Clase política y ceguera
La clase política mexicana tiene serios problemas de ceguera y de nada nos sirve cambiar a uno y poner a otro, si no empezamos a exigir un poco más de seriedad
Por Juan Manuel Mecinas @jmmecinas
14 de diciembre, 2020
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La 4T y la oposición se empeñan en reducir la discusión política a una disyuntiva facilona y neofascista: estás conmigo o estás contra mí; la 4T o los conservadores; el pasado o la transformación; AMLO o sus malquerientes; la dictadura o el progreso; Venezuela sí o Venezuela no. 

Por supuesto que los matices vitales de toda discusión se pierden en una diatriba que vuelve a poner a los mexicanos en un escenario indeseable por absurdo, incorrecto y porque no conduce a ningún avance medular en términos democráticos, sociales, políticos o económicos. 

La oposición insistirá, como en 2006, en que los mexicanos decidan si le quieren dar poder o no a López Obrador. Este, a su vez, volverá a poner sobre la mesa la fórmula de votar por la transformación y no por el pasado corrupto. En esencia, una vez más estamos en un escenario donde hay que decidir quién, en lugar de decidir qué y cómo. La clase política pide una fe ciega en unos u otros, porque ninguno de los involucrados quiere discutir qué es lo que se pretende cambiar y cómo se piensa hacerlo.

Durante los últimos dieciséis años se ha insistido en que AMLO es un peligro para el país y el hoy presidente responde que los otros son una mafia del poder, que tienen los mismos intereses inconfesables, y que han hundido al país. Razones se escuchan de un lado y de otro, pero sus ideas y argumentos se reducen a descalificaciones. Nada más que eso. Pruebas de corrupción e ineficiencia hay en todos los gobiernos, pero nadie se ha planteado ofrecerle al electorado soluciones que vayan más allá de un “Morena es corrupto” o de “nosotros no somos iguales”. 

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Tanto el lopezobradorismo como sus malquerientes se quedan cortos al tratar de hilvanar ideas concretas que transformen al país. Algunos dirán que en las campañas nunca se trata de ideas, y razón no les falta, pero estamos entrando en una dinámica donde tal parece que el problema es exclusivamente de quien gobierna, cuando la realidad muestra que se trata de problemas de instituciones, políticas y procedimientos. 

Podemos presentarnos a muchas elecciones durante los próximos lustros, pero si el problema va a seguir enfocado en los personajes y no es las propuestas, poco habremos avanzado. La sociedad necesita demandar que haya más programas, más ideas, más políticas y que los políticos lo pongan sobre la mesa. Contemplar el espectáculo sin exigir nada a cambio es un suicidio lento y doloroso, e incluso nos convierte en copartícipes de la catástrofe. Estamos en presencia de una parodia donde sabemos que los personajes de uno y otro bando son igual de malos para gobernar y para transformar las entrañas de corrupción del Estado. 

Sabemos que las ideas son escasas y poco novedosas, y por eso mismo habrá que demandarlas. La ecuación es sencilla, aunque no deja de ser difícil de llevar a la práctica: dejar de lado a los personajes (AMLO y a sus malquerientes) para centrarse en las ideas, porque si el presidente afirma haber cumplido 97 de sus 100 compromisos y la oposición responde uniéndose al PRI, es claro que la clase política mexicana tiene serios problemas de ceguera y de nada nos sirve cambiar a uno y poner a otro, si no empezamos a exigir un poco más de seriedad. 

Después de dieciséis años, es lo menos que podemos exigir y hacer.

 

*Foto de portada: AMLO, Presidente de la República Mexicana/ Foto: Gobierno de México | Facebook

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Juan Manuel Mecinas
Profesor e investigador en derecho constitucional. Ha sido docente en diversas universidades del país e investigador en centros nacionales y extranjeros en temas relacionados con democracia, internet y políticas públicas.