Lado B
Un recorrido por el arte de la cocina mexicana a través de Google
En el apartado Sabores de México, del sitio web Google Arts & Culture, podrás encontrar exposiciones virtuales de arte alusivas a la gastronomía poblana
Por Gene Cruz @
05 de octubre, 2021
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Una bebida de aspecto lechoso, visible por el traslúcido vaso de vidrio acanalado que lo contiene, yace inmóvil encima de una mesa, en medio de una dinámica escena. A su alrededor, seis hombres y una mujer vestida de China, con “blusa corta y blanca, enagua (…) encarnada con bordados, aretes [y] gargantilla”, se muestran exaltados mientras se miran entre sí o dirigen la vista a hojas sueltas de periódicos decimonónicos, en tanto, sobre la misma superficie, se observa otro vaso y un plato —probablemente de talavera— con cuatro o más picaditas cubiertas de salsa roja.

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Se trata de la pintura costumbrista Tertulia de pulquería realizada por José Agustín Arrieta, artista tlaxcalteca del siglo XIX que retrató la vida social de Puebla y cuyas obras se encuentran en la sección interactiva Sabores de México, del sitio Google Arts & Culture.

Este sitio, desde septiembre de 2021 —en el marco de las celebraciones patrias mexicanas—, busca enaltecer el valor del patrimonio gastronómico nacional, y hacerlo accesible a través de un clic, mediante reportajes, galerías fotográficas (con acercamientos incluidos) de piezas de cerámica, pinturas, esculturas o platillos, y múltiples cápsulas en video sobre las personas que coadyuvan a que todas las recetas lleguen a la mesa.

Estas herramientas de Google nos permiten reflexionar sobre el estrecho vínculo que, al menos en México, hilvana al arte y la comida. No sólo la preparación de los alimentos que integran nuestra cultura e identidad es un arte, sino que tanto sus ingredientes, como sus historias y sabores han demostrado inspirar a otras manifestaciones artísticas y transmitir con ellas mensajes e imaginarios particulares de un tiempo. 

Así, uno de los propósitos del ambicioso proyecto interactivo es que, al cabo de una atenta visita virtual, las obras y recursos vistos hayan sido tan suculentos como una buena orden de picaditas.

Demos entonces un recorrido por el sitio y sus exposiciones para redescubrir los rincones de Puebla que, para algunos, ya son familiares.

La pulquería

En Tertulia de pulquería podemos acercarnos con detalle al lienzo de 1851, orientando la mirada a puntos precisos en alta resolución, que vienen acompañados por breves notas informativas, en donde aparecen datos interesantes sobre lo que se ve en la obra.

Los acercamientos a la imagen dan fe de la capacidad del artífice para, con minuciosidad, colocar elementos culinarios que aluden a espacios de la vida popular cotidiana, como es el caso de las pulquerías o fondas. Se ven vasos con pulque (uno de ellos curado) y un plato de picaditas, gracias a los cuales se pueden distinguir estos lugares de encuentro en la realidad citadina, donde el estrecho vínculo de las clases (trabajadora y baja) “constituían el alma de las calles poblanas”.

Las alacenas

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Cuadro de comedor. José Agustín Arrieta. / Foto: Google Art & Culture

Por otra parte, en La mesa: pincelada a pincelada (dentro del apartado que se titula Personas), podemos ver otras piezas del pintor ya citado

A diferencia de la escena de la pulquería, esta sección ofrece un contraste de los característicos cuadros de comedor de Arrieta. Fijar las pupilas en cada uno de los integrantes de este repertorio es simplemente un deleite, puesto que la maestría del artista con el pincel, le hizo posible reproducir texturas tan disímiles como la del mimbre, el barro, o el metal. Este género pictórico se conoce por el nombre de alacena.

Las alacenas se componen, según Bernardo Olivares Iriarte —uno de los discípulos de Arrieta— por piezas de cristal, porcelana o bronce, frutas, flores, verduras, peces y aves, (entre otros), que reunidos forman conjuntos que, en ocasiones refieren a una estación o tema particulares. 

Así, en un lienzo, alrededor de un elemento central más alto que el resto, se acomodan por igual animales vivos o muertos, y alimentos como frutas picadas o enteras, que interactúan con utensilios de cocina y vajilla de diversos materiales.  

Estos cuadros solían incorporarse a otro o una serie con un total de cuatro obras, que adornaban los comedores de las casas poblanas o de la ciudad capitalina. 

De hacer clic en las imágenes, seremos redirigidos a una página que enseña la totalidad de las obras junto a sus respectivas fichas técnicas.

La talavera centenaria

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Lebrillo./ Foto: desconocido

Ahora podemos proseguir el camino con La loza y la porcelana en las cocinas mexicanas, compuesta de fotografías de artículos de cocina logrados en talavera que incluyen desde una jarra y un bote para té, hasta lebrillos (vasijas principalmente destinadas a lavar ropa o a realizar baños de pies) y un barril, cuyas facturas se remontan a los siglos XVII, XVIII y XIX. 

Cada pieza se diferencia de las demás por su diseño, yendo de la saturación del espacio blanco de la loza con escenas y motivos monocromos, a la mezcla de los colores naranja, verde, negro, amarillo, azul gordo y azul fino, según la investigadora Luz de Lourdes Velázquez Thierry

Todos ellos tienen un aspecto opaco antes de secarse y de cocerse sobre las piezas que, a estas alturas del proceso, ya han atravesado el horno en una ocasión.

