Lado B
“Estamos a nada de que la gente se muera en la calle
Trabajadores de la salud comparten sus experiencias de las últimas semanas: falta de medicamentos, de camas, de equipo; más contagios y más muertes. El peor escenario de la pandemia hasta ahora
Por Aranzazú Ayala Martínez @aranhera
12 de enero, 2021
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“Estamos a días de colapsar. Estamos a días de estar como en Ecuador el año pasado, con la gente muriéndose en la calle”, comparte M., médico especialista del Issstep, encargado de la atención en Urgencias, al respecto de la pandemia por COVID-19 en el estado, que en este momento, a su parecer, está peor que nunca.

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Y es que hoy, 12 de enero, Puebla despertó con más del 75 por ciento de la ocupación hospitalaria. En algunos hospitales más grandes, como en La Margarita, no hay espacio desde hace días, y el Issstep está a nada de rebasar su cupo.

Hasta ahora, este es el escenario más catastrófico por la falta de lugar en hospitales y el aumento de personas enfermas de gravedad. Al día 12 de enero, hay mil 155 pacientes hospitalizados; de estos, 185 requieren ventilación asistida. Así, al corte del mismo día, se registran mil 540 casos activos entre hospitalizados y ambulatorios.

Por otra parte, las cifras de fallecimientos son similares a las registradas en julio de 2020, cuando hubo un promedio de 33 muertes diarias, pero hoy van en aumento: apenas el sábado 9 de enero 43 personas perdieron la vida a causa del COVID-19.

A., paramédico, dice que cada vez es más tardado el ingreso a un hospital, porque hay muchos pacientes graves. “La semana pasada en La Margarita estuve cuatro horas esperando a que me dieran camilla, en ese tiempo fallecieron siete personas”.

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En el hospital General de Cholula –reconvertido desde inicios de la pandemia– los pacientes se mueren en la camilla, sin siquiera poder ingresar al hospital.

A. cuenta que, la semana pasada, en el IMSS hubieron 83 pacientes graves en fila durante un solo día para poder ingresar, tan sólo en un lapso de ocho horas, lo que significa que se internaron diez personas por hora. Y aclara que quien llega a un centro de salud es porque tiene ya dificultad para respirar, y necesitará oxígeno o, en el peor de los casos, una intubación.

También los servicios de traslados de ambulancias están siendo rebasados; por ejemplo, en las ambulancias disponibles de la Secretaría de Salud (SSA) hay una lista de espera de entre cuatro y cinco horas, por la gran cantidad de llamadas que están recibiendo.

“Si presentaran cifras reales o realmente lo que está pasando en los hospitales, la gente no saldría”, dice A. El paramédico explica que la gente no conoce la gravedad de lo que realmente está pasando: cada día hay más casos, hay menos medicamentos, menos personal médico, y los contagios no paran. Él cree que no están dimensionando la tragedia que estamos viviendo.

Poco personal, largas jornadas

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Foto: LADO B

“Estamos cansados, estamos por reventar. Hubo un tiempo en diciembre donde [yo] hacía uno o dos traslados en la semana, ahorita estoy haciendo entre tres y cuatro en un día”, cuenta el paramédico.

Este mismo sentir expresan D., enfermera del Hospital General del Sur, y A., enfermera en La Margarita. Todo el personal médico está agotado.

D., quien trabaja en un hospital –que en teoría no está acondicionado para atender sólo a pacientes COVID–, cuenta que el área de Urgencias está llena desde, al menos, el 30 de diciembre con pacientes contagiados del nuevo coronavirus. “Si en meses pasados no fue tan terrible, la historia está cambiando. Y a esto le agregamos que somos menos: por los que huyeron, por los que se resguardaron verdaderamente y los que están de incapacidad. Ya no somos suficientes”.

Lo mismo ocurre en el Issstep, en La Margarita, en el hospital de Traumatología y Ortopedia, y en el General del Norte: hay cada vez menos personal médico; y las jornadas son largas, a veces dobles, sin descanso. Además, quienes laboran en la Secretaría de Salud (SSA) no están recibiendo el bono COVID que da el gobierno federal. Ahora tienen más trabajo, más riesgo y menos prestaciones, muchos incluso tienen vacaciones pendientes.

“En ocasiones es tanto el trabajo que no hay oportunidad de que los compañeros puedan salir a tomar alimentos, es una situación muy triste”, dice D.

El colapso inminente

Al cansancio del personal y las extenuantes jornadas laborales se le suma la falta de medicamentos; por ejemplo, hay un desabasto de aquellos que se utilizan para intubar a las personas enfermas. El doctor M. explica que lo que se necesita para intubar a alguien es una sedación plena, para que el cuerpo no gaste energía, y para que el pulmón descanse y no luche contra el ventilador, porque si esto ocurre se entorpece la evolución del paciente.

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La falta de medicinas también está afectando a pacientes en el Hospital General del Norte. N., especialista de dicho centro de salud, dice que ya no hay bombas de infusión para administrar los medicamentos. Asimismo, señala que hay muchísimos pacientes que no pueden irse porque necesitan oxígeno para sobrevivir, y también ya hay un desabasto de este en Puebla. 

“No los podemos mandar a sus casas, porque sin oxígeno se mueren como pescaditos”, comenta el especialista.

Otro de los problemas que hay es que son tantos ventiladores conectados que ya no dan la potencia correcta, y eso impide que el paciente evolucione bien. Esta es una frustración para el personal de salud: no poder trabajar bien, no poder darle la atención necesaria a las personas enfermas.

Desde finales de diciembre el personal médico ya anunciaba lo que se avecinaba. A., enfermera del IMSS, dice considera que la mayor emergencia de la pandemia será durante los primeros meses de 2021 (enero-febrero), y en eso coincide también M., quien pronostica que a finales de este mes será el peor pico, a punto de reventar todos los hospitales.

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En La Margarita, en el anexo COVID, cada especialista está atendiendo cerca de 40 pacientes por turno, y la saturación es tanta que muchas veces están ya siendo tratados en el suelo, porque ni siquiera hay camillas.

“Estamos a nada de que la gente se muera en la calle”, repite el especialista.

D. pide reiterar el llamado a la ciudadanía, a seguirnos cuidando y, sobre todo, evitar el contacto social.

La mayor impotencia, dice M., es ver cómo la gente sufre. Las personas enfermas de COVID-19 que están internadas y fallecen, no pueden tener una muerte digna, ni una despedida. Y esa es la impotencia que queda en esta pandemia.

*Nota aclaratoria: a petición de las personas entrevistadas, sus nombres fueron omitidos.

**Foto de portada: LADO B

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Autor Lado B
Aranzazú Ayala Martínez
Periodista en constante formación. Reportera de día, raver de noche. Segundo lugar en categoría Crónica. Premio Cuauhtémoc Moctezuma al Periodismo Puebla 2014. Tercer lugar en el concurso “Género y Justicia” de SCJN, ONU Mujeres y Periodistas de a Pie. Octubre 2014. Segundo lugar Premio Rostros de la Discriminación categoría multimedia 2017. Premio Gabo 2019 por “México, el país de las 2 mil fosas”, con Quinto Elemento Lab. Becaria ICFJ programa de entrenamiento digital 2019. Colaboradora de “A dónde van los desaparecidos”
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