Lado B
¿Quién cuidará a los docentes?
Por Martín López Calva @m_lopezcalva
02 de marzo, 2021
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“En este sentido podemos responder a la cuestión planteada por Karl Marx en una de sus tesis sobre Feuerbach: ¿Quién educará a los educadores? Será una minoría de educadores animados por la fe en la necesidad de reformar el pensamiento y regenerar la enseñanza. Serán unos educadores que tengan interiorizado ya en ellos el sentido de su misión”.

Edgar Morin, La mente bien ordenada, p. 132.

Se habla mucho hoy, y también se escribe mucho, sobre el efecto que está teniendo la pandemia y la educación a distancia obligada en los niños, niñas y adolescentes que deben aprender desde su casa, sin poder socializar con compañeros y compañeras de su edad, sin contacto con los docentes y bajo la vigilancia —muchas veces positiva, pero otras veces invasiva y dañina— de sus padres, quienes normalmente no los observan en clases ni intervienen en sus momentos de armonía o conflicto dentro del aula o en el patio escolar.

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Aunque no soy psicólogo ni experto en el tema de las habilidades socioemocionales o del desarrollo infantil, he escrito algunas líneas en estas entregas de Educación personalizante que hablan de la necesidad de estar al tanto —con incluso mayor prioridad que el avance programático de las asignaturas y contenidos marcados para cada ciclo y nivel escolar— de la experiencia que están teniendo los educandos en su aprendizaje desde casa y las situaciones emocionales que están viviendo.

Muchos de los niños y niñas, como bien sabemos, han tenido pérdidas de familiares cercanos, incluso de sus papás o mamás, o se han visto obligados a irse a vivir con tíos o abuelos temporalmente para cuidarse de posibles contagios, porque sus padres salen a trabajar y están expuestos al virus.

Todos conocemos casos como estos o nos han contado de situaciones similares. Pero me temo que aún es poca la atención que se le está prestando a estas vivencias, y lo que de ellas pueden aprender los futuros ciudadanos de nuestro país para madurar emocional y humanamente, más allá de algunas conferencias o webinars al respecto. Muchos profesores siguen centrando su atención en el contenido y no en la persona que tienen enfrente en la pantalla, el micrófono o el chat.

Se habla hoy de una segunda pandemia que está viviéndose en paralelo a la ocasionada por COVID-19, y esta es la de la salud mental y emocional. Situaciones de estrés, depresión, ansiedad y otros trastornos psicológicos están empezando a extenderse en la población que ha vivido prácticamente encerrada durante casi un año, viendo enfermar o morir a gente cada vez más cercana.

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Pero además de los estudiantes, creo que deberíamos preguntarnos, adaptando la pregunta de Marx que cita Morin en el epígrafe de hoy: ¿Quién cuidará a los docentes? ¿Quién o cómo podemos los profesores y profesoras lidiar con estas experiencias que estamos viviendo también, y que nos afectan de igual manera que a los educandos? Porque somos humanos y tenemos los mismos miedos, la misma incertidumbre, los mismos casos de dolor o pérdida que nuestros estudiantes.

Lo percibo y lo hablo con mis colegas de la universidad, nos lo dicen los profesores de hora-clase o los pares de otras instituciones, me lo comparten y preguntan los profesores de las instituciones que hacen el favor de invitarme a dar alguna charla o conferencia, o a participar en un webinar sobre cualquier tema educativo.

Los docentes también estamos agotados, desgastados, golpeados por la incertidumbre permanente, por la desaparición de la frontera entre el trabajo y el hogar, por el traslape del horario laboral con los horarios de nuestra vida privada individual o familiar, por la falta de contacto personal con nuestros estudiantes y con nuestros colegas que hace que tengamos mucho menor retroalimentación y motivación cotidiana para afrontar nuestro trabajo.

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Foto: Vanessa Garcia | Pexels

Y lo peor de todo es no saber cuándo podría terminar esto; ver progresivamente cómo se aleja la posible salida del túnel.

