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Todos queremos el regreso a clases presenciales, pero...
Por Ibero Prensa @
22 de abril, 2021
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Mtro. Omar Gutiérrez Peral

La discusión sobre la vuelta a clases presenciales en educación básica va ampliándose y a poco más de un año del cierre de las escuelas, nadie pone en duda la conveniencia del regreso, pero ¿en qué medida se cumplirán las condiciones necesarias para ofrecer entornos de bienestar a las comunidades escolares?

Domingo

Domingo

Aunque mantengo mi defensa por las bondades de la educación virtual, como lo prueban las instituciones que han transitado hacia escenarios virtuales de aprendizaje con éxito en los últimos meses, coincido con quienes señalan que, en lo general, la deficiente planeación e instrumentación de la estrategia actual ha significado que millones de estudiantes se rezaguen en su aprovechamiento escolar. A lo anterior, habrá que sumar afectaciones más allá de lo curricular; entre ellas, el papel relevante de la escuela en el desarrollo de habilidades sociales y que ha estado ausente, lo mismo que su función niveladora (hasta cierto punto) de las desigualdades sociales, o su efecto paliativo en circunstancias de violencia.

Por estas razones, el regreso a la presencialidad es necesario, pero debe planearse tomando en consideración todas las aristas implicadas y asegurando el cumplimento de las condiciones necesarias para una reapertura segura. Ni siquiera hay que devanarse los sesos para encontrar la respuesta, basta con tomar nota de experiencias internacionales en las que las escuelas permanecieron abiertas mientras otros espacios estuvieron cerrados, o fueron primeras en retomar actividades presenciales luego de un confinamiento, logrando mantenerse en ambos casos, como espacios seguros.

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En los Países Bajos, por ejemplo, además de los protocolos (uso obligatorio de cubrebocas, sana distancia, lavado frecuente de manos, ventilación y desinfección de espacios) estándar, se trazaron rutas intraescolares de circulación y descansos al aire libre, como parte de las medidas de prevención. La asistencia escalonada y desdensificada a planteles, así como la permanencia no extendida (cuatro horas máximo, dicen los expertos), serán también importantes acciones precautorias a incorporar.

Además de prevenir, será importante incorporar acciones para la identificación temprana de contagios. Entre ellas, bien valdría la pena señalar el caso de una universidad poblana que ha incorporado un sistema de monitoreo diario de signos y síntomas para su comunidad escolar o, lo hecho en Inglaterra, país en el que durante las dos primeras semanas de retorno a actividades presenciales, se realizaron tres pruebas semanales para detección de COVID a toda la comunidad escolar y que pasado ese tiempo, adoptó la práctica de otorgar a los estudiantes dos pruebas por semana. En Escocia, para mencionar un tercer caso, el personal que trabaja en escuelas recibe dos pruebas por semana.

Prevención y detección rápida serán fundamentales para evitar una propagación masiva de contagios y aquí me detengo para preguntar ¿qué tanto están preparando las autoridades educativas federales y estatales, el regreso a la presencialidad tomando en cuenta todas las medidas antes señaladas? ¿tendrán las escuelas protocolos robustos de prevención y detección rápida de contagios? ¿estarán equipadas con toda la infraestructura e insumos necesarios?¿qué tan responsables serán las comunidades escolares cumpliendo su parte? Si no adoptamos todas las medidas antes señaladas, me temo que la tendencia global, que muestra una incidencia de contagios mucho más baja en las escuelas en comparación con otros espacios, tendrá en el caso mexicano, una excepción.

Me preocupa, además del tema estrictamente sanitario, la planificación de espacios para el aprendizaje en las condiciones que impondrá el regreso a la presencialidad. La escuela, no será la misma cuando volvamos, los estudiantes tampoco. Por eso, hay que añadir a las acciones una campaña de formación a profesores en dos aspectos clave:

  • La dimensión afectiva del proceso de aprendizaje
  • La promoción de la autorregulación del aprendizaje

Finalmente, señalaba líneas arriba que la educación virtual no significa un fracaso por sí misma. Espero que esto no se olvide y se ofrezca continuidad a los estudiantes que encontraron en esa modalidad una buena alternativa para continuar su formación incorporando estrategias didácticas para entornos híbridos de aprendizaje, que aprovechen de manera complementaria contextos intra y extraescolares y brinden a los estudiantes la posibilidad de aprender a lo largo y ancho de la vida, quien sabe, tal vez ese sea el futuro de la educación y estemos en los albores de una nueva era ¿llegará el momento en el que la potencia de las nuevas ecologías de aprendizaje sea aprovechada por todos sin distingo de nivel socioeconómico? Ojalá.

*Foto de portada: RODNAE Productions | Pexels

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