Ciencia desde altamar para la protección de especies marinas
Daniela Cuevas es una científica mexicana que desde 2009 estudia el proceso de acidificación en los mares y también observa especies marinas protegidas
Por Dafne García @DafneBetsabe2
20 de agosto, 2020
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Desde niña Daniela Cuevas sentía mucha curiosidad por el mar y por cómo este tiene una compleja relación con el resto del planeta, así como acerca de los procesos que suceden dentro del océano, por eso decidió estudiar oceanografía, la ciencia que estudia los océanos y mares en sus aspectos físicos, químicos, geológicos y biológicos.

En el marco de la conmemoración por el Día mundial de los océanos, Daniela Cuevas participó en la charla “Innovación para un océano sostenible”, organizada por Cientificas Mexicanas –un espacio de divulgación del trabajo de las mujeres en la ciencia–. En ella habló de cómo decidió estudiar esa rama de la ciencia, qué desafíos ha enfrentado al trabajar en altamar, y los proyectos en los que ha trabajado para minimizar el impacto ecológico en los océanos, generado por la actividad humana.

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Así, Daniela contó que una de las motivaciones para que estudiara Oceanografía, fue el hecho de que “es una carrera interdisciplinaria, que abarca una amplísima gama de temas que van desde la vida marina, los ecosistemas, el estudio del clima, la circulación oceánica, la geología, [hasta la] composición química del agua de mar”; donde encontraría las respuestas a esas curiosidades que tenía de pequeña. 

El trabajo en altamar: monitoreos marítimos

Después de sus primeros acercamientos al trabajo en altamar con su tesis –en la Universidad de Baja California–, investigando el proceso de acidificación en los mares y los efectos de los fenómenos meteorológicos de El Niño y La Niña, Daniela comenzó a trabajar en 2015 como observadora de especies protegidas en los proyectos de exploración sísmica (que buscan petróleo y gases en el fondo marino para su extracción).

Estos proyectos de exploración comenzaron a llevarse a cabo en México a raíz de la reforma energética (que fue aprobada en el país en 2013), y si bien la Biología no era su área de estudio como tal, Daniela tenía mucha curiosidad por involucrarse en temas relacionados a la conservación ambiental. Por ello le interesó la oportunidad que este tipo de trabajo le podía brindar para desarrollarse en esos temas, explicó la oceanóloga.

Ese trabajo implicaba contribuir en el monitoreo y mitigación de daños a especies marinas que cierto tipo de estudios acústicos (que se utilizan en la extracción del gas y del petróleo) pueden llegar a producir en especies marinas protegidas como ballenas, delfines, tortugas, focas y manatíes, pues cuando se están llevando a cabo las operaciones de los proyectos de exploración sísmica, se utilizan equipos que emiten sonidos a diferentes frecuencias que pueden ser dañinas para estas especies. 

El monitorista es, pues, quien se encarga de vigilar que estas frecuencias estén a una distancia adecuada de los animales protegidos, o de que paren las operaciones si es que una de esas especies protegidas se acerca a la zona de trabajo. Se toma nota de las detecciones, del comportamiento y duración del evento, explica Cuevas.

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Esto es muy importante, ya que si bien previamente se diseñan zonas de exclusión para llevar a cabo la exploración marítima (en un rango de área donde no haya especies marinas susceptibles a las frecuencias de sonido que se van a ocupar), y hay protocolos de monitoreo previo a que se empiecen las operaciones en un barco, aún así se puede afectar la vida de especies protegidas. 

Estas son susceptibles a daños físicos, biológicos, temporales o permanentes en sus rutas de migración, debido a los sonidos que se envían al fondo del mar por las operaciones de exploración.

Para realizar este monitoreo, de acuerdo con la científica mexicana, hay varias técnicas. Una de ellas es el monitoreo acústico pasivo, que se utiliza cuando la visibilidad en el mar es restringida, como durante la noche o cuando hay temporadas de lluvia o neblina. 

“Este [monitoreo] se lleva a cabo a través de un software que está específicamente diseñado para detectar la presencia de ballenas y delfines. Muestra gráficas en tiempo real de frecuencia, amplitud; cuenta con un espectrograma de sonido en tiempo real, y se despliegan cables desde la popa del barco”, explicó Daniela.

El cable está conformado por cuatro o seis hidrófonos de mediana y baja frecuencia, comenta la oceanóloga, que “reciben las señales de vocalización de los mamíferos marinos y se muestran en las pantallas, mientras el monitorista está con audífonos [alerta] a una señal de vocalización”. 

Esto software se vuelve relevante porque, aunque a veces el sonido de vocalización de los animales se puede escuchar, hay ocasiones en que emiten sonidos a muy bajas frecuencias, por lo que no son audibles para el ser humano, pero sí son captados por el software, que después alerta al monitorista, agregó Daniela. 

De igual manera, otro de los protocolos de mitigación que aplican es monitorear una hora antes la zona donde se trabajará. “También [el monitorista] tiene que autorizar o no el arranque de las operaciones, estas se detienen si se detecta un animal; o se lleva a cabo un encendido paulatino del sonido para que no sea tan abrupto el cambio del sonido en el agua y así los animales tengan oportunidad de alejarse de la zona”, señaló Cuevas.

La contaminación que afecta a los océanos y cómo mitigarla desde la oceanografía

Ciencia en altamar

Ilustración: Gogo Ortiz

Aunado al peligro al que se enfrentan las especies protegidas por las exploraciones sísmicas, el ecosistema marítimo también puede verse afectado por la acidificación de los océanos y el blanqueamiento de los corales, provocados principalmente por el cambio climático. Estos tienen efectos adversos para los animales que viven en el océano, pero también afectan la capacidad natural que tienen para disminuir las emisiones de carbono que provoca la actividad humana en el mundo.

