Aunque el miedo muerda
“No te rindas que la vida es eso, continuar el viaje, perseguir tus sueños, destrabar el tiempo, correr los escombros y destapar el cielo…” A pesar de todo la vida sigue siendo eso y tenemos que continuar el viaje sacando fuerzas de nuestra flaqueza y los sueños
Por Martín López Calva @m_lopezcalva
25 de noviembre, 2020
Comparte

No soy nada original si digo que la escritura sirve, entre otras muchas cosas, para conjurar nuestros fantasmas. No soy nada humilde y sonaría pretencioso si dijera que lo que yo hago es ese tipo de escritura, propia de los poetas, de los novelistas, de los que recrean el mundo a partir de la invención de nuevos mundos, de los que reinventan la vida a partir de dar vida a personajes que tienen mucho de nosotros y son al mismo tiempo totalmente ficticios. Esa es la magia de la literatura a la que yo algún día aspiré, pero que por muchas razones que no vienen al caso, no pude alcanzar.

Mi tarea es otra, más terrenal y humilde porque trata simplemente de acompañar la formación de personas de bien, de indagar lo que significa educar al ser humano e investigar algunas de las dimensiones de esta formación que están ocurriendo en contextos particulares. Soy pues, un simple profesor que piensa la educación y escribe sobre este pensar; que intenta también hacer preguntas y responderlas a través de la investigación educativa.

Sin embargo, estos espacios más libres que implican la comunicación semanal con mis cinco lectores me permiten atisbar un poco en ese mundo misterioso y aún deseable para mí de la palabra que nos enfrenta con nuestras luces y sombras, con nuestras búsquedas y nuestros temores. Lo hago siempre a la luz de mi ser educador y con la mirada puesta en aportar algo a otros de los que, ingenuos o esperanzados según se les quiera ver, siguen creyendo que podemos hacer un poco más humana a esta humanidad a través de la formación de las futuras generaciones.

Es por ello que hoy me atrevo a seguir explorando esta crisis existencial que nos tiene a todos en vilo por estar metidos desde hace ya casi nueve meses, en un túnel que en vez de tener una luz al final, parece irse volviendo más oscuro a cada paso.

Hace un par de semanas escribí acerca del miedo que nos va invadiendo y de la resistencia que tendríamos que trabajar a partir del humor, del sentido crítico y de la esperanza. Estos elementos me parecen centrales para ir sorteando este desgaste con relativa calma y acompañando a nuestros educandos en estos tiempos, que si bien han sido complicados para nosotros, están siendo mucho más tristes y desmoralizantes para quienes como ellos niños, adolescentes, jóvenes están apenas esbozando un proyecto de vida y lo tienen que hacer en un mundo cada vez más cruel e injusto.

También puedes leer: ¿Quién educa a la familia?

Más que asumiendo la postura de quien da consejos a otros porque se siente seguro y confiado, me lanzo hoy a escribir una especie de manifiesto que, ayudado por el poema anónimo No te rindas, atribuido erróneamente en muchas páginas a Mario Benedetti pueda ayudarme a recuperar las fuerzas que sigo perdiendo con cada día y cada semana igual a las anteriores, con cada aumento en las cifras de contagios y muertes, con cada expresión discursiva o activa de gente que desde el más alto nivel del poder hasta el más sencillo espacio de ciudadano a pie de calle, minimizan la gravedad de esta situación en que estamos hoy o se burlan de los más de 100 mil muertos que se siguen sumando a esta tragedia humanitaria.

“No te rindas, aún estás a tiempo…” dice el poeta y trato de asimilar y aceptar con mucha dificultad y cansancio, un cansancio de esos que pesan en los hombros y aplastan la creatividad y la consciencia. “De alcanzar y comenzar de nuevo…” ¿pero es que habrá un nuevo comienzo? ¿Llegará ese día en que volvamos a salir al mundo y a encontrarnos y abrazarnos como antes, como cuando lo dábamos por hecho y no lo valorábamos porque simplemente estaba ahí, al alcance de la mano?

