Lado B
Así se vive el feminismo comunitario en los municipios de Puebla
La organización de mujeres en las comunidades del estado de Puebla supone un esfuerzo no sólo de quienes se asumen como feministas, también de mujeres mayores que ya no quieren vivir en contextos de violencia contra la mujer, aunque eso conlleve señalamientos y hasta persecuciones
Por Sam Nolasco @aguunda
04 de febrero, 2021
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“El punto de la centralización del poder económico y político [es que] entre más lejos te encuentres de la ciudad –llámese ciudad de Puebla, ciudad de Tehuacán, Ciudad de México– más lejos se mira el acceso a la justicia”, sentenció Yuteita Hoyos en entrevista para LADO B, quien es originaria de la comunidad Ñuu Davi Santa Catarina Tlaltempan, que se ubica en la región mixteca al sur del estado de Puebla.

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Yuteita emigró a la capital del estado para estudiar Derecho en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) y desde su formación señala la situación de un país en donde hay ventajas y visibilidad solamente para las centralidades; lo que deja en desventaja a las mujeres que articulan luchas desde la periferia y las comunidades.

El gobierno y las empresas son omisas ante las comunidades en donde no se tiene acceso a servicios básicos como la salud, la educación y la justicia, lo que permite la permanencia de estructuras de opresión, violencia, empobrecimiento que llevan hasta la muerte de las mujeres en los pueblos más alejados del centro, ya sea de un estado o del país.

LADO B contactó a ocho colectivas feministas y de mujeres organizadas que comenzaron a tejer redes en distintas regiones del estado de Puebla: en el norte, a Brujas Serranas; en el sur, a la colectiva Ñivi dii xindé Ñivi diia, la Red de Mujeres de la Mixteca, Siemprevivas y Gato Perro; al este, a Mujeres Trabajando por los Derechos Humanos (Mutradh) y, al oeste, a Las Ácratas y el Frente Teziuteco.

Violencia del Estado en las comunidades

En la colectiva Ñivi dii xindé Ñivi dii  Mujeres apoyando mujeres—, que se creó hace dos años, y la Red de Mujeres de la Mixteca que brinda asesoría legal y psicológica a mujeres, está conformada por comunidades de la mixteca y la sierra Negra poblana, Yuteita Valeria Hoyos ha podido convivir con mujeres cuya complicación principal para el acceso a sus derechos es vivir a dos o hasta 8 horas de distancia desde Puebla Capital.

Para acudir a un ministerio público, un juzgado familiar o un hospital en la mixteca las distancias que se deben recorrer pueden tomar hasta 4 horas, además de que los costos de transporte son impagables para muchas de las mujeres de origen rural e indígena, lo que les dificulta obtener solución a sus demandas.

“Si [las víctimas] no van con una abogada particular [a los ministerios o juzgados] las ignoran, las tachan de ignorantes, porque hay un prejuicio enorme sobre las mujeres de las comunidades. Si eres de una comunidad [asumen que] tienes que ser ignorante, tienes que ser sumisa, si eres de un pueblo tienes que quedarte callada”, relató la abogada en entrevista con LADO B.

La mixteca poblana también tiene un antecedente de vejación institucional a la salud reproductiva de las mujeres originarias de esta zona –entre los años 1960 a 1970– según el testimonio de Hoyos, “son muy conocidos los casos de esterilización forzada en la zona de Acatlán de Osorio”, en donde familiares de las víctimas, como las suegras o los esposos, por no conocer el idioma español, firmaron documentos aceptando la esterilización.

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Sin embargo, las problemáticas de acceso a los derechos de salud –como los derechos sexuales y reproductivos– siguen vigentes; en el ámbito rural es sumamente difícil acceder a un hospital con las condiciones necesarias para un parto o para una operación, además de que el transporte debe ser particular porque no existe otra forma de llegar. 

“Me ha tocado asesorar casos de la Sierra Negra donde el hospital más cercano está hasta cinco o seis horas en un taxi privado, que cobra más de 500 pesos por traslado”, dijo Yuteita Hoyos.

También en los asuntos del orden familiar, como la violencia familiar, se tienen complicaciones para obtener justicia, ya que sucede con frecuencia que para temas de pensiones alimenticias, problemas de guarda y custodia, las afectadas tengan que trasladarse hasta la cabecera distrital del lugar donde se suscitan los hechos.

Además, “los costos a mediano plazo suelen ser insostenibles, y eso impide que las mujeres podamos acceder a la justicia”, describió Valeria Hoyos como parte de la violencia institucional hacia las mujeres mixtecas.

Mientras que en Teziutlán, en la sierra norte del estado, “donde las maquiladoras textiles son una fuente importante de trabajo”, integrantes del Frente Feminista Teziuteco han identificado que en su región predomina la violencia laboral y económica hacia las mujeres, “[existe] un pago desigual entre hombres y mujeres”, comenta Kate S. sobre las problemáticas de su comunidad. 

