Lado B
Clasifican uso medicinal de 301 plantas en Jardín Botánico BUAP
Plantas medicinales: Una visión etnofarmacológica representa una herramienta de consulta para la sociedad en general sobre el uso medicinal de las plantas en Puebla
Por Fernando Merino Noriega @FerMerinoN
28 de enero, 2021
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Puebla cuenta con una riqueza botánica extensa, cuyo potencial no se ha aprovechado en su totalidad para investigaciones científicas, ni para su uso cotidiano, considera Maricela Rodríguez Acosta, ex directora y fundadora del Jardín Botánico de la BUAP, quien coordinó la investigación que dio como resultado el libro Plantas medicinales de Puebla: Una visión etnofarmacológica

Muestra de ese desaprovechamiento es que el 89 por ciento  de las plantas estudiadas en este libro no están registradas en la Farmacopea de los Estados Unidos Mexicanos (FEUM) –repertorio que incluye la norma legal para la preparación, experimentación y prescripción de los medicamentos–, por lo que este trabajo representa una aportación importante para diferentes áreas como la botánica, farmacología, biología y los estudios fitoquímicos.   

Este material recopila la información taxonómica y usos medicinales de 301 plantas que se pueden encontrar en San Nicolás de los Ranchos, Cuauhtinchan y Coxcatlán, demarcaciones que fueron elegidas con la intención de tener “una mayor diversidad de especies, usos e información de las mismas” –se puede leer en el libro–, ya que las condiciones orográficas y el clima influyen en el tipo de plantas que se pueden encontrar. 

“El trabajo de sistematización lo pensé con el afán de ayudar a [aquellas personas interesadas] en hacer una investigación más profunda sobre las plantas medicinales, para que les sirva como una plataforma de despegue”, explica la ex directora del Jardín Botánico de la BUAP.

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En el libro se pueden encontrar las clasificaciones de acuerdo a la familia a la que pertenece cada una de las plantas, así como una explicación detallada de su composición química, y cómo usarlas para tratar distintos padecimientos. 

Foto: Fernando Merino Noriega

Los usos más comunes que se reportaron son los relacionados al sistema gastrointestinal, causa para la que se utiliza el 29.5 por ciento de las plantas analizadas en este libro; entre las más conocidas para tratar las afecciones de este tipo se encuentran: el orégano (Oregarum majoricum) para calmar el dolor de estómago si se consume en forma de té, pero si se combina con pata de león (Geranium seemannii), manzanilla (Matricaria chamomilla), hierbabuena (Mentha sp.) y ruda (Ruta chalepensis)  funciona  para aliviar la diarrea. 

“En cada cultura se tienen ciertos padecimientos que demandan del uso y el aprovechamiento de los recursos naturales que tenemos a nuestro alrededor y, en este caso, las incidencia de padecimientos gastrointestinales por nuestra cultura, que acostumbra comer en el calle y que muchas veces cae en los excesos, demanda el uso de [plantas medicinales]”, destaca Rodríguez Acosta. 

Asimismo, en el material se detalla la procedencia de las especies analizadas, muchas de las cuales fueron introducidas hace siglos, ya que el 76 por ciento de las plantas incluidas son mexicanas y el 24 por ciento provienen de otros países, principalmente de Europa, África y Asia; de acuerdo con el libro es importante conocer el origen de las plantas para verificar si ya se han hecho estudios de sus propiedades curativas en otros países y, en caso afirmativo, centrarse en aquellas que no se han estudiado.

Este trabajo es un esfuerzo interdisciplinario en el que participaron Alejandra Ortiz González, licenciada en Químico Farmacobiología; Allen J. Coombes, botánico con gran trayectoria; y María Guadalupe Hernández Linares, cuya área de especialización es la farmacéutica. 

La dificultad de sistematizar los usos medicinales de las plantas

Asteraceae. / Foto: Wikipedia

El lector es recibido con un prólogo escrito por Michael Heinrich, investigador de la UCL, School of Pharmacy de la Universidad de Londres, así como con una revisión histórica del uso de las plantas medicinales y su clasificación en México desde la Nueva España hasta la actualidad –escrita por las historiadora Ana María Huerta Jaramillo–; trabajo que siempre ha sido complicado. 

La razón por la cual no se ha avanzado en la investigación de las propiedades medicinales de las plantas de Puebla, explica a LADO B la investigadora, es que no se ha hecho una clasificación taxonómica adecuada, pues muchas veces “las plantas pueden ser muy parecidas pero actuar muy diferente”, y hasta tener efectos nocivos en la salud de las personas. 