Y lo peor de todo es que nos estamos acostumbrando y empezamos a desarrollar el síndrome de la cabaña que hace que nos invada el miedo a salir, a encontrarnos con alguien, a cruzar unas palabras con el vecino.

Y lo peor de todo es escuchar, ver y leer a los grandes expertos y opinólogos diciendo que después de la pandemia nada volverá a ser igual, ninguna cosa se reacomodará en su sitio.

Se nos pide cada vez más pero ¿quién cuida de nosotros? ¿A quién le importa realmente el desgaste emocional y físico que está implicando todo esto? ¿A las autoridades que antes de preguntarnos cómo vamos viviendo nuestro trabajo nos piden evidencia tras evidencia que les demuestre que estamos trabajando? ¿A los educandos que muchas veces reclaman que nos falla la conexión a internet o que la sesión de clase no es suficientemente divertida? ¿A los padres de familia que piensan que sus hijos no están aprendiendo nada o que reclaman cada detalle que ven en la pantalla durante la clase de sus hijos?

Tal vez la respuesta sea la misma que da Morin a la pregunta de Marx sobre quién educará a los educadores: tal vez sea esa minoría de educadores animados por la fe en la necesidad de reformar el pensamiento ante los desafíos de este mundo en pandemia, la minoría de educadores que se comprometan día a día con regenerar la enseñanza, los que tengan interiorizado en ellos el sentido de su misión.

Puede ser que sean estas minorías las que nos cuiden de este desgaste porque nos mostrarán que es posible seguir educando y hacer las cosas de otra manera, conservar la esperanza, seguir empeñados y comprometidos.

Es posible que esas minorías puedan contagiarnos de su fe y de su compromiso simplemente con su testimonio. Puede ser factible que generemos espacios para escuchar a esas minorías de educadores que siguen en pie de lucha; espacios para compartir nuestros miedos, nuestras frustraciones y nuestros buenos momentos, nuestras anécdotas de logros, de retroalimentación positiva de nuestros alumnos, de estrategias y tips para lograr determinadas cosas que a otros se nos dificultan.

Podría darse el caso de que, organizados en comunidades profesionales de aprendizaje, esas minorías nos vayan acompañando y nosotros también les acompañemos en este arduo camino del año, o los años que tendremos que vivir todavía encerrados.

Es ese eros que, como dice Morin, es a la vez deseo, placer y amor por transmitir, amor por el conocimiento y amor por los alumnos, lo que probablemente nos pueda ir salvando día a día, “sólo por hoy” del tedio, del desgaste y el burnout que nos acechan todos los días y a todas horas.

Porque agrega con acierto: donde no hay amor, donde no existe ese triple amor —por transmitir, por el conocimiento mismo y por cada educando como persona— lo que existen son solamente problemas “de carrera, de dinero” para el maestro, y de aburrimiento para el alumno.

Mantengamos el contacto con esas minorías creativas y comprometidas. Mejor aún, hagámonos parte de esas minorías y desarrollemos, cultivemos, mantengamos vivo ese triple amor para salvarnos de esta situación tan dura, y para seguir contribuyendo a que no se pierdan estas generaciones que pueden y deberían tener las herramientas para cambiar al país en el futuro.

Para ello necesitamos, dice Morin, fe en la cultura y fe en las posibilidades del espíritu humano, incluyendo las de nuestro propio espíritu.

¿Quién cuidará de los docentes en esta pandemia de salud física, mental y emocional? Hagámoslo nosotros mismos, cuidémonos y cuidemos de los demás.

*Foto de portada: Julia M Cameron | Pexels

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Autor Lado B
Martín López Calva
Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Realizó dos estancias postdoctorales en el Lonergan Institute de Boston College. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, del Consejo Mexicano de Investigación Educativa, de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores y de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación. Trabaja en las líneas de Educación humanista, Educación y valores y Ética profesional. Actualmente es Decano de Artes y Humanidades de la UPAEP, donde coordina el Cuerpo Académico de Ética y Procesos Educativos y participa en el de Profesionalización docente..
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