Lado B
Versado performance
Nawual desde 2007 formó parte de “Los Asombrosos Roboninjas”, una de las bandas más particulares que ha producido la escena poblana de hip-hop. En una ciudad donde el rap ha tenido que pelear por sus espacios.
Por Javier Caravantes @javicaravantes
07 de septiembre, 2026
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La afirmación “escribir canciones es un género literario” podría parecer una provocación crítica, aunque la división entre literatura y canción es relativamente reciente, responde más a instituciones culturales que a diferencias esenciales. Durante siglos, poesía y música fueron inseparables, los poemas de los trovadores medievales, los cantos épicos de la Antigüedad o las composiciones de los bardos eran textos concebidos para ser interpretados oralmente. Desde esta perspectiva la canción no sería un arte menor ni una derivación de la literatura, sino una de sus formas originarias. La concesión del Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan reabrió este debate. La Academia Sueca justificó el premio señalando que Dylan había creado «nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense». El contundente argumento implícito: una letra de canción puede alcanzar la misma complejidad estética, simbólica y emocional que un poema.

La importancia del caso Dylan va más allá de un reconocimiento individual, obliga a preguntarse si la literatura debe definirse por su soporte, o por su capacidad de producir lenguaje estético. Si aceptamos lo segundo, las canciones de Dylan, Leonard Cohen, Patti Smith, Juan Gabriel, pueden leerse como obras literarias, independientemente de que también existan como piezas musicales. La canción posee además recursos propios que enriquecen la escritura: repetición, estribillo, ritmo, variaciones sonoras y una relación particular con la memoria colectiva. Una canción habita simultáneamente la página, la voz y el oído, su literatura está diseñada para encarnarse. Podría sostenerse que escribir canciones constituye un género literario específico: una literatura destinada a la voz; no sería literatura a pesar de la música, sino literatura realizada plenamente a través de ella. El Nobel a Dylan no creó esta realidad, simplemente obligó a las instituciones literarias a reconocer algo que la historia de la cultura había sabido durante milenios.

Comienza con Erik, (aunque le gusta que le digan Nawual). Ama el rap, es doctor en Antropología, tiene un estudio de grabaciones en el Centro de Puebla. Lo conocí en el 2011, trabajábamos en la redacción de un periódico digital. No sé cómo supo quién era mi padre y de repente, de computadora a computadora, frente a otros compañeros, me soltó:

—Saca la beca.

—¿Cómo?

—Sí, no te hagas, ya sé que tu papá es Carpinteiro. Dile que me eche la mano. 

Respondí con una risa nerviosa. No volvimos a hablar. A los pocos días lo corrieron sin que se pudiera despedir. Será por eso que en la siguiente comida familiar le comenté a mi padre de él. Pasaron los años, por las redes me di cuenta de que seguía con su banda “Los Roboninjas”, y haciendo carrera académica, pero no lo intenté buscar hasta aquella tarde en que se me ocurrió que podría escribir algo sobre el oficio de escribir canciones. Me contestó un mensaje con la dirección de su estudio. Era viernes por la tarde, pude ir de inmediato. 

—Durante un año me extendió tu padre la beca sin que le ayudara en nada, fue justo cuando me quedé sin trabajo, esa lana me permitió terminar la licenciatura. Luego para entrar a la maestría aceptó darme una carta de recomendación. Parte de esa lana y la del doctorado la pude ahorrar, y con eso monté Hydra Estudio. 

Comienza cuando se me ocurre preguntarle a Nawual si me ayuda con un proyecto de periodismo de inmersión sobre el hip-hop en Puebla.  

—¿Y a poco ya tiene nombre de rapero? ¿Ya traes rola, te grabo?

Los zombies vienen a invadir/Se cancela el porvenir/Máquinas al servicio de la vanidad/Proyectan el desconcierto de la realidad/Aspiran a no tener identidad/Llegó otro predecible más/Escapémonos de aquí/Juntos a fundar una ciudad/Granadas y escopetas vamos a llevar/Del filo de la muerte me vas a salvar/Guarda tus cosas que ya voy por ti/Entierra el pasado/Vamos a huir/Armemos en la playa la última fiesta/Brindemos por nuestro amor que no murió/Ven a celebrar a Walter Benjamin/Nadie envejecerá como David Bowie/Vas a enloquecer sin ser Nick Cave/Si ni entiendes las letras de Tom Waits/Ni que tuvieras la cara de Kurt Cobain/Nunca vas a escribir como Montaigne.

