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Pozo Krem-1: Seis meses de una tragedia que no se apaga en Veracruz
Cultivos secos, tierras inservibles y agua contaminada. Así viven las comunidades de Las Choapas, Veracruz, a seis meses del estallido del pozo de Pemex. A medio año de la explosión, las autoridades confirman que no hay sanciones ni un plan de remediación.
Por Lado B @ladobemx
07 de septiembre, 2026
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Por Ana Alicia Osorio / CN Media 

Ramas secas y plantas destrozadas ahora ocupan el patio trasero, donde antes estaba el huerto de Romalda Campos Campos. Con tristeza, ella cuenta cómo perdió todo el 5 de marzo, cuando en el pueblo entero de La Guadalupe, en Las Choapas, al sur de Veracruz, se escuchó un fuerte estruendo por la explosión del Pozo Krem-1 de Petróleos Mexicanos. 

Al ruido siguió el mal olor, una columna de fuego y por las noches un sonido incesante que hacía vibrar las casas. Un pozo estaba encendido. Pemex logró apagarlo 150 días después de la explosión. El olor se fue, pero los daños que provocó continúan a seis meses: cultivos secos, tierras inservibles, ganado muerto, agua contaminada, en muchos casos su salud afectada, y el temor de la gente.

“Perdimos todo”, dice Romalda, mientras recoge del suelo un racimo de plátanos totalmente negro, entre quemado y podrido. Así es como quedó su cosecha, cuenta, debido a los químicos que llegaron en medio de una neblina que envolvía los pueblos completos.  

Desde hace muchos años, Romalda, de 55 años, se mantenía de la venta del plátano, el camote, el chile, la yuca y otros cultivos que tenía, pero se quemaron cuando se llenaron de químicos que iban invadiendo todo a su paso. Ahora no sabe cómo va a pagar sus gastos. 

Su casa también quedó dañada. Los gases tóxicos y los contaminantes químicos que llegaron hasta su terreno oxidaron las láminas que la cubren, a tal punto que ahora el agua de la lluvia cae al interior por las filtraciones. 

Su caso no es único. A la redonda, las parcelas están secas y las casas dañadas. No existen más los cultivos y pastizales que había cerca de la zona del Pozo Krem-1, con el que se exploraba si existía hidrocarburos a una profundidad entre 3 mil 390 y 3 mil 700 metros, y con el que se pretendía obtener 409 Barriles por Día de aceite y 0.19 Millones de Pies Cúbicos por Día de gas, de acuerdo con Petróleos Mexicanos. 

Las personas de la región cuentan cómo sus árboles de aguacate, sus milpas o el pasto para su ganado se perdieron cuando estuvieron en contacto con los químicos que caían del cielo, que describen como una especie de “sal”. A la fecha, ninguna autoridad les ha dicho qué tipo de químico es.

“La creencia que tengo es que esa sal que cayó es como una salación para uno”, dice Candelario Cruz. Para mostrar la magnitud de la tragedia y el número de personas afectadas, Candelario señala una casa tras otra. Narra cómo él y todas las personas ahora deben reponer de su bolsa alambres y materiales, pero sin dinero para hacerlo porque su única fuente de ingresos eran los cultivos y se perdieron. 

La explosión del Pozo Krem expuso a más de 3 mil 300 personas de 29 localidades a emanaciones de gases y afectó, cuando menos, 270 hectáreas, según un análisis de Cartocrítica. La organización identificó que se quemaron aproximadamente unos 250 millones de metros cúbicos de gas. 

Las familias tienen que conseguir otras parcelas para que las vacas pasten. Foto: Ana Alicia Osorio

Sin reparación y muchos daños 

Cada vez que alguien de Pemex se acercaba a alguna de las localidades afectadas, la gente les reclamaba. Hasta hicieron manifestaciones y metieron documentación para que cesara esa neblina que les generaba enfermedades y daños. También para que les pagaran por sus cosechas que se habían echado a perder. 

En muchas ocasiones, Pemex dijo que iba a pagar el daño, pero hasta ahora no lo ha hecho. No hay certeza. Según la gente de la zona, hace un par de meses les pidieron los documentos de sus terrenos, cultivos y ganado, todo lo que se había perdido, prometiéndoles ese pago. 

Una vez que entregaron los papeles que les pedían, regresaron para pedir otro más y otro más, una cadena de trámites que parecían no tener final. 

Algunas personas carecían del título de propiedad de las parcelas o no contaban con alguno de los documentos que les pidieron, por lo que tuvieron que viajar a Xalapa, que está a siete horas, o a la cabecera municipal de Las Choapas, que está a dos horas, para hacer esos trámites.

Como Edgar Valenzuela y su familia, que su parcela se tiñó de amarillo con un pasto seco por completo y los alambres que la dividen de la propiedad vecina se volvieron blancos, hasta que dejaron de servir. Como no tenían un título de propiedad actualizado tuvieron que ir a Xalapa utilizando sus limitados ahorros, que poco a poco agotan. 

