Lado B
El PAN y la ultraderecha: un México discriminador
Por Juan Manuel Mecinas @jmmecinas
06 de septiembre, 2021
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No es extraño que la mayoría de senadores de la bancada del PAN coincidan con un partido de extrema derecha. Tampoco es extraño que muchos panistas hayan callado y sigan callando ante la reunión entre senadores de Acción Nacional y el líder del partido más xenófobo, racista, machista, y antiinmigrante de España, llamado Vox; en otras palabras, un partido fascista encanta a los senadores de Acción Nacional y estos se rinden ante las recetas rancias de un político repudiado en toda Europa, con quien Merkel o Macron (dos figuras siempre idealizadas por el PAN) no se sentarían a tomar una cerveza o un champán.

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Pero los senadores del PAN sí se sentaron, se fotografiaron y hasta presumieron que coincidían en libertades con Abascal, el líder de Vox, quien criminaliza a los inmigrantes, ofende a las mujeres, odia a sus adversarios de izquierda y roza con el fascismo y el franquismo.

Una vez más, el PAN se muestra como un partido extraviado. Este es el mismo PAN desde 1994, cuando pactaron con Zedillo su llegada a Los Pinos con tal de descarrilar el tren cardenista. Es el mismo PAN porque son los mismos personajes o sus hijos o sus esposas. Siguen siendo los panistas que gobernaron de 2000 a 2012 y que nada cambiaron en este país.

Es el mismo partido extraviado y con una dirigencia de ineptos. Una dirigencia que no se entera de la gravedad de lo sucedido. Los silencios más ominosos en todo este embrollo provienen de su dirigente formal (Marko Cortés) y del informal (Ricardo Anaya). Dos personajes que, por su edad (ninguno rebasa los 45 años) y por su formación, se esperaría que estuvieran más cerca de la democracia cristiana alemana o escandinava, pero está visto que prefieren los lazos con la extrema derecha española.

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El problema mayor para este país es que muchos mexicanos están dispuestos no solo a callar o justificar la reunión de los panistas con la extrema derecha española, sino que muchos coinciden y suscribirían los dichos que Abascal o los documentos que los senadores del PAN firmaron orgullosamente. El problema mayor es que buena parte de los habitantes de este país son racistas, clasistas, odian la inmigración, son machistas, y creen que el gran enemigo es la izquierda comunista (donde engloban a AMLO, Chávez, Lula, Evo y Correa, aunque poco tengan que ver entre ellos).

Por ejemplo, hace un par de años, la Conapred dio a conocer una encuesta sobre discriminación contra gays, lesbianas, bisexuales, trans (transgénero, travestis, transexuales) y de otras orientaciones sexuales o identidades de género (OSIG); en ese estudio, se apreciaba que tres cuartas partes de esas personas dijeron que tuvieron que esconder su orientación sexual o se abstuvieron de mostrar afecto a su pareja en público por temor a sufrir discriminación, mientras que la mitad de ellos y ellas de plano evitaron acudir a ciertos lugares para no sufrir discriminación. De la misma manera, más de la mitad de gays y lesbianas habían sufrido un acto de discriminación en los últimos doce meses, principalmente asociado con su aspecto físico, su forma de vestir o su manera de hablar, y la mitad de la población encuestada expresó que se le negó la oportunidad de trabajar o el acceso a un restaurante, bar o centro comercial por su identidad de género o su orientación sexual.

Este es solo un brochazo del México discriminador donde las personas siguen siendo discriminadas por su orientación sexual, y podríamos seguir la lista con personas de comunidades indígenas o personas discriminadas por su situación económica o su educación escolar, y un etcétera vergonzoso. Ese es el México que no nos atrevemos a ver en el espejo, pero que podemos mirar en la foto de los senadores del PAN con un fascista como Abascal.

Y más nos vale denunciar y criticar los encuentros con la extrema derecha y la discriminación que sufren mexicanos y mexicanas por distintas razones. Porque el grado de polarización que vivimos es el caldo de cultivo perfecto para que un Anaya o un Cortés cualquiera, llegue a la presidencia y de pronto tengamos a la extrema derecha dictando las políticas de este país. Nuestros vecinos del norte algo nos pueden enseñar: Trump fue nefasto durante cuatro años y cuando su mandato terminó no se fue. El populismo de extrema derecha campa en muchos estados de la Unión Americana… y en México también.

*Foto de portada: August de Richelieu en Pexels

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Autor Lado B
Juan Manuel Mecinas
Profesor e investigador en derecho constitucional. Ha sido docente en diversas universidades del país e investigador en centros nacionales y extranjeros en temas relacionados con democracia, internet y políticas públicas.
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