Santorini: la poesía y el tiempo como catalizadores de los vínculos humanos
Ana Jimena Sánchez y Pablo Piceno publicaron Santorini, un ejercicio de correspondencia en donde la isla se convierte en una referencia simbólica de la cohabitación del mundo y de que nada se queda perdido, incluso sus declaraciones de amor
Por Fernando Merino Noriega @FerMerinoN
04 de febrero, 2021
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¿Encontraste elefantes guardando la tierra en su cuerpo? ¿Escuchaste las olas golpear contra un muro? El segundo que captó tu lente entre las piedras negras de Grecia se parece a la eternidad consumada.

Pero, Ana, perdonen los dioses: / yo vendería las playas de Homero / porque la cámara, entonces fija en / las piedras, en cambio / estuviera vuelta hacia ti

La fotografía de una playa recibe al lector. La arena negra, piedras, cáscaras de fruta y la espuma de las olas forman un paisaje melancólico que la poeta Ana Jimena Sánchez capturó, y que luego compartió con su colega Pablo Piceno. La correspondencia que surgió a raíz del suceso se transformó en un libro: Santorini.

La isla griega que da nombre a la obra se caracteriza por el blanco de sus construcciones y el azul profundo del mar Egeo que baña sus playas, lo que maravilla a quienes la visitan en verano. Pero para Jimena este lugar representó la “tristeza materializada” que sentía cuando estuvo en la isla, durante el invierno de 2011, temporada en la que el calor y la vida nocturna —oferta que atrae a millones de personas— están ausentes; en su lugar, la quietud y desolación la acompañaron.

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Tres años después del viaje de Jimena, en 2014, Pablo conoció a la poeta y recibió de sus manos la fotografía de la playa de Santorini; ella también compartió con él la experiencia que vivió en la isla. Pablo confiesa que no pasó mucho tiempo para que empezara a escribirle poemas y sonetos, en donde plasmaba su amor hacia ella.

El tiempo como la respuesta

Foto: Pablo Piceno | Facebook

A pesar de que Pablo escribió sin buscar una réplica, sí recibió una muchos años después. Y, aunque esto no fue intencional, la comunicación anacrónica fue útil para construir una amistad fuerte, pues hasta el día de hoy la conservan. 

Jimena confiesa que su primera lectura de los poemas fue la de una declaración romántica y, en ese momento, no supo cómo corresponder, pues las circunstancias que vivía no le permitieron dar respuesta. Fue hasta que se reencontró con Pablo, en 2020, que pudo darles una nueva lectura; después de eso se dio cuenta de que esos poemas eran la respuesta a esa tristeza y soledad profunda que sentía en Santorini.

sabías que del otro lado / de la playa negra está / la playa roja / del otro lado de mi canto / tú escuchabas

También explica que hacer una lectura profunda de los textos la hizo no encasillar el amor que Pablo sentía por ella como sólo una cuestión de pareja, pues pudo ver los “afectos que se tejen por debajo y que [muchas veces no] se pueden percibir. Sólo el paso del tiempo te permite hacer una lectura distinta, seis años después ya no leo esos poemas pensado: ‘Pablo estaba enamorado de mí’, sino como: ’Pablo me amaba’”, subrayó.

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Además, “este libro recupera la magia que hay en la espera, en dejar que las cosas maduren y que puedan tener otras lecturas; es algo que no hicimos a propósito (…) [De igual manera] mientras más dejas que el tiempo te vaya puliendo, más te vas conociendo y te vuelves más consciente del lenguaje que vas utilizando; [este] se vuelve un espacio en donde nos podemos comprender de alguna manera”, declaró Jimena en entrevista para LADO B.

Y agrega que nada que se lance al aire se queda suspendido, sino que en algún momento recibe una respuesta. Por su parte, Pablo compartió sentirse agradecido por esa correspondencia de Ana que celebra la amistad. 

tantos años / para decirte / –como quien descubre algo: / lo más pequeño– / ningún / amor / está / desaparecido

La edición  y la autopublicación 

Foto: Fernando Merino Noriega

Para ambos poetas, sin embargo, el escribir en momentos distintos significó un ejercicio de edición complicado a la hora de hilar los textos pues, en esos seis años de diferencia entre la escritura de uno y otra, los poemas contienen emociones determinadas por su propia temporalidad; además, no pensaban ser compartidos con el mundo.

Jimena comenta que la dinámica de publicación de un libro es complicada, pero agrega que la distribución lo es todavía más. Por ejemplo, Santorini podría encontrarse en los estantes de distintas librerías pero, debido a los altos costos que piden algunas librerías por exhibir el trabajo de las y los escritores locales —que oscilan entre el 40 y el 60 por ciento del costo final de libro—, decidieron la distribución mano a mano: una apuesta que hacen las y los escritores que se autopublican. 

Este método de distribución tiene mayores ventajas para Ana, pues para ella lo más importante es poder tener contacto con las y los lectores; considera que si la o el autor participa en todo el proceso de elaboración del libro, estar fuera del proceso de distribución resulta extraño. De esta forma también se “amplía el proceso de intercambio que se da a partir de la escritura, algo que me costaría sacrificar”, cuenta, porque cuando entrega los libros sus lectores le comparten sus impresiones de sus obras.

“El libro tiene que volverse algo más accesible y cotidiano (…) la gente que está escribiendo [también debería saber] que hay una gran posibilidad de editarse, publicarse y de compartir [los textos] con más [personas] en la lógica de distribución y tiraje [de acuerdo con las posibilidades de cada poeta y escritor]”, considera Ana. 

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En el caso de Santorini, el trabajo de edición y el diseño estuvieron a cargo de Ana Jimena, a través de su proyecto La Hoja, Poesía Viva, que consiste en la publicación del trabajo de poetas y escritores locales, así como una serie de talleres literarios. La autopublicación es algo que la autora ha hecho con los últimos libros que ha escrito.

Y, a pesar de que Santorini representa esa búsqueda de cobijo ante la tristeza que sentía estando en la isla —después encontrado en los poemas de Pablo—, Jimena acepta que, también, gracias a que el vínculo entre ella y su amigo se transformó a lo largo de esos seis años de separación, ha podido compartir otros momentos, entre ellos el arduo proceso para que el libro se materializara y pudiera llegar hasta las manos de las y los lectores. 

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Santorini  se puede adquirir directamente con ambos autores, mediante un mensaje a su página de Facebook: Ana Jimenez, Pablo Piceno el tiraje constó de 150 ejemplares. La presentación del libro se puede ver aquí.

*Foto de portada: Santorini (libro)

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Fernando Merino Noriega