Lado B
¿Por qué no me preguntan?
Por Espacio Ibero @
24 de junio, 2021
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Mtra. Mariana Solana Filloy

Los últimos meses, por distintos motivos, he estado muy cerca del tema de Educación Inclusiva. He revisado muchos documentos al respecto, tomé algunos cursos y sobre todo he podido platicar sobre esto con especialistas, con alumnos y profesores.

Esto en ningún sentido me hace experta sobre el tema, todo lo contrario, me ha mostrado todo lo que no sabía y lo que todavía no sé de la educación inclusiva y justo eso es lo que quiero compartir con ustedes: algunos aprendizajes, lecciones y sobre todo pendientes que me han dejado estos últimos meses.

Lo primero con lo que me topé al iniciar la revisión fue con una perspectiva muy distinta a la que yo estudié en las pocas asignaturas que abordaban el tema en mi carrera. Las corrientes que conocía abordaban la discapacidad como algo a resolver y, en el ámbito educativo, se planteaban escenarios que pudieran brindar servicios “especiales” para atender a los estudiantes con alguna condición de discapacidad. Estos servicios normalmente contemplaban acciones fuera del aula “regular”, procesos paralelos e incluso instituciones educativas independientes.

Lo que encontré en esta revisión fue un modelo completamente diferente, una perspectiva en la que se plantea que lo que hay que resolver son las barreras que el sistema y las instituciones educativas han construido, tal vez desde el desconocimiento o desde una mirada unilateral, y que impiden el acceso y desarrollo educativo a personas con distintas condiciones de discapacidad. Es decir, las barreras las tienen el sistema y las instituciones, no las personas.

Como docente y orientadora educativa esta perspectiva me hizo cuestionar mis acciones cotidianas. La pregunta: ¿qué barreras he puesto yo a mis estudiantes? se quedó conmigo y creo que mantenerla como acompañante constante en mi práctica puede ser una buena herramienta para abonar a la construcción de espacios inclusivos.

Otro aprendizaje que me parece importante compartir es la magnitud de lo que busca la educación inclusiva. Solemos dar por hecho la relación entre inclusión y discapacidad, sin embargo, esta última busca mucho más. La Educación Inclusiva contempla que cada persona tiene necesidades distintas; claro, puede haber ciertos factores comunes en distintas etapas de desarrollo y ciertos alcances esperados, sin embargo, pensar que solo las personas con discapacidad requieren de adecuaciones o procesos personalizados es quedarnos muy cortos.

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La Educación Inclusiva propone la construcción de ambientes de aprendizaje en los que se aborde la diversidad, con toda la complejidad que esta conlleva. La creación de espacios en los que la flexibilidad, las adecuaciones y, sobre todo, una cultura en donde se valore el respeto y la diversidad, estén presentes. Esto permitirá que se atiendan necesidades de estudiantes con discapacidad, que se aborde la interculturalidad, que se potencien las aptitudes sobresalientes, que se respeten ritmos y trayectorias escolares, que se pongan en práctica modelos sociales distintos y mucho más. La Educación Inclusiva pasa de ser una forma de atender a ciertos estudiantes a un modelo que busca atender a todos de la manera en que lo requieren.

No quiero romantizar la idea, tengo claro que este cambio contempla modificaciones en todos los niveles de una institución y sistema educativo, pero me parece que hay elementos, sobre todo de la cultura en el aula, que como profesores podemos propiciar.

Un tercer aprendizaje que quiero compartir con ustedes surge a partir de varias conversaciones con Carmen, estudiante de licenciatura con una condición de discapacidad visual grave. Al platicar con ella sobre su experiencia en la universidad me habló mucho de la buena disposición de los profesores, del apoyo de distintas áreas e incluso de varias aplicaciones digitales que facilitan sus estudios, pero hubo un comentario que me parece importante resaltar: “La mayoría de las personas con las que me he topado han tenido muy buena disposición para ayudarme e intentan hacer muchas cosas por mí, pero me desespera que nadie me pregunte qué necesito. ¿Por qué no me preguntan?”.

Al profundizar en esto me habló de como las personas a su alrededor suelen dar por hecho lo que necesita y toman decisiones por ella, sin tomarla en cuenta. Me contó anécdotas en donde algunos profesores modificaron por completo dinámicas de clase o actividades pensando que eso le convenía a Carmen, cuando tal vez ella solo necesitaba que le permitieran grabar audio de la clase o que le mandaran las lecturas con más tiempo de anticipación para poder escucharlas con una aplicación que tiene en su computadora.

Preguntar al estudiante qué necesita me parece una regla de oro de la Educación Inclusiva que posibilita conversaciones mucho más horizontales y que lleva a la toma de acciones pertinentes y útiles para los involucrados. Abre la puerta también a la corresponsabilidad en los procesos, a la empatía y a conversaciones más reales y sin miedos que generen esta cultura de diversidad y de respeto en nuestras aulas.

*Foto de portada: Jeswin Thomas | Pexels

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