Lado B
Quiero la escuela en la escuela
Por Martín López Calva @m_lopezcalva
14 de abril, 2021
Comparte

“Las escuelas son ‘lugares, tiempos y formas de hacer que no debieran parecerse a ningún otro lugar, tiempo y forma’ que pueda pensarse. Lugares, tiempos y formas, en continuo movimiento y que, necesariamente, han de ser públicos, múltiples y colectivos”.

Carlos Gutiérrez de Álamo. Entrevista a Carlos Skliar. «Las escuelas son lugares, tiempos y formas que no debieran parecerse a ningún otro». El diario de la educación. 23 de octubre de 2020*

Me da un gusto enorme retomar esta ventana semanal de reflexión y comunicación con los lectores de LADO B después del receso de Semana Santa, así como el reinicio de la actividad educativa formal a partir del lunes pasado.

WhatsApp-01-2.png

Las escuelas de nivel básico y medio superior regresaron esta semana nuevamente —tristemente— a la escuela fuera de la escuela. Millones de niños, niñas y adolescentes volvieron al trabajo incierto, desgastante, cansado y solitario de tratar de aprender a través de pantallas y plataformas digitales; aquellos que no tienen este privilegio, regresaron a la televisión, los libros de texto y las fichas o materiales que logran enviarles sus profesores por medios diversos, dependiendo del contexto y las posibilidades que tengan a su alcance.

En la entrevista de la que tomo el epígrafe y las citas de esta Educación personalizante, el pedagogo argentino Carlos Skliar cita una declaración de un niño que le dice: “Quiero la escuela en la escuela”. Creo que es una frase que sintetiza lo que la mayoría de los niños y niñas, adolescentes y jóvenes, así como la enorme mayoría de los y las docentes, sentimos con cada vez mayor intensidad. Queremos volver a la escuela en la escuela.

Aunque se empieza a hablar cada vez más de la reapertura de las instituciones educativas en nuestro país, y se ha hecho ya de manera parcial y progresiva en otros países, parece ser que esto responde más a la desesperación y a la necesidad de volver a encontrarse con los demás, de volver a la vida como la conocíamos antes de la pandemia, que a la existencia de condiciones reales que garanticen un mínimo de seguridad para la vida y la salud de todos los actores del proceso educativo y, finalmente, la sociedad.

Te sugerimos: Anuncian regreso a clases para educación básica; habrá excepciones para universidades

En varios países (Italia y Canadá, por ejemplo) donde se reabrieron las escuelas y lograron que los niños regresaran a la escuela en la escuela, las instituciones han tenido que volver a cerrar parcial o totalmente debido a rebrotes de los contagios del infausto coronavirus.

En el caso de nuestro país se escucha cada vez más la versión —tal vez deseo o wishful thinking, más que plan funtamentado científica y pedagógicamente— de que el próximo ciclo escolar, que empieza en agosto, iniciará ya presencialmente, si el proceso de vacunación por fin toma el ritmo que se necesita para que la mayoría de la población—pues no creo que sea suficiente con que los docentes estén vacunados— cuente ya con esta defensa que, si bien no elimina por completo la posibilidad de contagiarse o contagiar a otros, sí disminuye esta probabilidad y también hace que la enfermedad tenga menos impacto, que no haya tanto riesgo de hospitalización y de morir.

Independientemente de si ocurre en agosto o después, creo que estamos en el momento en que habría que empezar a pensar en la preparación de las condiciones para el regreso a la escuela en la escuela, como dice este niño sabio que habla con Skliar.

Esta preparación no implica solamente, como parecen estar pensando las autoridades, planear la logística para que la asistencia de los niños sea escalonada y haya menos alumnos por aula simultáneamente, así como la exigencia de cubrebocas, la aplicación de gel antibacterial, el cuidado de la sana distancia entre alumnos y maestros, el escalonamiento de horarios de recreo y de entrada y salida para evitar aglomeraciones, etc.

Porque, si bien todas estas medidas son muy importantes —pues hay incluso muchas escuelas no tienen agua potable de manera constante y tienen que comprarla o no tienen una infraestructura que permita la ventilación adecuada para evitar lo más posible los contagios— son solamente la base material y de ordenación de tiempos y espacios para promover el fin central de las escuelas: el proceso formativo de las nuevas generaciones de ciudadanos.