“El océano funciona como un amortiguador, al ser el que recibe [y absorbe] las emisiones de carbono que producimos en la atmósfera por los combustibles fósiles, cambio de uso de suelo, producción de energía no renovable […] Considero que el océano es el corazón de la tierra, gracias a él se puede regular el clima y otros factores”, explicó Daniela Cuevas.

Así, de acuerdo con la oceanógrafa, debemos tratar de restablecer el equilibrio en los océanos para mitigar problemas en el medio ambiente. Para ello debemos entender, en primer lugar, el funcionamiento del océano y su importancia, pues “se desconoce bastante sobre ciertos procesos que ocurren en el océano; no se le da la importancia que deberíamos”.

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En la página web de la organización Oceana (que se dedica a la protección de los mares a nivel mundial) y en la página de Greenpeace, podemos encontrar, por ejemplo, información acerca de la importancia de los océanos y cómo colaborar para su cuidado.

Asimismo, para Cuevas la reducción de nuestra producción de basura es fundamental en el cuidado de los océanos, ya que muchas veces desemboca en estos mantos de agua. “A veces es increíble que te encuentras en medio de la nada, rodeada de agua, y ves plástico, globos. En vez de cuidar el océano, lo vemos como un vertedero de residuos y basura; es una falta de respeto que tenemos a este ecosistema”.

Aunado a esto, la científica considera que, desde el gobierno o las empresas, emprender en el desarrollo de energías renovables y otro tipo de actividades agrícolas que disminuyan las emisiones de carbono a la atmósfera, podría aportar al cuidado de los océanos.

Actualmente, con ayuda del trabajo de investigación de la oceanografía, se están realizando proyectos de energía renovable en Estados Unidos, especialmente en estudios de investigación, para establecer campos de energía eólica en el océano.

Estos proyectos son importantes porque, además de ayudar a mitigar las emisiones de carbono a la atmósfera, a la vez reducen los efectos del cambio climático, y ayudan a mejorar la economía del país en donde se realizan. 

Aunque la implementación de estos no es fácil, pues se tienen que hacer estudios de los daños ambientales que pueden provocar: afectaciones a especies protegidas; alteración de los patrones de migración de aves y murciélagos, así como del turismo y rutas comerciales”, agregó la oceanóloga.

Sin embargo, Daniela considera que, a pesar de esos obstáculos, ese tipo de investigaciones y proyectos son un buen avance. “En cuanto a la innovación, me parece algo buenísimo que se estén aprovechando estos recursos naturales […] para poder establecer otras alternativas [de obtención de energía]”.

Retos e inclusión de la mujeres en la ciencia marítima

Por otra parte, respecto a los retos que ha enfrentado en este tipo de trabajo, la oceanóloga mencionó que uno de ellos es el tiempo que a veces se tiene que pasar en altamar, lejos de todos. Tan solo al momento de la charla online ya llevaba 66 días en un barco cerca del área de Norfolk, Virginia, en Estados Unidos.

“Este trabajo es muy bonito, a mí me gusta mucho, pero trabajar en altamar requiere mucho sacrificio de por medio a nivel personal. Te pierdes eventos muy importantes […] el espacio es reducido, no hay mucha privacidad […] A veces es difícil dormir porque hay tormentas y el barco siempre se está moviendo; hay que adaptarse”, señaló Cuevas.

Asimismo, Daniela comentó que se ha enfrentado a la hostilidad de la gente en las embarcaciones, e incluso ha vivido cierto racismo, porque no es muy común que hayan mexicanos en altamar. 

En los cinco años de trabajo que lleva en esta industria, sólo ha conocido a tres mexicanos que se dedicaban a otra área diferente a la suya; en cuanto a observadores de especies protegidas hay un aproximado de 100 mexicanos que se dedican a esto en diferentes proyectos en el continente y otras partes del mundo.

Además, aunada a esta escasez, está el desbalance de género, ya que esta industria está dominada por hombres. “La presencia de mujeres no es muy común. Normalmente, en los proyectos que me he unido, nunca somos más de siete mujeres abordo, y esto hace que a veces el ambiente de trabajo pueda resultar un tanto pesado, principalmente cuando hay una brecha generacional, porque es cuando siento que cuesta más tiempo ganarse la confianza [de los científicos] y que te tomen en serio”.

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Sin embargo, al finalizar la charla, la científica mexicana recalcó ciertas acciones para motivar a las mujeres a estudiar carreras relacionadas con la ciencia. “Es muy bueno que se fomente un poco más el conocimiento de las áreas de la ciencia; el cómo es basta la zona de aplicación y los trabajos que existen [como en la oceanografía], y [también] que todas apostemos un poco más por la ciencia y por incursionar en algo desconocido”.

También experimentar estudiando profesiones que se salgan de las usuales y aquellas a las que se les da más difusión (como medicina o derecho), puede ayudar a romper el estereotipo que a veces hay acerca de que los trabajos en ciencia implican, necesariamente, estar trabajando en un laboratorio.

“Yo animaría a cualquier mujer [a que] si está interesada en el estudio de la ciencia, vaya por su sueño y no se frustre o restrinja por la cuestión laboral. En México es un poco difícil [a veces] pero hay muchas oportunidades en el extranjero”, concluyó Cuevas, a quien su trabajo en altamar la ha llevado a lugares como el Golfo de México, el Atlántico Norte en Estados Unidos, el Caribe y Sudamérica.

*Ilustración de portada: Gogo Ortiz

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Dafne García