“Aceptar tus sombras, enterrar tus miedos, liberar el lastre, retomar el vuelo…” cuando mis sombras me persiguen y me quitan el sueño, cuando los miedos están a tope y en ciertos momentos siento que me paralizan, cuando el lastre se vuelve cada vez más pesado y resulta más imposible liberarlo, cuando retomar el vuelo es sólo factible en la imaginación, en una imaginación que se reduce y se encuentra atrapada en este encierro sofocante a veces, en otros momentos gris y sin sentido.

“No te rindas que la vida es eso, continuar el viaje, perseguir tus sueños, destrabar el tiempo, correr los escombros y destapar el cielo…” A pesar de todo la vida sigue siendo eso y tenemos que continuar el viaje sacando fuerzas de nuestra flaqueza y los sueños, ¿qué ha sido de los sueños? ¿Es posible soñar en este presente eterno? ¿Podemos atrevernos a soñar con algo diferente cuando no llega la vacuna milagrosa, cuando el milagro que nos saque de esta pesadilla no se produce ni parece que vaya a suceder? Destrabar el tiempo que no es más que un eterno retorno de la cama a la computadora, de la computadora a la cama. Correr los escombros que se siguen acumulando y dificultando la labor de destapar el cielo, un cielo gris, lleno de nubarrones que impiden ver la luz, que ahogan nuestras ansias de perseguir los sueños.

“No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda, y se calle el viento…” Aunque el frío queme y el miedo muerda cada vez más fuerte, con cada nueva pérdida, con cada cifra actualizada, con cada síntoma que llega a nuestro cuerpo y hace que nos recorra el sudor frío de la paranoia en que vivimos el día a día; aunque el sol se esconda entre esos nubarrones que impiden ver la luz, aunque el viento se calle, no nos rindamos, no dejemos de luchar, de creer, de apuntar hacia el futuro aunque hoy no veamos futuro.

Hoy, cuando nos acaban de anunciar que este nuevo aumento de casos de COVID-19 durará al menos hasta marzo, es necesario más que nunca creer que habrá un nuevo tiempo en el que podremos “…Abrir las puertas, quitar los cerrojos, abandonar las murallas que… (nos)…protegieron…” para volver a “…vivir la vida y aceptar el reto…” para recuperar la risa…y…ensayar un canto y poder al fin “…bajar la guardia y extender las manos, desplegar las alas e intentar de nuevo, celebrar la vida y retomar los cielos.,,,”

Hoy más que nunca te pido que “…no te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se calle el viento…” mírate al espejo y mira a los educandos que te necesitan como referente de resistencia, de persistencia y de esperanza y enséñales que “…aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños…” 

Edúcales en la convicción de que “…cada día es un comienzo nuevo…” aunque sea un día más de cuidados, de aprendizaje en casa y de encierro. Forma sus conciencias y sus corazones en el compromiso de actuar pensando que cada instante de vida “…es la hora y el mejor momento….”

Y sobre todas las cosas, hazles sentir que estás ahí, a su lado, acompañando esta etapa difícil que un día será simplemente un mal recuerdo, la memoria de un tiempo oscuro que nos tocó vivir y que se llevó a muchos a los que siempre echaremos de menos, pero nos dejó aprendizajes relevantes sobre lo que realmente importa en la vida, sobre lo que esencialmente debe aprenderse en la escuela, sobre lo que vale tener una familia, una vida saludable, un rostro en el que podamos reflejarnos y compartir las risas y también los llantos.

Por encima de todo, diles con tu testimonio educador, con tu palabra pero sobre todo sin palabras: “aunque el miedo muerda…no te rindas…sigue resistiendo y esperando “…porque no estás solo, porque yo te quiero”.

 

*Foto de portada: Pxfuel

Comparte
Martín López Calva
Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Realizó dos estancias postdoctorales en el Lonergan Institute de Boston College. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, del Consejo Mexicano de Investigación Educativa, de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores y de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación. Trabaja en las líneas de Educación humanista, Educación y valores y Ética profesional. Actualmente es Decano de Artes y Humanidades de la UPAEP, donde coordina el Cuerpo Académico de Ética y Procesos Educativos y participa en el de Profesionalización docente..