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Por lo que desde diciembre de 2019 han realizado movilizaciones en el espacio público como tendederos del acoso, talleres de nuevas masculinidades, talleres de empoderamiento femenino, además de otras actividades, como la difusión de los temazcales curativos, rituales para abrir conciencias y tributos a la madre tierra

La normalización de la violencia y la revictimización

Así se vive el feminismo comunitario en los municipios de Puebla

Foto: Cortesía

La organización en Huitziltepec, al sur del estado, también le dio a las mujeres de esta comunidad la cualidad de observar otros temas como la insensibilidad y la revictimización ante la violencia. “Una vez una muchacha desapareció y una señora me dijo que seguramente le había pasado eso ‘porque andaba de loca’. Es muy difícil ver que las mujeres no se conduelan de lo que sucede con otras mujeres. En Facebook hasta me han dicho: ‘ya no publiques eso, son puras cosas tristes»’, compartió con pesar la señora Herminia Sánchez de la Colectiva Siemprevivas en Huitziltepec.

Algo similar sucede con las desapariciones de mujeres en el municipio de San Martín Texmelucan al oriente de Puebla Capital, en donde la comunidad automáticamente las relaciona con el huachicol sin que haya una investigación en curso.

“Estos supuestos rumores nunca se terminan de desmentir, ya que no hay investigaciones al respecto; al final no hay nada comprobable, y aunque así fuera [sus relaciones interpersonales no son motivo para criminalizarlas], ¿por qué la manera de tratar los cuerpos de las mujeres es desaparecerlos; por qué con los cuerpos de las mujeres es de esa forma?”, se lamenta Maricarmen Farfán, integrante de la colectiva Las Ácratas en San Martín Texmelucan.

El panorama de feminicidio pinta complicado para San Martín Texmelucan que, con tres feminicidios, se encuentra en el top 100 de municipios en donde se cometió dicho delito, de enero a diciembre de 2020, según el último “Informe sobre violencia contra las mujeres, incidencia delictiva y llamadas de emergencia 9-1-1, del Secretariado Ejecutivo de Seguridad Pública”.

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Así, la desaparición de Alondra, una niña de 13 años, en 2018, gestó la organización de Las Ácratas “por el miedo sobre todo de las madres de que sus hijas desaparecieran”. Pero no fue hasta febrero de 2020 que se concretaron las manifestaciones; en ese año, se dieron por el feminicidio de Elizabeth Orea Martínez, quien fue asesinada por su ex marido mientras estaba en su casa.

“Para nosotras [el 14 de febrero, cuando falleció Elizabeth Orea,] es un día difícil de olvidar porque vemos lo devastador del amor romántico. [En este caso] hubo muchos problemas [de acceso a la justicia] ya que dejaron ir al presunto feminicida, [quien] hasta el momento sigue desaparecido y la carpeta está detenida, está completamente en el limbo”, destacó Maricarmen Farfán.

Machismo: uno de varios factores

Muchas de las problemáticas en las comunidades son un entramado complejo que tiene que ver con la violencia de género y el machismo, la violencia institucional, pero también  con el alcoholismo y la drogadicción, “ante este panorama la población masculina es renuente a pedir ayuda psicológica por la idea de que los hombres deben ser fuertes”, relató en entrevista para LADO B un integrante del Colectivo Gato Perro, quien prefirió el anonimato.

Este colectivo ha dado acompañamiento psicosocial a un total de 35 mujeres y tres hombres desde hace ocho años en Santa Clara Huitziltepec y tres en Tepapayeca en la zona de la mixteca donde no existen consultorios de asistencia psicológica.  

“La violencia contra la mujer está desbordada hasta el tuétano. Me parece una situación que está permeando en todas las capas de la sociedad, pero con más fuerza en las comunidades. Las prácticas de la masculinidad violenta es lo que más hemos detectado, está en cualquier lugar: casa, calle, barrio, de estas comunidades”, comentó desde su experiencia en el Colectivo Gato Perro.

Pobreza y falta de educación perpetúan los roles de género

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Foto: Cortesía

Brujas Serranas ha puesto en manifiesto que en comunidades apartadas y en las periferias todavía están muy presentes los roles de género, “de que el hombre al trabajo y la mujer a la cocina (…) es respetable; pero queremos mostrarles, sobre todo a las mujeres, que también tienen otras alternativas”, dice para LADO B Melanie Carrillo, una de las más de 50 integrantes de esta colectiva, quien estudió la carrera de Derecho en la BUAP.

Zacapoaxtla, la comunidad en la que Brujas Serranas nació, en la sierra norte, tiene en sus alrededores comunidades que se encuentran en situación vulnerable y con índices altos de pobreza y falta de acceso a la educación, otro de los derechos vulnerados que observa la abogada.

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En su experiencia, la falta de opciones y de acceso a una educación de calidad en las zonas alejadas obliga a las mujeres a permanecer en círculos de violencia. “Buscamos que el movimiento feminista no solamente llegue a las personas que pueden escribir o leer, sino que también se informen personas que se encuentran en zonas vulnerables”, explicó Carrillo sobre dar a conocer conceptos básicos de la teoría feminista en Zacapoaxtla.

