Investigar y preservar el uso de las plantas en México desde la ciencia
Danya Altair León es una científica mexicana que desde la Etnobotánica investiga las plantas y busca preservar el conocimiento que tienen las personas de las comunidades en México respecto a su uso, ya sea para fines médicos, ornamentales o alimenticios.
Por Dafne García @DafneBetsabe2
29 de octubre, 2020
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“Somos muy ricos en plantas para usos alimenticios, yo he visto plantas que se dan en la banqueta y que nos sirven para alimentarnos, pero pues las desconocemos”, cuenta la bióloga de la UNAM, Danya Altair León, en la charla en línea “Una mirada a la etnobotánica”.

Esta rama de la ciencia se encarga de analizar y recopilar el conocimiento que hay acerca de los diferentes usos que las personas les dan a las plantas, desde los prácticos (medicina, alimento, vivienda) hasta los religiosos.

Tan solo en México, de acuerdo con datos de la Comisión Nacional para el Conocimiento y uso de la Biodiversidad (Conabio), el 80% de la población mexicana hace uso frecuente de la herbolaria; sin embargo, de las aproximadamente 3 mil a 4 mil 500 plantas medicinales que hay en el país, solamente se ha hecho análisis farmacológico del 5 por ciento.

Sumado a esto, de las 250 especies comercializadas de manera cotidiana, más del 85 por ciento provienen de la recolección sin planes de manejo sustentable, lo que evidencia el vacío que hay de investigación respecto a las plantas y su manejo.

“Para nosotras, como científicas, estos trabajos [de etnobotánica] son la base para muchos trabajos farmacéuticos, fitoquímicos [análisis del potencial biológico y farmacéutico que tiene una planta] y de manejo de recursos”, enfatiza la especialista.

De ciencia, plantas y cultura

“Las plantas desde siempre han solventado diversas necesidades y han estado presentes tanto en la evolución evolución biológica [de la humanidad]] (alimentación, salud, vivienda) como cultural (vestimenta, religión, arte)”, de ahí el interés de Danya.

Un ejemplo local de los diversos usos que tienen las plantas es el pericón –planta cercana al cempasúchil– que se usa para cocinar, pero también tiene un significado especial para los pueblos del centro del país: se coloca en los cultivos y las casas como protección ante el diablo, el maligno, las envidias; se asocia con las festividades de San Miguel Arcángel, mencionó la bióloga.

Y el reconocer esto la acercó a la etnobotánica, una rama de la ciencia que se encarga de analizar, no sólo cómo se recolectan y se ingieren las plantas, o si tiene que haber un tratamiento especial para su uso; sino también si se tienen que mover de una localidad a otra para recolectarlas o si ya tienen cultivos en sus casas; cómo se transmite el conocimiento del uso de estas plantas, de forma oral, por medio de libros o recetarios.

Eso quiere decir que en esta disciplina se utilizan métodos tanto antropológicos como biológicos para la investigación. 

“En mi caso que fui formada como bióloga, el [reto fue] tomar técnicas y metodologías antropológicas que no conocía”, confiesa Danya.

En su caso, fue hasta que inició la elaboración de su tesis “Flora medicinal de San José de los Amates, Estado de México”, cuando desarolló técnicas antropológicas para el estudio de las plantas. 

Trabajar y preservar con las comunidades

Ilustración: Gogo

Danya explicó que esta ciencia también estudia quién resguarda el conocimiento respecto a las plantas y sus usos, así como el contexto cultural en que se emplean, pues no es lo mismo tomar un té de una hierba en la ciudad, que tomar esa misma hierba en una localidad donde ya tienen definida una forma o ritual para hacerlo.

Por ello, estudiar las comunidades donde se utilizan cierto tipos de plantas, es fundamental. Particularmente, durante la elaboración de su tesis, la bióloga empleó un método denominado caminatas etnobotánicas, para estudiar el uso de las plantas en la comunidad de San José de los Amates.

“Yo me iba a caminar con las señoras todo el día [en las diferentes actividades que ellas realizaban] para que me transmitieran sus conocimientos”, cuenta Danya. San José de los Amates es una comunidad con alta migración de hombres a Estados Unidos para trabajar, entonces el conocimiento está más centralizado en las mujeres, sobre todo mayores de 40 años, agrega.

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Es así como, a través de estas caminatas, la convivencia con los habitantes de la comunidad y algunas entrevistas abiertas, se dio cuenta de que la manera de transmitir el conocimiento del uso de las plantas para fines medicinales era oral: de las madres a sus hijas o nueras.

Sin embargo, notó que esto sólo se hacía cuando alguien de la familia presentaba algún malestar. “Por eso las generaciones jóvenes ya no [conocen las propiedades de las plantas]”. 

Ya que en la comunidad hay un servicio médico, las personas prefieren ir directo a la clínica, en lugar de tomar un remedio natural. Y tampoco ayuda a seguir preservando el consumo de plantas medicinales, el hecho de que haya mucho contacto con turistas, debido a la cercanía con Taxco, Guerrero, pues se da un intercambio de fármacos.

Por ello, hizo énfasis en la importancia de que la gente se dé cuenta de todo lo que sabe, de que “la gente valore sus conocimientos, los guarde, los transmita y que nos los pierdan”, como en el caso de los habitantes de San José. Una labor que puede hacerse, justamente, trabajando con las comunidades. 

En cuanto a la experiencia de acompañar a las mujeres de esta comunidad, Danya cuenta que fue “muy bonita”, a pesar de que al comienzo de la investigación las personas le habían comentado que no creían poder ayudarla porque no tenían estudios. Probablemente lo que ellas no sabían es que tienen amplios estudios en botánica

Asimismo, señaló que es sumamente importante que los investigadores compartan sus conocimientos con las comunidades que estudian. Pues, “entre más conozcan [los pobladores] la riqueza que tienen y el uso [que se le puede dar a las plantas] más la van a cuidar y es una parte muy importante de este trabajo”.

Danya finalmente comentó que hace falta mucha investigación y también que los antropólogos se involucren, ya que generalmente las investigaciones se realizan por biólogos o agrónomos. Además, otro reto es que a veces el conocimiento que los investigadores (o personas de las farmacéuticas o con algún interés comercial) extraen de las comunidades, se hace sin dar algo a cambio a la comunidad, lo que ocasiona que haya desconfianza y que luego sea difícil hacer las investigaciones. 

Y es que, hacer este trabajo no es fácil, pues implica “ir por su agua, estar con ellos en el campo, estar en todas las actividades que nos permitan estar para obtener conocimientos”, cuenta Danya. Pero es, sin duda, una actividad que vale la pena realizar en favor de nuestro país y la preservación de nuestras plantas. 

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Si quieres escuchar la plática “Una mirada a la etnobotánica”, en la que participó la bióloga Danya Altair León, da clic aquí.

*Ilustración de portada: Gogo

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Dafne García