Es necesario entonces que todos los actores educativos, encabezados por las autoridades, empiecen a planear cuidadosamente y a capacitarse adecuadamente para el nuevo funcionamiento pedagógico que tendrá que tener la escuela en la escuela.

“Skliar establece que hay que hacerse la pregunta de si la escuela debe replicar el tejido social que se desarrolla fuera de ella o si bien ‘hacer escuela significa hacer otros tejidos sociales’. Para él es ‘la gran pregunta’ que obliga a las y los docentes a preguntarse si deben replicar el mundo adulto, marcado por el homo economicus y el sistema neocapitalista”.

La primera pregunta, la más amplia y general que hay que hacerse para plantear la nueva organización escolar en lo pedagógico, es esta que propone el autor de Pedagogías de las diferencias, que es la relativa a si la escuela debe replicar el tejido social externo a ella o si hacer escuela implica más bien construir otros tejidos sociales. Hay que pensar si la escuela debe solamente concretarse a reproducir y a preparar para esta sociedad que mide todo con criterios económicos, o si necesita constituirse desde su normatividad y organización interna como una forma alternativa de organización microsocial, que prepare para la transformación del mundo hacia un modelo más ambiental, y humana y socialmente sostenible y fraterna.

La respuesta parece obvia pero el reto es enorme. La escuela debe construir tejidos sociales distintos a los que predominan en el mundo adulto externo actual, pero para lograrlo habría que transformar de una manera pedagógicamente sustentada y no solamente ideológicamente conceptualizada —la llamada “Nueva escuela mexicana”—, y eso requiere un cambio profundo en el sistema educativo para volverlo un sistema de más alta complejidad; también hace falta un cambio de mentalidad y de compromiso de los docentes que abonen a esta nueva construcción.

“Es necesario hablar de lo ‘extraño y de lo que se extrañó (en este tiempo). Estas son las dos claves, aunque parezcan insuficientes, para reinventar el sistema’”, dice Skliar hablando de las claves para construir una escuela que sea y prepare para un tejido social distinto, porque la escuela en la escuela a la que regresen los niños no puede —no debería— ser la misma que dejaron antes de la pandemia.

Hablar de lo extraño implica hablar del desgaste, del desánimo, del cansancio, de los aprendizajes que no se lograron por la barrera de la computadora, la televisión o la falta de socialización. Hablar de lo extraño implica hablar de la otra pandemia, la de la salud emocional y mental que está afectando en distinta medida a todos: niños, niñas, profesores, profesoras, padres y madres de familia, catedráticos universitarios, estudiantes de universidad o de posgrado, etc.

Preparar el regreso a la escuela en la escuela implica hablar de todos los incidentes críticos del proceso de aprendizaje que se presentaron durante los distintos momentos de este larguísimo año de educación a distancia, para poder reformar los procesos formativos desde su planeación e instrumentación didáctica hasta su evaluación.

La otra clave es hablar de lo que se extrañó durante este tiempo. Eso que se extrañó, que tal vez sea más el contacto humano que la toma de apuntes del pizarrón al cuaderno; que probalmente sea más el diálogo para discutir los temas y aprender unos de otros que la repetición mecánica de definiciones o conceptos; que muy probablemente sea el desarrollo de las llamadas competencias o habilidades blandas y no la formación meramente técnica. Todo esto que se extrañó aportará, sin duda, los elementos esenciales para que la nueva escuela en la escuela sea más acogedora, más flexible, más comunitaria, más humana, más socialmente consciente y comprometida.

Lo que se extrañó como un conjunto de aprendizajes, lo sintetiza magistralmente otra de las niñas entrevistadas por Skliar: “Sí, durante este tiempo aprendí a sumar… y a extrañar”. Ojalá el regreso a la escuela en la escuela parta de estos aprendizajes.

 

*Todas las citas de este artículo son de Carlos Skliar y están tomadas de la misma entrevista que se cita en el epígrafe.

**Foto de portada: Katerina Holmes | Pexels

Comparte
Autor Lado B
Martín López Calva
Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Realizó dos estancias postdoctorales en el Lonergan Institute de Boston College. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, del Consejo Mexicano de Investigación Educativa, de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores y de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación. Trabaja en las líneas de Educación humanista, Educación y valores y Ética profesional. Actualmente es Decano de Artes y Humanidades de la UPAEP, donde coordina el Cuerpo Académico de Ética y Procesos Educativos y participa en el de Profesionalización docente..
Suscripcion