“Hay que hacer gastos para todos los papeles que hay que entregar y también nos toca hacer viajes, quizás hasta Xalapa. Hay que hacer varios viajes para tener todos los papeles que nos están pidiendo, porque como les digo, nos piden uno y luego nos piden otro”, explica. 

Las parcelas se tiñeron de amarillo con un pasto seco. Foto: Especial

Los alambres de la propiedad de Edgar Valenzuela se volvieron blancos. Foto: Especial

Para salir de su comunidad, La Guadalupe, se debe recorrer más de una hora por un camino de terracería y no hay transporte público que llegue hasta ahí. Ese camino lleva a otras comunidades afectadas por el Pozo Krem-1, como Constitución Mexicana, que en ocasiones queda incomunicada por las crecientes de los ríos, haciendo más y más difícil realizar los trámites. 

Algunas personas, cuenta otro habitante de la zona, se han desanimado y han desistido del proceso, porque los viajes, los documentos certificados y las firmas, tienen un costo que no pueden pagar. El poco dinero que tienen deben usarlo para mitigar los problemas que les dejó el Pozo Krem-1.

El pasto quemado de la parcela de la familia de Edgar ya no sirve para que las vacas pasten. Tuvieron que conseguir otro sitio cercano para que su ganado tuviera comida, donde ahora deben pagar la renta. El lugar no es el mejor, porque también se secó una parte, pero cuando menos puede mantenerlas con vida. 

La comunidad de la Constitución Mexicana quedó incomunicada a finales de agosto por las crecientes de los ríos. Foto: Ana Alicia Osorio

Pemex y la evaluación de riesgo que ignoró

Hace años, Pemex comenzó a recorrer la zona y la gente pensó que era una oportunidad de trabajo en esos pueblos que se dedican a la agricultura, ganadería y que muchas veces deben migrar a Estados Unidos, cuenta un habitante de El Nacimiento, otra comunidad cercana al desastre.

Lo que los pueblos no sabían y Pemex sí, es que el Pozo Krem-1 tenía un riesgo alto de desastre, según la evaluación del riesgo de la propia empresa, que al mismo tiempo negaba que un incidente pudiera afectar a las comunidades cercanas pues decía que estaban retiradas.

La explosión y los 150 días de incendio mostraron un desastre que Pemex sabía que podía pasar. También evidenciaron que el precio lo pagó la gente y los recursos naturales de las poblaciones cercanas afectadas. 

La zona rodeada de arroyos y ríos era un área natural llena de riqueza, con un verde intenso por la amplia vegetación. Ahí viven según la propia evaluación de Pemex, especies protegidas por la NOM-059-Semarnat-2010 como el tinco en peligro de extinción o el helecho arborescente y el cedro; además de especies sujetas a protección especial, como el mono aullador de manto en peligro de extinción, dos aves bajo amenaza, un reptil y tres aves en protección especial; de las que ninguna autoridad ha dado informes de los daños.  

La Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA) asegura que inició tres procedimientos por este incidente y que ordenó cuatro medidas de urgente aplicación, pero se niega a decir cuáles son, argumentando que el expediente está reservado. Lo que sí confirmó es que no ha habido sanciones y que a la fecha no hay un plan de remediación.

Ramas y pasto seco tras el derrame. Foto: Especial

El pescado sabe a petróleo y el agua huele a químicos

“Es como si hubiéramos fumigado”, dice Adán Cruz desde la comunidad López Rayón cuando observa la tierra. Luego saca el celular y muestra unos videos de sus vacas pastando en medio de verdes pastizales largos, antes de que el desastre llegara. Habla de lo hermosa que era su parcela. Después, enseña ese mismo sitio, pero seco por completo, como lo dejó esa “sal”. 

Las fuertes lluvias que se han sentido en la región durante el último mes han dejado días completos sin energía eléctrica ni comunicación a los pueblos y los caminos rurales en mal estado. Pero han provocado también que algunos terrenos comiencen poco a poco a pintarse de tonos verdes, con matas nuevas brotando desde la tierra. 

Aunque pareciera que todo está volviendo a la normalidad, asegura Adán, no saben si van a poder regresar a las vacas a pastar allí, porque temen que la tierra haya quedado contaminada. Y por eso han tenido que vender algunas, para seguir pagando la renta del pasto y que otras coman.

“Me gustaría que a través de un estudio que alguien tuviera que realizar, pero que fuera el gobierno que realmente se encargara, para que se comprobara que realmente no existe algo que nos pueda perjudicar a la larga”, dice Cruz Manueles desde la comunidad El Nacimiento. 

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Allí una especie de aceite que escurría desde el pozo llegó a los arroyos de los que se obtenía el agua para tomar, bañarse y hacer las necesidades básicas, asegura Cruz. Aunque Pemex puso algunas barreras, supuestamente para detener el derrame, no sirvieron de nada y quedaron abandonadas. 

Uno de los jóvenes de la zona fue a ese arroyo a pescar para tener algo de comida, pero cuando probó el pescado, ya cocinado, se encontró con un sabor a petróleo, aceite o algún hidrocarburo, que lo hizo incomible y tuvo que tirar todo lo que había llevado consigo.