Desde octubre de 2020, Brujas Serranas –la mayoría entre los 20 años– dan acompañamiento durante el aborto, terapias psicólogas, asesoría jurídica y apoyo para denunciar agresores, también dan talleres de qué hacer ante el abuso, cómo armar un pañuelo feminista, y arman pláticas sobre la menstruación digna –información de por qué los productos de higiene femenina no deben ser más caros–.

Pero al igual que los colectivos de otros municipios, han tenido detractores que han interrumpido sus actividades de difusión sobre el aborto y educación reproductiva, “hombres grandes, nos pasaban a gritar que éramos unas fáciles, que éramos unas asesinas. Nos costó muchísimo trabajo armarnos como colectivo en nuestro municipio; nosotras lo veíamos como algo imposible”, relató Melanie Carrillo sobre los acosos que sufrieron.

Las fichadas del pueblo

Siemprevivas, de la comunidad de la mixteca  Santa Clara Huitziltepec, es una organización de mujeres en su mayoría de 30 a 60 años que se juntaron para compartir y empezar un proceso terapéutico, según relató Herminia Sánchez, quien junto con Lluvia Soto comenzó esta colectiva hace más de ocho años.

“Estamos como fichadas en el pueblo; nos dicen: ‘no te juntes con esas viejas locas, por eso las dejó su marido’ y cosas así. Qué triste que vean así las cosas y nos vean así. [También pasa que compañeras] vienen a la terapia pero a escondidas de su familia o porque su pareja no las deja”, destacó Herminia Sánchez.

Estas persecuciones, segregación y señalamientos hacia las personas que velan por los derechos de las mujeres incluso han incrementado, consideró Aidé Contreras, quien fundó la organización Mujeres Trabajando por los Derechos Humanos (Mutradh) en Tehuacán.

“Estos asesinatos y desapariciones de mujeres han llamado a la conciencia social de muchas otras mujeres de aquí de Tehuacán, quienes han regresado con una formación feminista y han querido hacer organización; pero conservando su anonimato, porque ya saben que esto no es igual que cuando yo empecé en la defensa de los derechos humanos, que si eras periodista o activista había un cierto respeto, ahora decir que eres activista es ponerte en la mira de un francotirador, porque te pone en una situación de mayor vulnerabilidad”, destacó Aidé Contreras. 

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Destacó que antes cuando se organizaban manifestaciones en Tehuacán, “no había ese golpeteo y descalificaciones en las redes sociales, la sociedad se mantenía al margen, ahora no. No sé de dónde salieron tantos misóginos atacándonos horrible; no es que no existieran pero tampoco se hacían visibles”, dijo en entrevista para LADO B.

Feministas, o no, ellas solo quieren ayudar

Así se vive el feminismo comunitario en los municipios de Puebla

Foto: Cortesía

“Nuestros encuentros empezaron para ayudar a sanar, a identificar que nos pasaban cosas que no eran correctas. Empezamos a platicarnos cosas que nos sucedían a las mujeres del pueblo; cómo es que las vivíamos. Ahora que [mujeres adultas] nos seguimos reuniendo en mi casa tampoco ocupamos esos términos de feminismo”, comentó Herminia Sánchez de Siemprevivas.

“Hay un abanico extenso de lucha y organización de mujeres fuera del centro de Puebla que no son necesariamente feministas”, dice Lluvia Soto, también de la Colectiva Siemprevivas en entrevista para LADO B. “Hay que reconocer que las mujeres que luchan por la dignidad, por el territorio y contra las muchas formas de violencia, no se identifican con este término, históricamente; [la organización de las mujeres en las comunidades] se ha hecho más allá de estos conceptos”, agrega. 

Antes de estas reuniones, las mujeres de Huitziltepec no conocían los diferentes tipos de violencia que estaban pasando, “nos tocó aprender y lo empezamos a hacer con las terapias grupales”, relató Herminia Sánchez quien también destacó que las acciones de protesta se convirtieron en una tradición para ellas, como la velada del 8 de marzo. Esta velada es importante, dice Lluvia Soto, “por lo que significa tomar el espacio público de noche, [y que sean] solo mujeres, en una comunidad [conservadora] como es Santa Clara Huitziltepec”.

Al otro lado de la balanza, Brujas Serranas coinciden con la idea de no llevar el feminismo como bandera, aunque ellas sí se identifican como tales; están convencidas de que existen distintas formas de asumirse feministas y estar en las comunidades marca la pauta más importante: su objetivo no es imponer; es ayudar.

“De nada sirve que yo sea feminista radical si en el lugar en el que nací todavía no llegan estas teorías; nosotras quedamos en el acuerdo de que vamos a militar dentro del feminismo como colectivo y como personas que quieren ayudar más allá de nuestras ramas [teóricas del feminismo]”, dice con perspicacia Melanie Carrillo, quien reconoció que a ella le hubiera gustado recibir toda esta información sobre la violencia de género cuando era todavía más joven de edad y antes de migrar de su comunidad.

*Foto de portada: Cortesía

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Autor Lado B
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