Lado B
Bliss (2021), el eterno subidón de esta matrix sin recuerdos
Por Héctor Jesús Cristino Lucas @
18 de marzo, 2021
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Si hay algo que el cine de Hollywood nos ha dejado en claro —además de que es más fácil enseñar a perforadores de petróleo a ser astronautas, que astronautas a ser perforadores de petróleo— es que jamás debes confiar en su engañosa versión del romance, porque tarde o temprano… pues… te puedes cagar. 

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Entendamos entonces, de una vez y para siempre para infortunio de los ilusos poco exigentes, que no solo hay diarios de pasión. No solo hay barcos hundidos y promesas ahogadas. No solo hay diez cosas que odiar de alguien. A veces, se necesita de una fórmula inesperada para al fin desenmascarar la farsa que tanto nos han vendido.

Charlie Kaufman, por ejemplo, usa su ingenio tanto en guion como en dirección para demostrárnoslo una y otra vez, mediante un género tan “ajeno” —para algunos—, como es la ciencia ficción misma. Porque nadie dijo que el romance era impropio a lo fantástico. O que lo fantástico, a su manera, no sea lo suficientemente romántico. 

Es por eso que Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004) nos hacía partícipes de un drama casi cyberpunk sobre una pareja decidida a borrarse el uno al otro, literalmente, cuando el romance se había acabado a través del uso de una futurista tecnología al puro estilo de Total Recall (1990). Solo que sin el gore y la famosa escena de los tres pechos, claro. 

Mientras que el británico Richard Curtis, siguiendo la lógica del género sci-fi como una puerta directa a las verdades ocultas del amor y el romance como especie, hizo lo propio a través de About Time (2013) y estos inesperados saltos en el tiempo que emprende un solitario empedernido en busca “de la relación perfecta”. Saltos en el tiempo al puro estilo de Terminator (1984), solo que sin máquinas asesinas y futuros malogrados.  

¡Cómo adoro las películas de ciencia ficción empecinadas en demostrarte otra cara del romance! ¡Cómo adoro dejarme llevar por las locuras de estos guionistas depresivos que nos dicen a todas luces, que el romance no es como lo pinta Hollywood!  A veces de manera tan existencialista, que te corrompe hasta los sueños. 

Otro que se ha ganado este fabuloso apelativo, quizá no tan conocido como los anteriores, pero con tremenda eficacia no es mas que el cineasta y guionista estadounidense Mike Cahill. Que ha intentado, desde los comienzos de su carrera, meterse con nuestra percepción y moldearla a su modo. A través de interesantes propuestas, aunque sumamente incomprendidas algunas, para removernos lo que la macro industria tanto se esforzó por poner ahí.

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Lo hizo en 2011 con su potentísima ópera prima Another Earth, ese drama destructivo de manufactura coral sobre personajes aparentemente sin conexión alguna, pero con aficiones, sueños y propósitos, que pronto serán llevados a “un destino particular” cuando un planeta exactamente igual al nuestro sea localizado de la nada para cambiar la vida de todos nosotros. 

Bliss (2021)

Fotograma de Bliss (2021) / Foto: Amazon Prime Video

Una fabulosa forma de romantizar la existencia y nuestro paso por este mundo, no solo en la vereda clásica de un individuo con otro sino de la humanidad misma y su propósito cuando el universo nos cuestiona el entendimiento lógico. Cuando nos repite y nos comprueba, que efectivamente, no estamos solos… porque nos tenemos a nosotros, múltiples veces repetidos, en infinitas realidades, en incontables planetas, en billones de sistemas. 

¿O qué me dicen de su aún más infravalorada, pero para mí, sumamente conseguida I Origins que incluso ganó a Mejor Película en el Festival de Sitges 2014? Sobre la tesis —como mencionan algunos maliciosamente— de que la mirada es auténticamente la puerta del alma. Sobre el descubrimiento de un biólogo molecular que estudia la evolución del ojo humano, por un lado, para contarnos una historia más extensa, espiritual o hasta romántica, cuando encuentre a una joven cuyo iris es multicolor y que no solo cambiará el rumbo de su investigación; también el curso de sus sentimientos y la humanidad misma. 

