Lado B
De la escuela eficaz a la escuela solidaria
Por Martín López Calva @m_lopezcalva
24 de noviembre, 2021
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[La escuela solidaria] debe conjugar el “derecho a ser diferente” y “el derecho a ser similar”. Todos los estudiantes tienen el derecho a ser tratados por su singularidad, pero también deben sentirse llamados a compartir el conocimiento. En resumen, la escuela debe construirse para el aprendizaje y no para que cierto aprendizaje resulte imposible debido a su propia organización.

Philip Meirieu. La educación sólo es aceptable si se articula desde la libertad. Entrevista en Vicens Vives Blog. 15 de septiembre de 2020.

En la Educación Personalizante de la semana pasada me dediqué a desarrollar la idea del profesor Philip Meirieu acerca del proceso que debe promover un buen docente, la cual  consiste en llevar al estudiante del creer saber al querer aprender. 

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Las niñas y niños creen que saben y desean saber más sobre su vida y el mundo que les rodea, pero no es verdad; según el investigador y escritor francés, el aprender implica esfuerzo, disciplina, tiempo y algunas frustraciones, elementos que no son placenteros para muchos.

La razón para tomar a este autor como referencia de esa columna fue, como comenté, que el doctor Meirieu impartió el martes pasado, 16 de noviembre, la conferencia inaugural del XVI Congreso Nacional de Investigación Educativa.

Al momento de escribir, ignoraba que precisamente este tema sería  uno de los ejes en  su conferencia de apertura porque, como afirmó, este es uno de los temas en los que trabaja actualmente. 

La reflexión de mi columna partió de su excelente entrevista, por lo que la tomé como epígrafe y ahora la retomo para abrir la columna de hoy. 

Al encontrarnos con esta conferencia que fue realmente rica y estuvo llena de contenido significativo para quienes nos dedicamos a la profesión de la esperanza y su abordaje de cómo debe ser la escuela después de la pandemia, no podemos dejar de compartir  estos elementos  con quienes no tuvieron la oportunidad de escucharla.

La propuesta central de Meirieu fue la de la necesidad de una transición radical del modelo de la escuela eficaz que ha impuesto una  sociedad del mercado global al modelo de la escuela solidaria que necesita con urgencia el mundo. 

Un mundo aún inmerso en la pandemia que ha hecho más visibles las crisis estructurales en las que vive la humanidad durante este  cambio de época y que nos tiene al borde de la autodestrucción por el daño —que parece irreversible— a la naturaleza y la enorme pobreza, desigualdad y exclusión que han sido el sello de nuestra especie en toda la historia, pero que hoy resultan inaceptables.

Ambas destrucciones son gravísimas, pero podrían ser reversibles con la voluntad política de los gobiernos, sobre todo de las grandes potencias. Sin embargo, las evidencias con las que contamos hoy no brindan elementos para ser optimistas. 

La destrucción del ser humano sobre la naturaleza evidenciada por el cambio climático, a juzgar por los pobres resultados de la reciente cumbre climática de la ONU, llamada COP 26 —celebrada en Glasgow, Escocia— parece irreversible no por falta de propuestas viables de solución, sino por la imposición de los intereses de las grandes empresas transnacionales a quienes parece no importarles el futuro de la humanidad, sino sus intereses de aquí y ahora.  

Por otra parte, la destrucción del ser humano sobre él mismo, de las minorías archimillonarias sobre las enormes y excluidas mayorías pobres, también tiene posibilidades de ser resuelta.

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Existen propuestas concretas para gravar las grandes fortunas y herencias y distribuir más equitativamente las ganancias económicas que genera el trabajo de las mayorías, pero que sólo una muy pequeña parte disfruta en exceso —en México, menos del 1 por ciento de la población—; cambiar las estructuras y generar instituciones en los Estados para que proporcionen los mínimos de bienestar a  todos. Sin embargo, como afirmaba Pedro Arrupe S.J. a mediados del siglo pasado: “Hoy es evidente que los hombres podrían hacer que este mundo fuera más justo, pero no quieren.

