Lado B
Revocación de mandato: el desprecio
Por Juan Manuel Mecinas @jmmecinas
23 de agosto, 2021
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Hay un doble desprecio hacia el revocatorio: el primero, de una oposición que no supo prepararlo, lo que de ninguna manera puede realizarse ahora, sino que debió idearse desde el inicio del sexenio. Por otra parte, el desprecio de AMLO: un instrumento ciudadano lo convertirá en un instrumento suyo, porque quiere llevar a cabo el ejercicio aunque el resultado es conocido: continuará en su cargo y la votación no será copiosa, ya que la mitad de la clase política no está interesada en el ejercicio.

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La derecha nunca ha sido partidaria de la revocación de mandato. Son constantes sus críticas porque considera que,si una persona es electa para un periodo determinado, debe terminarlo. Pienso en De la Madrid, Calderón o Peña Nieto, a quienes es probable que la ciudadanía revocara su mandato de haber contado con ese mecanismo que, desde siempre, se ha considerado populista (como si las elecciones no lo fueran).

Lo de ahora es diferente: la oposición no va a pedir la revocación de mandato contra López Obrador y tampoco intentará impulsar la implementación de dicho instrumento a nivel local porque se siente disminuida. Sabe que no ganaríala revocación y decide no promoverla. No es por falta de voluntad, sino un desprecio por incapacidad.

Para que haya un revocatorio útil deben concurrir cierto consenso: que el presidente está gobernando fatalmente y la mayoría de ciudadanos lo quieran remover de su cargo. Aquí no se da ni lo uno ni lo otro.

Sin embargo, en México el mundo está al revés. López Obrador y sus asesores menosprecian el instrumento, y el presidente quiere someterse al proceso de revocación, a pesar de estar concebido para empoderar al ciudadano (que tenga el poder de quitar de su cargo a quien lo está haciendo muy mal; un instrumento de rendición de cuentas) y no para empoderar al mandatario, salvo cuando, con el resultado del proceso se afirme en su cargo.

López Obrador lo impulsa porque sabe que ganaría el revocatorio. En esencia, porque la oposición no ha sido exitosa en su estrategia para minar su figura. Los niveles de aprobación del presidente son altos, su partido fue el más votado en la cámara baja, ganó la mayoría de gubernaturasen juego en 2021 y solo ha visto minado su poder en su bastión -la Ciudad de México.

No puede dejarse de lado que ha tenido factores en contra: el manejo de la pandemia, millones de desempleo, el colapso del metro en la ciudad de México y la inseguridad rampante. Con todo ese coctel, la oposición no le ganó las elecciones intermedias a López Obrador y tampoco es capaz de plantear un revocatorio donde al menos le sirva como plataforma para que quede claro que el presidente no es la figura popularísima que unos quieren hacer creer.

La oposición tendría que repensarse. Podría aprovechar el momento de la aprobación de la ley reglamentaria del revocatorio y de las reformas electorales que quiere impulsar el gobierno, para buscar ser solución, no solo un freno o un límite hacia López Obrador, porque estamos a punto de comenzar la segunda parte del gobierno de AMLO y la agenda dejará de ser López Obrador para comenzará a ser la elección de 2024. Es decir, el poder del presidente y su presencia irán decayendo.

La realidad es que el ciudadano está ausente en la discusión de la clase política: ni la oposición ni el presidentey su partido quieren empoderar al pueblo para que, cuando haya interés, se pueda poner en marcha un instrumento que ponga en duda la continuación del presidente en su cargo. Lo único que discuten es si hay un periodo extraordinario para aprobar la ley que quiere aprobar Morena para complacer al presidente. El ciudadano está ausente: todo es AMLO sí, AMLO no, y tanto la oposición como el gobierno abonan a esa discusión reduccionista.

*Foto de portada: Eneas de Troya | Flickr

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Autor Lado B
Juan Manuel Mecinas
Profesor e investigador en derecho constitucional. Ha sido docente en diversas universidades del país e investigador en centros nacionales y extranjeros en temas relacionados con democracia, internet y políticas públicas.
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