Lado B
Fear Street Part 1: 1994, ¡un divertido, sexy y prometedor arranque!
Por Héctor Jesús Cristino Lucas @
09 de julio, 2021
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Robert Lawrence Stine, mejor conocido como R. L. Stine, autor de la famosa serie de libros de horror infantil Goosebumps conocida en Latinoamérica como: Escalofríos posteriormente adaptada a una serie de televisión transmitida por Nickelodeon o Canal 5 figuró para todo millennial crecido entre los 90s de los cuales me incluyo, por supuesto— como uno de los principales responsables en quitarnos el sueño en nuestra infancia. 

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Eran sus monstruos, extraterrestres, muñecos de ventrílocuos poseídos y hombres lobo los protagonistas de nuestras más profundas pesadillas. ¿Cómo olvidar esa épica intro con música de piano llevada de imágenes escalofriantes mientras alguien nos advertía sigilosamente que tuviéramos cuidado porque “estaríamos por llevarnos un susto”? ¿Cómo olvidar a ese maldito perro que se le iluminaban los ojos de verde y te miraba atento desde la pantalla? 

¡Aterrador! ¡Una época de verdadero miedo! Luego de la escuela, encender la tele y mirar un episodio de Escalofríos… era lo máximo. 

No por nada, Stine siempre ha sido considerado por muchos críticos quizá de manera injusta “como el Stephen King infantil”. Un autor bastante creativo, que siempre se le ha reconocido esa particular agilidad a la hora de mezclar suspenso y situaciones de horror lo suficientemente “familiares” lo suficientemente “soportables”, quiero decir para el público predilecto al que casi siempre iban destinadas todas sus obras.

Sin una violencia descomunal y metiéndose de manera quisquillosa en los problemas de cualquier niño o niña en la época del colegio, para servir hasta cierto punto, como una suerte de metáfora del crecimiento. Con todos estos monstruosos y antagonistas; con todos esos finales escabrosos e inesperados, como la representación de los temores infantiles o los obstáculos a la hora de llegar a la adultez. 

No obstante, lo que pocos saben es que R. L. Stine en realidad no es un autor propiamente infantil. No como lo recordamos. O no al menos, como nos lo han querido vender en las últimas dos entregas a manera de homenaje de Goosebumps (2015/2018) protagonizadas por el mismísimo Jack Black. 

De hecho, este escritor tiene una faceta lo más alejada posible al cuento familiar, y más enfocada a la carnicería absoluta, a una auténtica literatura de horror tan puro y tan duro que podría llegar incluso al propio nivel de Stephen King. Y para muestra, su famosa saga literaria Fear Street escrita entre 1989 y 1999 es decir, un poco antes de su franquicia más conocida destinada a un público adolescente y adulto. 

Nada menos que todo un universo literario, transcurrido en la ficticia ciudad de Shadyside donde cosas inexplicables ocurren a cada minuto. Donde cada entrega se tenía que lidiar con fuerzas sobrenaturales o monstruos del inframundo que para nada eran un chiste. Y donde los horribles destinos de sus protagonistas adolescentes casi siempre no eran tan benevolentes como los que solíamos leer o ver en la saga de Goosebumps.

R. L. Stine, para aquellos que poco o nada sabían de él, aclaremos de una vez y para siempre, es otro maestro del horror en términos generales. No solo conquistando a la audiencia infantil, también a los lectores un poco más grandecitos.

Por ello es que la plataforma Netflix, a través de una jugada cuanto menos inesperada para muchos de nosotros que crecimos en los 90s, nos ha querido demostrar con grandes méritos esta premisa a través de su última producción de género: Fear Street Part 1: 1994 de nada menos que Leigh Janiak, la directora detrás de aquella interesante Honeymoon, que vimos en el 2014. 