¡Pues bien! Mike Cahill, luego de algunos proyectos por encargo que tuvo desde entonces —aunque sin volver a las viejas andadas, como contador de historias románticas de corte fantástico— regresa, desde esa última y personal obra que significó I Originis, para presentarnos Bliss

Una película fuera de lo común que, como sus dos cintas anteriores, ha dejado diversas reacciones entre la crítica y el público general puesto que nadie se ha puesto de acuerdo en cómo calificar esta jodida película. Si de “una magnífica obra incomprendida” según algunos, o “una auténtica mafufada sin pies ni cabeza” según otros. 

La única verdad, sin hacer mucho caso a alguna de estas extremas posturas, es que yo me he quedado completamente enamorado con ella. Y ya está. Lo he dicho. Bliss es justo lo que se necesita una fría y solitaria mañana de domingo luego de un sábado destructivo que te haga recordar los malos amores.

Producida por Amazon Prime y con las inesperadas actuaciones de Owen Wilson junto a nuestra paisana Salma Hayek, la última película de Mike Cahill es un auténtico vistazo a una de las premisas más clásicas y recurrentes de la ciencia ficción, además de una de nuestras grandes dudas existenciales por excelencia: el cuestionar si hay otras realidades además de la nuestra… o si vivimos en una simulación

No obstante, que esto no te aliente a abandonar el viaje porque hay mucho de sobra en cuanto a su premisa, lo que parece aguardarnos a la esquina, va mucho más allá de nuestro imaginario colectivo. La manufactura de esta película, me ha parecido tan simpática y conmovedora en su rubro romántico, como ingeniosa y hasta sarcástica en el aspecto sci-fi.   

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Fotograma de Bliss (2021) / Foto: Amazon Prime Video

Lo que parece ser la historia de un simple oficinista cualquiera, de nombre Greg, afectado por su reciente divorcio —al margen de una constante medicación—, cuyos dibujos de sueños que no entiende son su único escape, y que pronto se convertirán en un dilema existencialista, con claras alusiones al mito de la Caverna de Platón, cuando conozca a una misteriosa mujer, de nombre Isabel que le hará cuestionar el mundo que le rodea. 

Llevándolo, primero, a controlar la simulación. A encontrar los famosos “bugs” o “errores” de esta realidad para manejarla y desprenderse de su lógica. Pero después, despertándolo a la vida real para demostrarle cuán distinto es el mundo a la simulación a la que él ya estaba bastante acostumbrado. Mientras somos arrastrados, en la misma ignorancia del protagonista, a un futuro desconocido donde poco o nada entendemos, pero cuyas incógnitas de su funcionamiento resultan más interesantes todavía cuando indagamos en las respuestas. 

Que no te dejen engañar estos elementos. No es un debraye cuántico lleno de mensajes encriptados científicamente correctos como lo haría Shane Carruth con Primer (2004) o algo así. Es una historia romántica. Una auténtica historia romántica quiero decir. Porque esta mujer, que parece estar consciente de que nada en esta vida oscura, mezquina y desalentadora es real, termina volviéndose para Greg, en su “propio escape romántico a un mundo mejor”.  Es el perfecto equilibrio de ambos géneros que se sostienen a su modo por que los dos saben funcionar y sobrevivir. 

Algunos la describen como una suerte de The Matrix (1999), por el asunto de descubrir que nuestro mundo es una simulación, pero combinada con Total Recall (1990) por la incertidumbre de no saber qué es falso o qué es real, solo que con una pisca de amor desentrañado de la obra maestra de Kauffman Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004). 

Lo cierto es que la premisa nos lleva por diversos temas y connotaciones; contextos e interpretaciones, que la deslindan fácilmente de la cultura pop para hacerse de sus propias reglas. De su propio estilo y de su propio universo. Sin parecerse lo suficiente a ninguna de estas posibles referencias.  

Porque Bliss simplemente es una cinta del propio Mike Cahill. No hay que darle muchas vueltas; es única a su manera. Comparte el mismo lazo sanguíneo que con Another Earth (2011) y I Origins (2014). El cuestionamiento de nuestra existencia humana, y una historia de dos enamorados en medio de “un dilema cuántico de ciencia ficción” que se hará cada vez más interesante descifrar.  

Lo que por supuesto, lleva a innumerables debates de lo que realmente está contando su director.  

