Lado B
¿Cuál es la función de la escuela?
Por Ibero Prensa @
20 de mayo, 2021
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Dra. Amaranta Cornejo Hernández

Hace algún tiempo recibí la invitación de comentar el libro de Daliri Oropeza titulado Docentes de a pie. Enseñar en la pandemia. Me animé a hacerlo pensando en el diálogo con la investigación que realizo sobre las condiciones bajo las cuales algunas mujeres académicas realizamos nuestro trabajo durante la pandemia en México. El libro lo leí en una sola tarde, me atrapó con cada uno de los seis textos que incluye, más la presentación inicial que hace la periodista Daniela Pastrana. El pasado 30 de abril tuvimos la presentación, la cual se convirtió en un emotivo diálogo. Retomo aquí algunas notas de la lectura.

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Daliri, autora del libro en cuestión, nos introduce a la labor que cada docente, en lo individual y colectivo, ha realizado para hacer posible el espacio de socialización y aprendizaje en diversas geografías de México durante los primeros meses de la pandemia por COVID-19. De esta forma, contamos con un registro de cómo fue educar en los primeros meses de la pandemia, construyendo así una historia colectiva. Además, nos aporta miradas situadas en tiempo y espacio sobre experiencias sostenidas por la organización gremial de algunas secciones de la CNTE.

Conforme leí el libro dos preguntas me acompañaron: ¿cuál es la función de la escuela y cuál la de las y los docentes? A lo largo de las historias que nos presenta Daliri, me fue quedando por demás claro que la función docente ha sido la de sostener los hilos de una trama social muy desmadejada, por diversas problemáticas, las cuales se han visto agravadas durante la contingencia por COVID-19. El día que presentamos el libro, Luz María Moreno Medrano, colega de la Ibero CDMX, puntualizaba la diferencia entre educación y escolarización, ya que la primera sería ese espacio de aprendizaje que va más allá de los muros de una escuela, y que es justamente lo que muchas y muchos docentes han estado haciendo.

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Gracias a lo que la autora misma reconoció como un cúmulo de preguntas, incluso obvias, podemos ahora tener una mirada amplia sobre las condiciones con las cuales hacer escuela: condiciones materiales precarias para el magisterio, así como para el estudiantado y sus familias, más los procesos estructurales de exclusión social, como lo son la pobreza, el racismo y el clasismo. Ante estas realidades, las y los docentes han tenido que abrirse a esas diferencias, y echar mano de la investigación educativa para poder elaborar propuestas pedagógicas distintas a las que existían antes de la llegada del SARS-CoV-2. Como nos decía una de nuestras acompañantes en la presentación del libro, Erika Candelaria Hernández, también retratada en ese texto, la pandemia catalizó cambios y ajustes a los programas escolares, lo cual fue posible dada la construcción de autonomía educativa que gremialmente han hecho durante décadas.

Sin embargo, la función docente no se queda en el espacio y tiempo del aula, se extiende en tanto forma de vinculación con los entornos de sus estudiantes. Cada uno de los relatos situados en Oaxaca, Guerrero, Chiapas e Iztapalapa nos permite ver cómo esta educación comprometida con el tejido social se da por un cotidiano hacer comunidad, tanto al interior del gremio, como hacia las comunidades de vida del estudiantado. Por ello, a lo largo del libro veremos cómo es el diálogo entre estas comunidades lo que permite saber qué actividades son posibles y cuáles no, y en qué momento. Las y los protagonistas de Docentes de a pie nos dejan muy claro cómo el reto ahora no es volver a las aulas, sino “repensar la vida hoy” porque la pandemia nos permitió ver la crisis, y también las alternativas, muchas de ellas basadas en dinámicas de vida comunitaria.

* Foto de portada: August de Richelieu | Pexels

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