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El síndrome de la “niña buena”, una reflexión con perspectiva de género
Por Lado B @ladobemx
17 de noviembre, 2021
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Xime Zapata 

Cuando entré a la universidad, me percaté de que muchas personas me identificaban por mi forma de ser, no por mi físico, ni por mis resultados académicos o las múltiples actividades extracurriculares que hacía. No, simplemente me identificaban por ser “demasiado buena”. 

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Esto causó mucha intriga en mí, por lo que, dejando de lado el pensamiento dicotómico (ese que dice que una persona no puede ser buena y mala a la vez), decidí meterme a Google y literalmente escribir  “¿qué significa ser demasiado buena?”. 

Lo único que Google arrojó como resultado de mi búsqueda fueron títulos como “El síndrome de la niña buena y cómo superarlo” o  “Test de personalidad: ¿Tienes el síndrome de la chica buena?” Algunos artículos eran de revistas para adolescentes, otros de psicología, pero todos se referían a este “síndrome”. 

Después de unas cuantas horas de investigación, algunas lecturas bastantes serias y muchos “test de la personalidad” descubrí que, en efecto, tengo (o tenía) el síndrome de la niña buena.

Este síndrome, también conocido como “Síndrome de Wendy” (haciendo referencia al personaje femenino de Disney, que está a la sombra del protagónico Peter Pan) se refiere al conjunto de conductas (que se presentan principalmente pero no exclusivamente en mujeres) con las cuales la persona con el “síndrome” se enfoca en complacer a los demás, olvidándose por completo de sí misma. Estas personas suelen eclipsar sus propios deseos o sueños, dándole prioridad a que los demás lleguen a sus metas. 

Cabe recalcar que este “síndrome” no es un trastorno de la personalidad y mucho menos una enfermedad, simplemente recoge muchos aspectos que caracterizan un perfil en el que muchas personas se pueden ver reflejadas. 

Además de ser personas que actúan bajo comportamientos complacientes, las personas que presentan este “síndrome” suelen tener estas otras características: 

  • No dicen lo que sienten porque tienen miedo de incomodar.
  • Sus acciones siempre están enfocadas a complacer a otras. 
  • Le dan prioridad a las necesidades de los demás sobre las necesidades propias. 
  • Predominan los sentimientos de culpa. 
  • Tienen miedo al rechazo, baja autoestima y no sienten merecer cosas buenas. 
  • Prefieren que otras personas tomen decisiones por ellas. 

Al leer todos estos “síntomas” lo único que vino a mi cabeza fue: “¿realmente son características de un tipo de personalidad, o simplemente es la manera patriarcal bajo la cual muchas personas estamos educadas?”. 

Y es que si lo pienso más a fondo, todas esas características en realidad fueron lecciones con las que crecí. Es decir, ¿en realidad tengo miedo a decir lo que pienso por miedo a incomodar, o simplemente me enseñaron que “calladita me veo más bonita”?

Así mismo, ¿será que priorizo las necesidades ajenas y siempre me enfoco en complacer a otras personas, o simplemente me enseñaron que “hay que ayudar al prójimo”?

Y en efecto, tengo sentimientos de culpa, algunas veces no creo merecer cosas buenas, y muchas otras prefiero que alguien más tome decisiones por mí. Sin embargo, no es porque realmente tenga “el síndrome de la niña buena”, es porque nadie nunca me enseñó que debo cumplirme mis propias promesas, por el contrario, me enseñaron que debo tener siempre una actitud de “servicio y bondad” hacía los demás, de no cumplir con esta actitud, asumiría las consecuencias del rechazo social. 

Al reflexionar y desmentir cada una de esas características, intentando romper con ellas, recordé que aquella chica recién ingresada a la universidad que fue señalada por “ser demasiado buena” fue antes una niña a la que se le dio una instrucción muy clara y contundente de ser buena. De esta forma, aquella niña no tuvo opción alguna más que acatar la orden y crecer con eso. 

Es así que puedo concluir que en la mayoría de los casos, el síndrome de la chica buena en realidad es una cosa aprendida cuya solución va mucho más allá de centrarse en trabajar la autoestima. Se trata de realmente desaprender aquellas conductas,  deconstruirse y verlo con otros ojos, otra perspectiva. Es entender que el concepto de “ser buena” es mucho más abstracto de lo que parece, por lo que etiquetas como “la chica buena” o “niñas bien” en realidad no existen, solo son formas de seguir educando y actuando bajo las reglas del patriarcado. 

Y sí, me he metido en problemas por romper con este síndrome, sin embargo, lo seguiré haciendo pues se lo debo a mi niña interior. Además, decir lo que pienso sin miedo alguno, y atenderme a mí misma antes que a los demás, no me convierte en una “niña mala”, simplemente me convierte en mi prioridad. 

 

*Foto de portada: Kyle Gregory DevarasUnsplash

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