Mientras unos le atribuyen el apelativo sci-fi por los evidentes temas que maneja, otros, más detallistas y observadores —que no son muchos, claro— se inclinan a ver esta película como una apuesta psicológica. Como un escenario directo a una mente inestable que escapa de su nefasta realidad, pero con un ingrediente constante en la película que es la clave para poder entenderla: los estupefacientes. Ese popular método de “teletransportación” de una realidad a otra.

Cuando se inclinan a ver a Bliss como una copia descafeinada de The Matrix (1999) por el tema de las píldoras que son capaces de “despertarte”, la película pierde mérito, es cierto. Pero si de pronto entendemos que este escenario futurista y todos estos recursos alejados de la realidad no son más que una fantasía prefabricada por un adicto a las drogas, la película gana y sube de nivel. 

En una constante lucha de temáticas y misterios, donde cada interpretación tiene un cimiento que te convence deliberadamente a creerlo. Y eso es una prueba latente de que el propio Cahill se pensó muy bien los elementos de la historia. Una historia que funciona, he de decir, y que no pretende responder a todas las preguntas para que más temprano que tarde puedas identificarte con alguno de sus personajes.   

Y hablando de ellos, tanto Owen Wilson como Salma Hayek, quienes interpretan a Greg e Isabel respectivamente —esta pareja atrapada en realidades simuladas— consiguen darnos una interpretación con química y solvencia de lo más interesante. Y es que verlos en un género que no es muy recurrente en sus carreras, mientras nos introducen temas fuera de lo común…  es algo que me ha parecido tan curioso como entretenido. 

Pretenden que saborees un romance creíble y profundo con ellos, pero no con un beso y una cita como comenzaría cualquier película del género. Sino con un homicidio —de entrada, al espectador— que nos permita vislumbrar cuán horrible es este mundo, hasta que encuentras a la persona indicada. Esa incondicional. La que te ayudará a ocultar las huellas del crimen. Esa que representa el amor verdadero. 

De aquí, un viaje surrealista a un mundo mejor; un mundo de ensueño; fuera de la simulación; que tanto puede ser traducido como “la utopía de la sociedad perfecta” —¡al fin conseguida después de tantos años!— como también, a “un escape” placentero a través del mundo de las drogas. 

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Fotograma de Bliss (2021) / Foto: Amazon Prime Video

Cualquiera que sea su auténtico significado, la felicidad o “la dicha” de la existencia —que la cinta tanto se regodea en mostrar—, al menos en esta interesante película, queda varada en una sola decisión: ¿regresas al mundo real —que hasta hace un momento no recordabas y era desconocido para ti— o pretendes seguir en la tortuosa simulación, porque allí habita tu única razón de existir? Una razón que todos repiten “es falsa”, pero que en el fondo sabes que algo hay de verdad en ella. 

Y como un auténtico clímax sacado al puro estilo de Romeo y Julieta, los destinos de cada uno se verán fragmentados por la rotunda decisión que estos toman. Vista aquí como “matrix y realidad”, pero siendo a su vez, una metáfora sobre la vida y la muerte, quizá. Sobre la drogadicción y la rehabilitación. O el cielo y el infierno.

Ya nos lo dijo el mismísimo Slavoj Žižek en su épico cameo con su aún más épico diálogo: ¿y si el infierno es el auténtico paraíso, pero cada que los justos se asoman a ver la prisión de los injustos, ellos fingen tortura y desgracia para evitar que se enteren que realmente están gozando en el Valhalla? ¿Y si la dicha del hombre no es tan universal como para encasillarlo en una utopía extremista? ¿Y si la dicha es el placer de existir, en nuestro propio infierno personal y no tanto en un paraíso ficcional?

Bliss nos alienta a escoger. Nos invita a decidir. A encontrar la respuesta a través del romántico y acomplejado protagonista como un claro reflejo de nuestra especie. Con miedos devastadores, romances repentinos y drogas de las buenas.  ¡El eterno subidón de esta matrix sin recuerdos!

Sinopsis:

“Greg Wittle (Owen Wilson) es un oficinista recién divorciado, con problemas de medicamentos y abstraído en sus dibujos. Cuando es despedido y mata a su jefe por accidente, conoce a Isabel Clemens (Salma Hayek), una mujer que aparecía en sus pensamientos y que le dice que vive en una simulación.”

 

Foto de portada: Fotograma de Bliss (2021) / Foto: Amazon Prime Video

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Autor Lado B
Héctor Jesús Cristino Lucas
Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com
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