Lado B
Un gigante en hombros de gigantes
Por Martín López Calva @m_lopezcalva
07 de julio, 2021
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“If I have seen further, it is by standing upon the shoulders of giants”. (Si he podido ver más allá es porque me encaramé a hombros de gitantes).

Atribuída a Isaac Newton.

“Esta crisis abierta por la pandemia me ha sorprendido enormemente, pero no ha sorprendido a mi forma de pensar, más bien la ha confirmado. Porque, al fin y al cabo, soy hijo de todas las crisis que mis noventa y nueve años han vivido. El lector comprenderá entonces que encuentre normal esperar lo inesperado y prever que lo imprevisible pueda acontecer. Comprenderá que tema las regresiones, que me preocupen las oleadas de barbarie y que detecte la posibilidad de cataclismos históricos. Comprenderá también por qué no he perdido toda esperanza. Comprenderá, por tanto, que quiera despertar conciencias dedicando mis últimas energías a este libro”.

Edgar Morin. Cambiemos de vía.

Como bien dijo —si es que lo dijo, porque está en debate la autoría de esta frase— Isaac Newton, si algún descubrimiento nuevo se llega a realizar, si alguna idea novedosa surge en la mente de alguien, si se realiza la maravilla de un descubrimiento científico o se logra la magia de una gran obra literaria, poética o artística de cualquier tipo, siempre es porque su autor, su descubridor, su creador ha logrado ver más allá que la mayoría de los mortales porque se ha encaramado en hombros de gigantes.

El pensamiento y la creación cultural de la humanidad se produce mediante un proceso acumulativo y progresivo en el que cada obra tiene antecedentes en otras obras que le precedieron y cada científico, intelectual, artista o inventor tiene influencias de muchos de los que en su campo o en algunos campos afines han legado a la humanidad los productos de su talento, su razón, su sentimiento y su imaginación.

Como dice Antonio Machado en voz de Juan de Mairena: Todo lo que sabemos lo sabemos entre todos, porque nadie puede atribuirse la creación de cualquier obra o el descubrimiento de cualquier explicación científica en su totalidad. Nadie parte de la nada. En este proceso acumulativo y progresivo en el que se avanza y se retrocede continuamente, en el que se logran algunos éxitos a partir de muchos fracasos e intentos infructuosos, hay etapas y obras de seguimiento de una línea, estilo, cultura o tradición, y momentos de ruptura y cambio de paradigma que revolucionan un campo del pensamiento o del arte.

Los momentos y obras de continuidad son más en cantidad y frecuencia que los de ruptura y cambio paradigmático o estilístico por razones obvias: es mucho más común, aunque no sencillo, hacer avanzar o aportar cosas originales dentro de un determinado horizonte que transgredirlo, romperlo y generar una nueva forma de entender y de hacer las cosas.

De ahí que la frase atribuida a Newton sobre la capacidad de ver más allá gracias a subirnos en hombros de gigantes es realmente cierta y sabia, y se cumple tanto en los casos en los que nos encaramamos en hombros de gigantes para ver más allá pero en la misma dirección —continuidad y profundización de un enfoque, estilo o paradigma—, como en los casos en que alguien se sube en hombros de gigantes para mirar hacia otro lado y realizar una ruptura, descubrir un punto de quiebre que marque nuevas rutas.

La frase de Newton, según nos dice Jorge Alcalde en un artículo de La razón, es también atribuida al teólogo y filósofo Juan de Salisbury (1120-1180) que en su obra Metalogicon de 1158 escribió: “Nos sumus sicut nanus positus super humerus gigantis”. (Somos como enanos colocados a hombros de gigantes).

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Esta otra formulación de la idea plantea la humildad de la mayoría de los que de alguna manera seguimos el camino trazado por otros, por gigantes que nos precedieron, pero aunque aportemos algunos pequeños elementos novedosos, algunas variantes de interés o cierta profundización en los temas que trabajamos en nuestros respectivos campos, somos realmente como enanos que no podemos compararnos con aquellos gigantes que nos sirven de plataforma para mirar un poco más adelante.

