Supremacistas blancos y el Antirracismo Global
Cuando creíamos que las democracias eran lo más cercano al contrato social que establece la igualdad para todas las personas, hoy, en pleno siglo veintiuno, presenciamos a grupos supremacistas tomando el Congreso de los Estados Unidos
Por Lado B @ladobemx
11 de enero, 2021
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María Teresa Juárez

“El racismo burgués occidental es un racismo de desprecio; es un racismo empequeñecedor. Pero la ideología burguesa, que proclama una igualdad esencial entre los hombres, se las arregla para permanecer lógicamente consigo misma invitando a los subhombres a humanizarse por medio del tipo de humanidad occidental que ella encarna”. 

Franz Fanon, Los Olvidados de la Tierra

Y en el centro de todo, la imagen del hombre blanco, cristiano, racista, misógino, heterosexual, nacionalista. 

Cuando creíamos que las democracias eran lo más cercano al contrato social que establece la igualdad para todas las personas, hoy, en pleno siglo veintiuno, presenciamos a grupos supremacistas tomando el Congreso de los Estados Unidos.

Algunos dicen, se trata de “neorracismo”. Michel Wieviorka, sociólogo francés, usa este término enunciar un conjunto de expresiones articuladas en la que los blancos hacen referencia constante a las diferencias culturales de los “no blancos” para afirmar que son incapaces de integrarse a las sociedades dominantes. 

Está ampliamente documentado desde la historia, la sociología, el periodismo y el ámbito audiovisual, la creciente influencia que han ejercido Trump y los supremacistas de los sectores más poderosos, en las poblaciones blancas pauperizadas de los Estados Unidos. 

Narrativas blancas y sus implicaciones

Michael Moore da cuenta de ello en el documental Bowling for Columbine. Narra, entre otras cosas, cómo se gestaron las condiciones económicas, sociales y culturales para la escalada de tiroteos en colegios de la Unión Americana. 

Más allá del análisis de la cultura armamentista estadounidense, este documental nos invita a conocer a los “blancos pobres”: su entorno, condiciones de vida e ideología, caracterizada por un nacionalismo exacerbado, la xenofobia y el racismo. Fueron estos sectores quienes dieron su voto a Trump en la elección de 2016. 

Este 6 de enero grupos pro Donald Trump irrumpieron en el Congreso de los Estados Unidos, ondearon la bandera de la Confederación, símbolo asociado al periodo esclavista y la supremacía blanca. 

En junio de 2015, Dylann Storm Roof asesinó a nueve personas mientras oraban en la Iglesia Episcopal Metodista Africana, en Carolina del Sur. Luego de perpetrar esta masacre, se tomaría una foto con la bandera Confederada y la subiría a redes sociales. Aseguraba que con este acto iniciaría una “guerra racial”, y tomaba esa bandera como símbolo. No perdamos de vista que este acto no fue un hecho aislado, forma parte de la persistente violencia estructural de la narrativa blanca, claramente hegemónica. 

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La bandera Confederada es identificada con los estados que combatieron durante la Guerra Civil contra la abolición de la esclavitud, algunos estudiosos la han comparado con la suástica del fascismo, por lo que se ha prohibido en varios estados de la Unión Americana. 

Han pasado 157 años desde que se abolió la esclavitud en Estados Unidos, no obstante. el racismo y la desigualdad siguen vigentes. Esto es peligroso porque promueve discursos de odio, la homofobia, la misoginia, la xenofobia y todas las ideologías que tiene como objetivo posicionar una agenda de la supremacía blanca en todas sus variantes, implicaciones y modalidades. 

Los símbolos hablan, los cuerpos hablan. Lo que sucedió este 6 de enero permanecía latente durante generaciones, esperando un momento como éste. 

Strange Fruit o la historia viva de los linchamientos racistas

Hace 82 años que Billie Holiday interpretaba por primera vez Strange Fruit, una de las canciones más emblemáticas de la lucha por los derechos humanos de las comunidades afrodescendientes en Estados Unidos. La primera vez que la interpretó, —en el famoso Café Society de Nueva York— nadie aplaudió. 

Para la misma Holiday fue un enorme desafío, sabía lo que provocarían estas notas en una sociedad habituada a escuchar el jazz y a los músicos afroamericanos interpretando temas dulces, sensuales o festivos. 

Compuesta por Abel Meropool, este tema hace mención «al fruto extraño de los árboles del sur». Se refiere a los linchamientos y ahorcamientos que, durante siglos, vivieron las poblaciones afroamericanas en aquel país. 

Meropool la compuso al ver la foto del linchamiento de Thomas Sipp y de Abram Smith. 

La canción habla del cuerpo de un hombre afrodescendiente colgando de un árbol: “La boca torcida/el aroma de las magnolias, dulce y fresco/y de pronto el olor de la carne quemada.”

Billie Holiday había sido una víctima del racismo en Estados Unidos; a pesar de ser una intérprete consumada, no le permitían entrar por la puerta principal en sus propios recitales, y su padre; moriría de neumonía un año antes de estrenar este emblemático tema, porque ningún hospital le había atendido por ser “de color”. 

Al igual que Joséphine Baker, Nina Simone, Louis Armstrong​​, Miles Dives y muchos otros artistas de la época, Holiday vivió el racismo en carne propia, por lo que, a pesar de enfrentar oposición de amplios sectores, abrazó este tema como un himno a siglos de lucha y resistencia. 

Strange Fruit es considerada como una de las canciones que cambió al mundo, al interpretada por una estrella de la talla de Billie Holiday y su impacto en el mundo del entretenimiento y la cultura de masas. 

Por su parte, Abel Meeropol era un compositor y poeta estadounidense de origen ruso-judío, creció en el Bronx y se formó en Harvard. Él también sabía lo que implicaba la segregación, el rechazo y el racismo. Con este tema se posicionaría como un narrador de la cultura popular norteamericana. 

Han transcurrido 500 años desde que se posicionó el histórico relato del Colonialismo en nuestro continente. 

Durante estos cinco siglos han sucedido revoluciones, luchas de emancipación, la abolición de la esclavitud, y la enorme influencia de movimientos como el afrodescendiente y el zapatista. 

Más allá de los gobiernos y los partidos, están los movimientos continentales antirracistas en una lucha geográfica, lingüística y culturalmente diversa, haciendo frente al racismo cotidiano y estructural… al que devela siglos de opresión. 

Ha llegado el momento, 2021: el año del Antirracismo Global. 

 

*Foto de portada: Tyler Merbler | Flickr

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Lado B
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