Foto de: IG Metaespeculativo

*

Comenzó repensando a Pessoa. 

Comenzó antes: un niño al que le daba pavor dormir: sabía que quien despertaría ya no sería él por más que habitara su cuerpo. 

Comienza con alguien al que le gusta escribir y se siente a la deriva. 

Comienza con una invención: literatura metaliteraria especulativa, (ser un dispositivo): Metaespeculativo. 

Durante los últimos minutos de un insomnio que parecía haberme vencido se me ocurrió utilizar el pasamontañas verde fluorescente que me tejió como regalo de cumpleaños una exnovia, para cubrirme los ojos y los lentes utilizo unas enormes gafas de esquiar. En mi segunda visita a Hydra me disfrazo, le muestro a Erik el aspecto físico de mi personaje. Por más que le pregunto nunca responderá si le gusta o no, solo se ríe. 

Nawual desde 2007 formó parte de “Los Asombrosos Roboninjas”, una de las bandas más particulares que ha producido la escena poblana de hip-hop. En una ciudad donde el rap ha tenido que pelear por sus espacios, por su público y hasta por el derecho a ser considerado una escena, ellos eligieron una estrategia extraña, no tomárselo demasiado en serio. No carecían de seriedad, sino decidieron que no necesitaban demostrarla. Mientras buena parte del rap se construye alrededor de la identidad, el barrio, la denuncia, la experiencia personal o la necesidad de mostrar autenticidad, los Roboninjas hicieron canciones sobre tacos, celulares, caricaturas, borracheras, diarreas y cualquier otra cosa que pudiera hacerlos arquearse de risa. Ellos mismos dicen que dejaron de lado el mensaje social desde que comenzaron el proyecto y que su intención era simplemente pasarla bien. 

En Puebla eso tenía algo de provocación, no querían competir por quién tenía la historia más dura ni por quién podía hacer el rap más solemne. Inventaron personajes. El nombre completo de la banda es una acumulación deliberadamente ridícula: Los Asombrosos Roboninjas Mutantes Zombies Asesinos Comecerebros Al Ataque. Un Roboninja, según ellos mismos, es cualquiera que quiera pasársela bien sin importarle demasiado el qué dirán. 

El humor es evidente, pero debajo hay una decisión estética: quitarle importancia a aquello que se supone que debe ser importante y concedérsela a lo que normalmente no la tiene. Un taco puede ser suficiente para una canción. Un teléfono puede ser suficiente. Una borrachera puede ser suficiente. No hace falta convertirlos en símbolos de nada. En su música no parece existir una frontera clara entre aquello que merece ser considerado cultura y aquello que solamente sirve para divertirse.

Nawual ocupa dentro de ese proyecto un lugar particular: en la alineación de la banda fue el encargado de los “rapeos” y los “malacopeos”. Parece nombrar algo que ocurre antes de que una idea pueda explicarse: una forma de jugar con el lenguaje hasta que la rima, el sonido y la asociación empiezan a producir la canción. Escuchándolo así, las letras de Nawual dejan de parecer una sucesión de ocurrencias. Hay una lógica debajo del desorden. Una palabra llama a otra porque rima, la rima produce una imagen, la imagen abre una asociación, la asociación lleva a una referencia de la cultura popular y esa referencia vuelve a poner el lenguaje en movimiento. La canción no necesariamente avanza hacia una conclusión. Se desplaza. Tal vez por eso en sus letras la rima parece tener una función distinta a la que solemos atribuirle. No llega después del pensamiento para adornarlo. A veces es la rima la que obliga al pensamiento a aparecer. La palabra elegida por su sonido abre una posibilidad que no estaba prevista antes de escribirla. Y la canción puede empezar entonces a comportarse como una conversación con las propias palabras.