El rastro del hidrocarburo dejó de verse a simple vista en el arroyo, pero cuando sube el nivel del agua vuelve a sentirse un fuerte olor a químicos, desconocen si les hará daño. Por eso, cuenta Cruz, nadie quiere tomar esa agua y se la dan al ganado sólo porque no tienen otra opción. 

Las personas deben conseguir agua purificada desde Las Choapas, tarea que además de cara no es fácil, porque requiere hacer un viaje de hora y media, y no todas las personas tienen los medios para realizarlo. 

Por eso, le han pedido a Pemex muchas veces que realice estudios del agua para saber si es segura y se los dé a conocer. También le han solicitado un pozo profundo para tener el líquido, pero les han ignorado. 

Esa ha sido, dicen, la respuesta oficial de Pemex desde que inició la emergencia: ignorarlos. Aunque anunció obras como una casa de salud en el ejido Benito Juárez o una pavimentación de 26 kilómetros de Río Playas al Remolino, para resarcir el daño por la explosión del pozo, a la gente la mantiene en la incertidumbre, con los daños y sin atención. 

Obra social de Pemex en Las Choapas, Veracruz. Foto: Ana Alicia Osorio

La salud de la población, ignorada 

Cuando el pozo tenía una larga flama que se veía a kilómetros a la redonda, de manera reiterada Pemex dijo que se hacían estudios sobre emisiones de gases y que todo estaba en orden. Sin embargo, el Instituto Mexicano del Petróleo, que hizo las mediciones, se negó a entregarlas vía solicitudes de transparencia, bajo el argumento de que el estudio aún sigue en ejecución.

La realidad en el lugar distaba de esos comunicados oficiales. El olor era insoportable y para dormir algunas personas tenían que ponerse paños húmedos en la nariz y boca para poder respirar un poco. Lo que a lo lejos parecían nubes, eran en realidad humo y químicos que le acompañaban. Cubrían a las comunidades de una neblina que provocaba dolor de garganta. 

La tos, el dolor de cabeza y los problemas para respirar eran la primera queja de cualquier persona y aunque Pemex anunció brigadas de salud, dicen en la zona que llegaron solo con paracetamol y revisiones superfluas. 

Ana Arias de la comunidad El Nacimiento comenzó con mucha tos persistente y problemas para respirar. Tras varios días, fue a un médico particular que le dijo que tiene un daño fuerte en los pulmones que no puede asegurar si se originó con el Krem-1 o si es un padecimiento anterior que se agravó. De cualquier manera, ahora debe estar en tratamiento y gastar su dinero para intentar curarse. 

Las personas que tuvieron que salir de sus comunidades para ir a un médico son una constante que se cuenta en la zona una y otra vez, al igual que una tos de meses que no se quitaba y que en algunos casos no se ha quitado. 

Sin embargo, la Secretaría de Salud de Veracruz reportó que “no se han documentado personas que hayan demandado la atención por algún problema de salud relacionado al evento”.

A los padecimientos, se les suma la fuerte preocupación con la que quedaron personas como Candelario, quien cuenta que los síntomas desaparecieron, pero no sabe si vendrá algo más que se gesta de manera silenciosa. Será hasta dentro de varios años que finalmente se den cuenta, dice.

Cáncer o enfermedades similares están en boca de las comunidades como una posibilidad que no descartan. La falta de información por parte del gobierno les genera más temor de que en un futuro puedan desarrollarlo, pues ni siquiera supieron a qué estuvieron expuestos. 

De hecho, las personas de la región deberían de ser sometidas a estudios de largo plazo para ver afectaciones de la salud, dijo la integrante de la organización Earthworks, Patricia Rodríguez, porque los gases que se liberaron a la atmósfera pueden generar graves problemas. 

Adán Cruz de la comunidad López Rayón es uno de los afectados de la explosión. Foto: Ana Alicia Osorio

Los miedos no quedan allí. Está el temor a quedarse con problemas económicos que trajeron consigo los daños causados por el pozo y que se han incrementado tras las vueltas que les han hecho dar. Nadie en la región sabe cómo se repondrá para volver a trabajar las tierras si no les pagan la indemnización prometida.

Además, está presente el miedo de que el pozo vuelva a explotar, pero esta vez no vivan para contarlo. Creen que si fue capaz de quemar todo alrededor con solo la “sal” que caía, podría ser también capaz de consumir todo de un flamazo.

En la zona aún transitan camiones de carga con material que llevan al pozo. Aunque fue apagado el 2 de agosto pasado, todavía no se terminan los trabajos y nadie le ha informado a las comunidades qué es lo que están haciendo aún, cómo avanzan o si tienen algún riesgo, lo que solo abona al miedo de todas las personas. 

“Lo que todos pensamos, de aquí de la comunidad, de que nos vaya a explotar eso y vaya a ser una pérdida peor todavía”, finaliza preocupada Romalda. 

Este trabajo se publicó originalmente en Causa Natura Media y se reproduce como parte de un acuerdo con Territorial, Alianza de Medios 

Diseño de portada: Andrea Cabrera

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