Sin embargo hay casos como el que ocupa hoy nuestra Educación personalizante en los que surgen gigantes que se encaraman en hombros de otros gigantes que les precedieron en la historia pero cambian, como ya dije, los paradigmas en los que está sustentado determinado modo de pensar, actuar, sentir, producir o relacionarse.

Me refiero en este caso concreto a Edgar Morin, el pensador planetario, padre del pensamiento complejo y precursor de la visión del desarrollo sustentable y de la investigación cualitativa en los campos de las ciencias humanas y sociales.

El tema de esta semana no podría ser otro puesto que el jueves 8 de julio, Morin —cuyo nombre original es Edgar Nahum, francés de origen judío sefardí que cambió su apellido por la necesidad de anonimato para salvar su vida durante su participación en la resistencia francesa contra los nazis— cumple cien años de vida.

En la introducción de Cambio de vía, uno de sus libros más recientes, editado en este año de su centenario, Morin hace un recorrido por todas las etapas de grandes cambios y crisis históricas que ha vivido de manera directa: la Segunda Guerra Mundial, la posguerra y la Guerra Fría, el surgimiento de la rebeldía juvenil de los años sesenta incluyendo el mayo del 68 francés que reporteó de manera directa desde dentro de la universidad, la caída del muro de Berlín y del socialismo real, el surgimiento de la globalización y de la llamada sociedad del conocimiento —más precisamente, sociedad de la información— incluyendo el auge de las redes sociales, etc.

En todas estas etapas Morin estuvo en el frente directo de batalla, pensando y viviendo los cambios con la visión de quien busca comprender lo que ocurre y no juzgar ni defender lo establecido ni tampoco dejarse llevar por los movimientos o las modas consideradas progresistas en su momento. Como él bien lo dice, su postura ha sido siempre la de “ser un conservador de todo lo que haya que conservar y un revolucionante de todo lo que haya que revolucionar”.

En todas estas etapas mostró siempre un pensamiento crítico y fecundo que no se dejó envolver por los cantos de sirenas de las grandes ideologías, incluyendo la del marxismo en la que se formó y militó inicialmente, y al que luego cuestionó en su determinismo histórico-social hasta ser expulsado del Partido Comunista Francés por sus planteamientos críticos, que se atrevió a publicar después de su salida en su obra Autocrítica.

Desde finales de los años sesenta fue uno de los que señaló que el problema del medio ambiente no era de carácter exclusivamente tecnológico ni se debía solamente a una serie de contaminaciones, sino que era el resultado de una crisis de la forma de vivir y concebir el desarrollo así como la organización socio-política y económica del mundo, la forma en que convivimos los seres humanos en y con la naturaleza.

Por supuesto, su aportación central está encerrada en los seis volúmenes de El Método (La naturaleza de la naturaleza, la vida de la vida, el conocimiento del conocimiento, las ideas y la Ética —y en un volumen inédito titulado El devenir del devenir que no lo dejó satisfechó y se negó a publicar—), donde plantea el nuevo paradigma de la complejidad, que es al mismo tiempo una brillantísima síntesis de muchos elementos del pensamiento occidental —y algunos del oriental— en lo antropológico, filosófico, sociológico, biológico, sistémico, cultural, etc., y una aportación original que si se estudia y se comprende cabalmente implica un viraje profundo de nuestra forma de entender el mundo, de entendernos a nosotros mismos y de entendernos en el mundo.

Se trata de un caso que no ocurre muchas veces en la historia de la humanidad: un gigante en hombros de gigantes, que es —al mismo tiempo— un ser humano empático, sensible, vital, comprometido, esperanzado y auténtico, empeñado a sus cien años en seguir despertando conciencias y contagiando esperanza en estos tiempos de desesperanza. Muchas felicidades, maestro.

*Foto de portada: Wikimedia Commons

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Autor Lado B
Martín López Calva
Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Realizó dos estancias postdoctorales en el Lonergan Institute de Boston College. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, del Consejo Mexicano de Investigación Educativa, de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores y de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación. Trabaja en las líneas de Educación humanista, Educación y valores y Ética profesional. Actualmente es Decano de Artes y Humanidades de la UPAEP, donde coordina el Cuerpo Académico de Ética y Procesos Educativos y participa en el de Profesionalización docente..
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