Para Rodríguez Acosta, y el equipo de investigadores que colaboraron en el proyecto, escribir este libro representó un gran reto porque fue necesario depurar los reportes de trabajo que ya existían sobre las plantas que analizaron –algunos de los cuales se escribieron en la época de la colonia como los que se incluyen en el Códice Badiano o Códice Florentino–, pues investigar cual es la identidad real de la planta era muy importante.

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Asimismo, el proyecto estaba planteado para ser un artículo científico, pero dada la cantidad de información, y la necesidad de profundizar en cada una de las las plantas, la investigación terminó por convertirse en un libro; controlar el crecimiento del material, cuenta  Maricela Rodríguez, fue también una dificultad.

Gracias a la sistematización de la información que presenta este material, las y los lectores pueden saber que la mayoría de las plantas medicinales utilizadas en Puebla pertenecen a seis familias: Asteraceae, utilizadas principalmente para padecimientos gastrointestinales, respiratorios y musculoesqueléticos; Lamiaceae para padecimientos gastrointestinales y respiratorios.

Foto: Creative Commons

También hay plantas de la familia Fabaceae, usadas para padecimientos del sistema genitourinario, hepatobiliar y endocrino; Solanaceae, sistema gastrointestinal y genitourinario; Amaranthaseae, sistema genitourinario, fiebre y diarrea; y Pinaceae, empleada para problemas del sistema musculoesquelético, respiratorio y para la piel; estas seis familias representan 120 de las 301 plantas sistematizadas en el libro, y el resto corresponden a otras 74 familias. 

De esas familias también se explica el contenido químico que incluye cada una de ellas y cómo es que actúan en el organismo; por ejemplo, se detalla que la manzanilla contiene bisabolol y camazuleno, compuestos con propiedades antiinflamatorias y cicatrizantes, respectivamente.

Toxicidad, un tema a tomar en cuenta para un correcto uso de  plantas medicinales

Maricela Rodríguez comenta que una idea generalizada que se tiene es que las plantas no van a hacer daño por ser naturales o por crecer en el campo, razón por la cual en muchas ocasiones la gente empieza a utilizarlas y tiempo después empiezan a tener una enfermedad o alguna afección. 

Por esa razón, la investigadora recomienda consultar fuentes científicas para darle un uso a las plantas de manera correcta, y para ello, destaca, es importante ser observadores y llevar un registro de qué se está tomando, cuándo empezó a utilizarse, así como las dosis, frecuencias y la forma en la que se está usando. La investigadora también recomienda revisar las contraindicaciones que podrían existir cuando se combinan medicamentos de patente con  plantas medicinales. 

Las formas correctas de preparar las infusiones, maceraciones o emplastos que se van a utilizar para aliviar alguna afección también se explican en el material. Así también se sugiere una vigilancia y control de calidad para su consumo, y un acompañamiento científico para validar las propiedades curativas que se les han asignado popularmente. 

“Es necesario saber cuáles son esos metabolitos que están siendo utilizados por la población y que están curando enfermedades y aliviando padecimientos; eso es lo que debemos estar haciendo los equipos de ciencia”, sentenció.

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En el libro se detallan las especies, que se pueden encontrar en las regiones señaladas, cuya toxicidad ya fue corroborada por la Secretaría de Salud, las cuales son: higuerilla (Ricinus communis), borraja (Borago officinalis), ajenjo (Artemisia absinthium), chicalote (Argemone mexicana) y toloache (Datura stramonium). 

Trabajo interdisciplinario, urgente para avanzar en la investigación de las plantas medicinales

La ex directora del Jardín Botánico de la BUAP espera que el trabajo interdisciplinario sea cada vez más constante, pues eso permitirá que el uso de las plantas medicinales de Puebla –y México, en general– pueda ser cada vez más constante y, sobre todo, que tenga un sustento científico. 

“No hay manera de poder trabajar y de lograr ese aprovechamiento que estamos esperando, de las plantas medicinales, con posturas divisivas y recelos entre grupos de investigación; tenemos que cambiar nuestra óptica a una sumativa y paciente (…) el libro es un buen punto de partida e invito a mis colegas a que lo lean y nos den feedback para lograr mejores avances en el desarrollo de la etnofarmacología en México”, subraya Rodríguez Acosta. 

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El libro se puede adquirir en distintas librerías de la ciudad, entre ellas, Profética.

*Foto de portada: Creative Commons

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Autor Lado B
Fernando Merino Noriega