¡Cagaos un poco, queridos padawans! Así como su nombre lo dice, esta película es apenas la primera parte de una de las tantas historias de esta saga que, de hecho, Netflix adaptó junto a dos secuelas más: Fear Street Part II: 1978 y Fear Street Part III: 1666. Es decir, toda una trilogía completa que se irá estrenando durante este mes de julio para complacencia de los fans del autor.

¿Y saben una cosa? ¡Me dejó sin palabras! ¡Está de puta madre! Lo digo yo, que siempre me he declarado un fanático empedernido de Stine. Una película que no solo promete, sino que cumple. Un auténtico y divertido arranque que se pone en frente como una de las mejores películas de horror de Netflix en los últimos años. 

Y que servirá, sin lugar a dudas, como una suerte de inmersión a otro tipo de horror, mucho más adulto del cual la gran mayoría no parece estar tan familiarizado. O no al menos de manera gráfica y en pantalla. Una nueva cara de R. L. Stine, bastante lejana al Goosebumps tradicional para ganar adeptos, pero ahora de otro tipo de edades.

Fear Street Part I: 1994, por ejemplo, así como lo añade en su título, es una suerte de slasher noventero que te recuerda a grandes clásicos de época, tanto en ambientación -con música de Radiohead, White Zombie, Iron Maiden o Portishead- como en concepto. Un poco del revolucionario Scream (1995) de Wes Craven por un lado -prácticamente la escena inicial es un homenaje directo a ésta última- y otro tanto al tragicómico I Know What You Did Last Summer (1997) de Jim Gillespie por el otro. Pero con la pequeña y divertida peculiaridad de que no se queda solo y únicamente con lo evidente. 

No solo con querer ser un slasher más del montón. No solo con parecerse un poco más a productos ya conocidos dentro de la cultura pop. La película de Leigh Janiak juega lo suficiente con el subgénero sin llegar a lo meloso ni nostálgico para demostrarte que tiene su propia personalidad. Sus reglas y su universo. Pero no para revolucionar las cintas de asesinos enmascarados ni mucho menos, sino para entregarte toda una experiencia al respecto.

Es algo así como lo que intenta Christopher Landon con películas del tipo Happy Death Day (2017) o Freaky (2020). Que en lugar de ofrecerte el tradicional “descuartizamiento adolescente” al estilo Friday the 13th (1980), hace hasta lo imposible para cambiar las reglas y romper clichés ya conocidos.

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Primero: con la interesante inmersión a esta pequeña ciudad llamada Shadyside, para contarnos sus problemas y riñas sociales, presentarnos a algunos de sus interesantes personajes, pero también, para conocer poco a poco sus leyendas locales. 

Y segundo: que la idea del “asesino enmascarado indestructible” existe, pero no precisamente como un antagonista en concreto. El concepto slasher es extendido a través de elementos sobrenaturales que van mucho más allá del cliché barato de un asesino de niñeras en noche de Halloween. 

Pronto, lo que parece ser una historia de psicópatas aterrorizando a la sociedad juvenil que se desvive entre las drogas y el sexo desmedido, se convierte, poco a poco, en toda una historia de brujas… pero también de zombis. O bueno, algo que se le parece a los zombis. 

De hecho, la construcción de todo este universo al que poco a poco iremos conociendo, pero de manera retrospectiva primero en el 94, luego en el 78, hasta llegar al 1666 es incluso muy parecida a lo que suele hacer Stephen King en algunas de sus historias: ofrecer una línea de tiempo ficticia como una suerte de mapa o árbol genealógico de su propio contexto. 

Como por ejemplo en la popular novela de It, donde a través de saltos en el tiempo es capaz de narrarnos cómo el pueblo de Derry parece haber sido acechado durante siglos y tantas generaciones, por una criatura extraña y de origen cósmico.

R. L. Stine hace lo propio con esta peculiar historia, a través de un cúmulo de posibilidades y de horrores, por supuesto que iremos conociendo poco a poco a través de una historia que aparenta ser sencilla, “matanza común y corriente” el clásico “mete-saca con el cuchillito o el hacha para ojos inexpertos, pero que aguarda tranquila a apasionantes secretos que están por revelarse. 