Esto me hace pensar que el roboninjeo es algo más que una broma interna de la banda. Es una forma de escritura. Una manera de hacer rap sin aceptar completamente las obligaciones del rap. Los Roboninjas pueden servirse de los códigos del género y al mismo tiempo burlarse de ellos. Incluso cuando hablan de mujeres como “el centro de su universo”, la exageración termina convirtiendo esa misma masculinidad en caricatura. Hay algo carnavalesco en todo esto, lo elevado y lo vulgar aparecen juntos. Una referencia literaria puede convivir con una grosería, una caricatura con una experiencia sexual, un taco con una idea. No se trata de esconder un significado profundo detrás de la vulgaridad. La vulgaridad puede ser el significado suficiente. 

Quizá esa sea la parte que más me interesa de Nawual como escritor, no parece escribir para demostrar que tiene algo importante que decir. Escribe para averiguar hasta dónde puede llevar una frase, por eso tampoco sé si debería llamarlo poeta. La palabra es tan inadecuada que él se burlaría de mí, pero sí puedo decir que escribe. Escribe para un ritmo que obliga a las palabras a moverse de determinada manera, su literatura no está pensada para permanecer quieta en una página. 

Y ahora está intentando grabarme una canción. 

El timbre suena, será una constante, el ruido más habitual. El beat que estructura la aparición de cada personaje. Nawual es sobre todo el gran anfitrión del rap en Puebla. 

Los primeros en entrar al estudio son Ctu y Craktus, están grabando tomas para un video con el que en dos semanas estrenarán una canción colaborativa. Están emocionados, acaba de suceder que un señor, en la esquina, al verlos rapear detuvo su coche, les prestó un Audi blanco para que apareciera. También me invitan a mí, es decir, a Metaespeculativo.

*

Nawual me graba dos canciones más y me lleva a muchos, incontables, eventos de hip-hop. Me presenta a tantos raperos, grafiteros, bailarines, DJs, a tantos personajes de la escena, y paso tantas semanas entre ellos, que me comienzo a confundir. El entusiasmo se desborda tanto que se me va olvidando que estoy escribiendo una crónica. Me pienso como ya solo rapero. Abro una cuenta de Instagram. Las canciones de Metaespeculativo están en todas las plataformas. Mando a la chingada la libreta donde iba registrando los sucesos para armar luego el texto. Nunca termino de transcribir las entrevistas. Nawual me recomienda grabar con otro productor. A Lemah Durán le compro beats y me produce dos canciones más. 

Cómprate una trola/Métete al box/Arma estrategias/Chíngate a Dios/Huye del abismo /Pónchate un King Kong /Rífate unos versos/Coge sin condón /Cuatro años un perro con rabia/Mordida y conversión/Me inyectó/Una furia tan poderosa/Que ni el tiempo curó/Segundo de secu/Inminente expulsión/A veinticuatro horas de la ejecución/Gané el concurso de declamación/Supe cuál era mi maldición/Desde entonces escribo como condena, es mi misión/Pura vocación/Labor solitaria/Voz visionaria/Desde los catorce, el roce, goce, el trance que disloque, golpe, corte, el norte del soporte/Que se desborde/Mi lenguaje es sabotaje, puro coraje, salvaje/Que funde el engranaje/Compulsivo, corrosivo, fugitivo/Soy el archivo destructivo, narrativo y vengativo/Sobrevivo al castigo, del grito soy testigo/Metaespeculativo/La expulsión fue mi invención/Mi única institución/Mi metaliteraria bendición/Sin clase, desfase, rompiendo el envase, quemando la base, torciendo la frase

*

Dina Camell, rapera, me escribe un mensaje recordándome la entrevista que había quedado. Le cancelé la tarde anterior, me da vergüenza hacerlo de nuevo. Me cita en un cine que también es un foro cultural. Al final de una predecible entrevista que nunca tampoco transcribiré me pide que no me vaya, desea presentarme a alguien. Será una chica que me obligará a terminar este texto un día que entre carcajadas me dirá:

—Tú eres escritor, no rapero. A nadie engañas.

*

Leonard Cohen al recibir el Premio Príncipe de Asturias de las Letras dijo que si uno quiere expresar la derrota inevitable que nos espera a todos debe hacerlo dentro de los límites estrictos de la dignidad y la belleza.

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Autor Lado B
Javier Caravantes