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El recorrido de la página electrónica ameniza las vistas describiendo con qué herramientas se equipaba habitualmente una cocina novohispana, así como subrayando el origen de esta producción en la Ciudad de los Ángeles y el impacto que tuvo en ella el Galeón de Manila, una ruta comercial que, de 1565 a 1815, enlazó nuestro continente con el europeo y el asiático, descargando en el muelle de Acapulco, té, especias (canela, pimienta y clavo), juguetes, biombos, jade, sedas, lacados japoneses y marfil, entre otros bienes. 

La Puebla miniatura

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Elaboración de dulces./ Foto: Museo del Estanquillo Colecciones Carlos Monsiváis

Cada obra de cerámica hecha de talavera, originalmente concebida para fines prácticos en espacios privados o públicos, como los comercios tradicionales de Puebla, son reproducidas en las más de cien maquetas Teresa Nava Pérez. 

Los modelos a escala de la artista poblana, que alimentan la exposición de Google Arts & Culture, son visibles si retornamos al menú principal y elegimos La historia, para ubicar en esta sección el título Escenas cotidianas en miniatura.

En esta página, nos recibe el rostro sonriente de la artífice en una fotografía de 1997. Luego vemos una abastecida recaudería, con su multiplicidad de frutas (algunas ya cortadas para encantar al cliente), verduras, cestas de mimbre, un empleado, clientes y un minino que retoza bajo la mirada de la Virgen, que desde una esquina, vela por el bienestar del establecimiento Casa Nachita

También surgen entre las imágenes una colorida pulquería y una pulcra tienda de abarrotes, como las pocas que hasta nuestros días sobreviven en las calles céntricas de la capital poblana, surtiendo de semillas, escobas, latas, productos lácteos, soga, entre otros insumos a sus compradores. 

Asimismo, en el recuento no faltan ni las cocinas ataviadas de ollas y cazuelas de barro —que cubren las paredes, mientras las monjas preparan variedad de alimentos—, ni El Lirio de Puebla, un puesto de dulces típicos que, si bien cambió su sede en 2013, conserva su icónico espejo francés del siglo XVII, que fue miniaturizado por Nava, dejándolo predominar en el espacio de la maqueta que ofrece camotes, merengues, polvorones de nuez y molletes, entre otras azucaradas creaciones. 

Los sabores de ahora

Ahora, nos redirigimos a la página principal, localizamos la sección Colecciones al fondo de la misma y elegimos Arte y comida: dos placeres mexicanos dentro de nuestra colección. ¡Disfruta tu comida para los ojos! con la que cerraremos nuestro recorrido.

De inicio a fin, esta exhibición luce obras de diferentes artistas de la Colección de Arte Udlap, teniendo como objetivo vincular de forma palpable la gastronomía a las artes plásticas. La primera, Bodegón mexicano, evoca los cuadros de comedor de Arrieta con que comenzamos el recorrido, aunque esta y otras tres linoleografías de 2017 pertenecen al escultor y grabador de Izúcar de Matamoros, Joel Rendón, que con su trabajo actualiza un género pictórico, por medio de la gráfica. 

En ese mismo sentido nos acercamos al Neomexicanismo de la mano de Antonio Álvarez Morán, quien —con la luminosa pincelada corta que lo identifica— dinamiza escenas cotidianas sobre el lienzo y se apropia, mediante la pieza de talavera Tres generaciones, de productos que han marcado el día a día de la sociedad mexicana: “el refresco de uva, las barras de chocolate para cocoa caliente y el chile picado enlatado”, transformando así el vínculo que la centenaria tradición resguarda con los bienes comestibles, pues aquí la loza poblana no porta los alimentos, los simboliza.

Las mujeres artistas también comparecen en esta última galería. Mientras Maris Bustamante extiende el uso de la talavera (Sin título), jugando con la morfología del chile para sexualizar el fruto en un doble sentido; Elena Climent replantea el bodegón utilizado por Arrieta con una soda de marca Jarritos, una bebida tan arraigada en la cultura nacional, que hace de su acuarela Ventana con refresco en Tizapán, tal y como lo apunta la curaduría, una ilustración de “cualquier casa de barrio mexicano”. 

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Sin título./ Foto: Maris Bustamante

Por su parte, la pintora de caballete originaria de Monterrey, María Sada, nos entrega, en cambio, una litografía de Membrillos; al tiempo que —entre varias piezas más—, la de Ismael Vargas con las técnicas de aguatinta y aguafuerte satura el espacio de frutos en blanco y negro y a color, en la obra titulada Una mexicana que frutas vendía.

La pluralidad de obras artísticas inspiradas en la gastronomía mexicana, es tan amplia como las recetas que convierten a esta en Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Sea invitándonos a degustar con los ojos un platillo hecho a base de óleos, o enorgulleciéndonos de la riqueza natural con que nuestro país estimula la creatividad culinaria, el equipo de Google Arts & Culture sabe que Puebla y su historia tienen mucho por ofrecer. Por eso, el o la visitante puede saborearlos hasta el cansancio, o hasta que el servicio de navegación se caiga.

*Foto de portada: Recaudería | Museo del Estanquillo Colecciones Carlos Monsiváis

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