Y en cuanto a construcción de personajes, he de decirles, para infortunio de los críticos intelectualoides, que estoy bastante sorprendido. Si algo caracteriza a los slashers tradicionales es que jamás como una suerte de regla entendida entre líneas se debe construir nada lo suficientemente “profundo” de ellos. Solo son carne de cañón. Sirven para follar y sirven para morir.

Pero en Fear Street Part 1 cada maldito personaje me ha parecido lo suficientemente memorable. Lo suficientemente divertido y muy bien construido, que me hizo amarlos a todos y cada uno de ellos. E incluso… sufrir cuando alguno muere. ¡Venga ya! Tampoco estamos analizando una película de Martin Scorsese, donde el guion es el todo en la historia, pero entiendan cuando les digo que cada uno ofrece lo suficiente para hacer de la película algo ya muy emocionante. Una verdadera carta de amor al subgénero.

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Fotograma de Fear Street Part 1: 1994 (2021) / Foto: Netflix

Y todo esto, como no podía ser de otra forma, gracias a las estupendas actuaciones del joven elenco. Primero por Kiana Madeira y Benjamin Flores Jr. interpretando a los hermanos Deena y Josh Johnson respectivamente, cuya química es bastante fluida y funcionan de maravilla como protagonistas. Ambos, de diferentes edades y convicciones, lidiando con sus desdichas juveniles a su manera, y combatiendo brujas o asesinos de por medio.

Por otro lado, Julia Rehwald y Hechinger como Kate y Simon, los amigotes descontrolados de estos primeros, son sumamente divertidos y simpáticos. ¡Abismalmente memorables! En verdad, hacía tiempo que no me entretenía tanto con personajes de este tipo. Además de que son ellos, los que nos recordarán por momentos a los clichés más básicos pero infaltables del subgénero: adolescentes con hormonas a tope involucrados en drogas, sexo prematrimonial y malas conductas. ¡Oh sí!

Y en cuanto a Olivia Welch como Samantha Fraser, esta suerte de “romance frustrado o prohibido” con la protagonista, es una suerte de crítica a la homofobia de los años 90s o prácticamente a la homofobia atemporal de cualquier época. Y que, si bien muchos podrán abalanzarse diciendo que no es más que “inclusión forzada”, la verdad es que todos estos temas siempre han estado ahí en las películas de horror. No hay nada nuevo bajo el sol. Le van de maravilla. Sobre todo, si el tratamiento es justificado y te lleva de la mano con la experiencia.

Fear Street Part 1: 1994 es una excelente película de terror. No hay que darle muchas vueltas: entretenida, emocionante y desquiciadamente sarcástica. Los efectos especiales, sobre todo cuando hay que mostrar gore y asesinatos son una puta pasada. Mega ingeniosos, mega lunáticos y viscerales a un nivel que se aleja -casi de forma insospechada- al R. L. Stine que se tiene en la mente. ¡Olvídate de Goosebumps! 

Leigh Janiak ha sabido capturar esa otra cara del autor. Esa otra maldita y degenerada cara del autor quiero decir. Te la muestra sin miramientos. Te la zambulle en tu boca y te grita: ¡esto apenas está comenzando! ¡Maldita sea, queridos padawans

¡Esto es Fear Street Part 1: 1994… un divertido -sexy a su manera- y prometedor arranque! Espero con ansias las siguientes entregas.  

 

Sinopsis:

“En 1994, un grupo de adolescentes descubre que los sucesos que aterrorizan su ciudad desde hace generaciones podrían estar conectados. Además, puede que ahora les toque a ellos protagonizar la pesadilla. Primera parte de la trilogía basada en las famosas novelas de miedo de R. L. Stine.”

 

*Foto de portada: Fotograma de Fear Street Part 1: 1994 / Foto: Netflix

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Autor Lado B
Héctor Jesús Cristino Lucas
Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com
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