeno a través de una extraña y surrealista máquina para poder utilizarlo a su antojo. Aunque de una forma bastante cruda, claro.

Porque lejos de convertirse en una cinta más del montón, termina siendo más una propuesta cyberpunk enfocada al cine de espionaje y asuntos gubernamentales que una película de terror en sí. Cuando una de las grandes esferas de la élite desarrolla una máquina capaz de escabullirse en la mente de otros para pasar desapercibidos y asesinar a peces gordos que puedan resultar un problema más adelante.  

No obstante, el “factor Cronenberg” no desaparece completamente ya que habrá momentos tan perturbadores como surrealistas que pueden llegar a sorprender incluso al más experimentado del género. Sobre todo, cuando el personaje principal de esta historia, la asesina profesional Tasya Vos interpretada por la mismísima actriz de Mandy (2018), Andrea Riseborough se ve envuelta en una constante lucha psicológica cuando cierto huésped logra retenerla dentro del mismo cuerpo. 

Haciendo que la historia, de pronto, adquiera tintes ya conocidos dentro del propio cine de David Cronenberg. Por un lado, con aquella magnífica eXistenZ (1999) sobre una suerte de “matrix” a la que solo podemos ingresar a través del uso de extraña y futurista tecnología. Pero por el otro, a la emblemática Scanners (1981) sobre ciertos individuos cazados por grandes corporaciones, que se verán envueltos en batallas psicológicas. Tan truculentas que terminarán siendo corporales y hasta descarnadas. 

Pero sin llegar por supuesto al plagio ni mucho menos a la co-dependencia de estilo padre e hijo, ya que Possessor, por más increíble que parezca, tiene un estilo propio que muchas veces se deslinda de todas sus antecesoras. 

Hablemos, pues, de Brandon Cronenberg como un erudito del thriller y de la ciencia ficción. Pero también, del potente drama humano. 

Muchas veces, la historia de nuestra protagonista se verá dañada cuando el trabajo al que se ha dedicado por mucho tiempo afecte no solamente a su cabeza sino a su propio círculo familiar. Y de ahí que la cinta trascienda mucho más allá que la propia naturaleza gráfica de su manufactura. 

Possessor

Fotograma: Trailers subtitulados | YouTube

Porque debemos ser sinceros. Possessor es verdaderamente dura. Aún los acostumbrados al cine gore o exploitation van a apartar la mirada con algunas de sus potentes escenas. Pero a favor de ella y de la justicia, también es necesario advertir que no todo en la película es exactamente visceral. O no todo pretende ser exactamente violento. 

De hecho, más películas gore estrenadas este año, como por ejemplo el slasher polaco de Netflix Nadie duerme en el bosque esta noche, pueden quitarle fácilmente la corona si comparamos los niveles de violencia. Y es que si hablamos de su naturaleza, lo sangriento no es exactamente lo predominante. O lo que de verdad debería importarnos. Eso recae 100% en su rubro psicológico.

De pronto, escenas absorbentes de cómo el personaje de Tasya Vos comienza a introducirse al cuerpo de su próxima víctima, a la vez que experimenta los cambios drásticos en algunos de ellos, como, por ejemplo, el extraño camino de mujer a hombre, es un pase directo a alguna película surrealista del estilo Svankmajer o algo así. 

E incluso, el cómo empieza a realizar su vida acoplándose al nuevo “avatar en turno” es una experiencia de lo más interesante que su propia esencia gráfica. Y es ahí donde entra otro estilo de body horror, ya muy íntimo de Brandon Cronenberg y completamente distinto al de su propio padre. Sentir los cambios físicos como psicológicos, pero a la vez que experimentas las emociones, las sensaciones y las vivencias dependiendo de cada sexo y de cada género.

Algo similar a lo que han hecho otros thrillers psicológicos, como La piel que habito (2011) de Pedro Almodóvar que por cierto también pertenece al subgénero del body horror con esa macabra idea del científico loco que, a manera de castigo, somete al violador de su hija en una extrema operación para transformar su cuerpo masculino en uno femenino y empezar a moldearlo así desde cero en nueva identidad dentro de la propia sociedad.

O, por ejemplo, aquella película de Mick Garris Chocolate (2005) de apenas una hora de duración, perteneciente a la mítica serie de televisión ‘Master of Horrors’ sobre un individuo que, conectado neurológicamente y sin explicación al cuerpo de una mujer a miles de kilómetros de distancia, logra sentir y hasta vivir cada pensamiento o emoción que ella tiene. Incluyendo las relaciones sexuales. 

Estos juegos psicológicos sobre personajes que buscan lidiar con su propia existencia humana, encontrando en los roles de género un obstáculo para cumplir su objetivo en este caso el homicidio por encargo siempre han sido mi fascinación. Y Possessor, con algunas escenas de verdad asombrosas que cumplen a la hora de ver reflejados estos delirios en pantalla, la transforman en una de las mejores películas de su tipo. 

Además de las excelentes actuaciones por parte de Andrea Riseborough como esta implacable asesina a sueldo; Jennifer Jason Leigh del extraño crew de espionaje por cierto, también recurrente en los thrillers psicológicos de David Cronenberg como eXistenZ (1999) e incluso Christopher Abbott en su papel “antagónico”, esta película es perfecta tanto para los amantes del horror como para los seguidores de los thrillers psicológicos de alto impacto. 

Que no los engañen algunas críticas pretenciosas que buscaban ver algo grotesco y nauseabundo del tipo The Fly (1986) pero al no encontrarlo se sintieron verdaderamente estafados. Possessor, más allá del body horror y sus escenas gráficas; más allá del propio apellido Cronenberg… es una película asombrosa como tal. Eso que nadie lo dude.

Sinopsis:

Tasya Vos (Riseborough) es una agente de una organización secreta que utiliza implantes cerebrales para controlar el movimiento corporal de otras personas, obligándolas a cometer asesinatos que benefician a toda clase de peces gordos del mundo corporativo. Un día, durante una misión rutinaria, algo sale mal. La agente Vos se ve atrapada dentro de la mente de uno de los sujetos que trataba de controlar (Abbot), cuyo apetito por la violencia se acaba convirtiendo en su peor aliado, superando incluso el suyo propio.”

 

*Foto de portada: Fotograma: Trailers subtitulados | YouTube

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Héctor Jesús Cristino Lucas
Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com