Estos procesos destructivos y autodestructivos de la humanidad que se retroalimentan mutuamente hacen, hoy más que nunca, urgente la necesidad de un cambio en el  modelo escolar que planteó el profesor Meirieu en su conferencia. El paso de una escuela eficaz, propia del mundo depredador de la naturaleza y expulsor de millones de seres humanos que son descartados por su condición y no viven conforme a su dignidad, a la escuela solidaria que promueva el crecimiento de todos con todos y para todos, resulta un desafío fundamental en el campo educativo hoy. Un reto inaplazable.

La escuela eficaz, dice el autor, forma una élite de infantes altamente eficaces y satisfechos con ellos mismos para una sociedad en la que domina el individualismo social y la competitividad liberal. Es una escuela que prioriza los conocimientos que pueden ser evaluados mediante pruebas estandarizadas y elementos medibles y observables, los conocimientos de las neurociencias y el desarrollo individual. 

Se trata de una institución que tiende a homogeneizar a todas y todos los alumnos, que les evalúa con pruebas cuantitativas individuales y que excluye a las y los inadaptados. Es la escuela del descarte.

Por otro lado, la escuela solidaria es una escuela orientada a construir lo común, en la que se comparten conocimientos y valores que permiten a su vez compartir la vida. Se trata de una escuela en la que se aprende a aprender de las y los otros, y cuya matriz fundamental es la cooperación. En esta escuela y desde ella se construyen instituciones, organizaciones sociales que aportan soluciones a los problemas de desigualdad, pobreza, discriminación y exclusión de la sociedad.

En la escuela solidaria se conjugan el derecho a ser diferente con el derecho a ser similar, es decir, es un lugar en el que todas las y los estudiantes, como dice el epígrafe, tienen el derecho a ser tratados según su singularidad, su propia historia, proyecto de vida, significados y aspiraciones de realización, pero al mismo tiempo se sienten llamados y llamadas a compartir el conocimiento y sus aprendizajes con las y los demás.

Se caracteriza por construirse desde y para el aprendizaje común y no para que la organización bloquee o imposibilite los aprendizajes de aquellos niños, niñas y adolescentes que se consideran inadaptados. En la escuela solidaria se aprende a aprender de los otros y con los otros.

Esta nueva escuela forma sujetos capaces de pensar por sí mismos a través del proceso de salir de las propias certezas y abrirse al camino de la dialéctica de las convicciones y los conocimientos. En este proceso, se promueve que cada persona interiorice las exigencias que implica el paso del creer saber al querer aprender de forma continua y a lo largo de toda la vida, pero aprender para ser con los demás, no para buscar el éxito individual.

Contrario a lo que podría pensarse, no se trata de una escuela en la que no existan reglas o límites. Como afirma Meirieu en la entrevista que tomé para el epígrafe de hoy, hay diversos tipos de reglas.

Algunas son propias de la escuela eficaz y se ubican en el paradigma de la estandarización e imponen su nombre en un modelo que unifique a todos. Pero hay otras reglas, propias de la escuela solidaria, que “son normativas, y son necesarias para llevar a cabo una actividad que hemos emprendido juntos”. 

Este segundo tipo de reglas es el que protege lo común y lo libran de caer en la lógica de “los intereses o caprichos particulares” y, por lo tanto, garantizan seguridad psicológica y física a las personas. Estas reglas “pueden explicarse e incluso, a veces, ajustarse para que sean más efectivas”.

Ojalá que seamos capaces de construir en nuestra patria dividida y hoy sujeta a las exigencias de la escuela eficaz, una transformación estructural y cultural del sistema educativo que nos permita construir nuevas escuelas solidarias en las que sea el bien común —y no la imposición de una u otra ideología o interés de poder— lo que guíe el proceso de formación de las y los ciudadanos del futuro; una escuela que garantice el derecho de ser diferentes pero, al mismo tiempo, procure la realización del derecho a ser iguales.

*Foto de portada: Yan Krukov | Pexels

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Autor Lado B
Martín López Calva
Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Realizó dos estancias postdoctorales en el Lonergan Institute de Boston College. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, del Consejo Mexicano de Investigación Educativa, de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores y de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación. Trabaja en las líneas de Educación humanista, Educación y valores y Ética profesional. Actualmente es Decano de Artes y Humanidades de la UPAEP, donde coordina el Cuerpo Académico de Ética y Procesos Educativos y participa en el de Profesionalización docente..
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