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Bipolaridad, un trastorno difícil de diagnosticar y sin atención médica adecuada
Una persona bipolar puede pasar su vida entera sin ser diagnosticada y quienes lo están, enfrentan grandes retos para recibir atención médica adecuada en el sector público
Por Lado B @ladobemx
09 de diciembre, 2020
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Diana Rojas Ruiz

A sus quince años Brenda* fue diagnosticada con depresión mayor. Ser de provincia en un país tan centralizado como México, representa un obstáculo para la salud: pasó por brujos, psicólogos y médicos. Un año después viajó con su madre a Ciudad de México para una consulta con la psiquiatra que finalmente le diagnosticó bipolaridad y le recetó una serie de medicamentos, algunos la acompañan hasta el día de hoy.

En muchos de los casos el diagnóstico puede tardar aún más tiempo e incluso, algunas personas viven sin saber nunca su padecimiento real. De acuerdo con Bruno Rosales, psiquiatra del ISSSTEP y del IMSS, esto se debe a la naturaleza tan ambigua de la enfermedad, que fácilmente puede confundirse con una depresión mayor o depresión post-parto. 

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), este trastorno afecta a alrededor de 45 millones de personas en todo el mundo y ocupa el sexto lugar de las principales enfermedades discapacitantes del mundo.

Hasta marzo de 2018, de acuerdo con el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía, el 1 por ciento de la población en el país tiene este padecimiento, aunque los problemas en el diagnóstico suponen que la cifra puede ser mayor. En Puebla podría haber 157 mil casos aproximadamente.

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La bipolaridad se identifica por la presencia de depresión y manía en una persona. Sin embargo no siempre vienen juntos, algunas veces la manía tiene una duración de algunas semanas o meses y después viene la depresión con una duración similar. Tras la depresión, hay mucha posibilidad de que se presente un episodio maníaco y este sea confundido con la estabilidad emocional y que vivan muchos años en esos estados de alteración.

El trastorno bipolar no es como un dolor de cabeza que basta con tomar un analgésico, descanso y en algunas horas llega el alivio. Algunos de los medicamentos más utilizados en México para el tratamiento de quienes padecen bipolaridad son el valproato semisódico, quetiapina, litio, seroquel y clonazepam.

Estas sustancias tardan en ser asimiladas por el organismo y también toma tiempo encontrar la dosis y el fármaco adecuado para cada paciente. Los procesos de adaptación suelen generar frustración a las personas bipolares, pues experimentan somnolencia y dificultades para la concentración, lo que sucede regularmente las primeras semanas.

Vivir con bipolaridad

bipolaridad

Foto: Daniel Reche | Pixabay

Brenda tiene ahora 31 años, es decir que durante más de 15 años ha vivido con el trastorno, lo que afecta su vida afectiva, laboral e incluso su educación: 

“Una persona de 31 debería ya de haber acabado sus estudios, estar integrado en una dinámica laboral, ganar dinero, ser autosostenible, cosas que aún no hago y que me aterran, porque pienso que quizás yo no pueda resistir al ambiente laboral o quizá yo no pueda ser una pieza valiosa para fuerza de trabajo, por las condiciones de inestabilidad”, confiesa a LADO B.

El trastorno bipolar no encaja en los parámetros del correcto funcionamiento social. La persona bipolar no siempre es la más productiva o la mejor tomando decisiones. Hay días en los que no puede levantarse de la cama y otros en los que en una sola noche termina un proyecto que a alguien más podría tomarle más de una semana. 

El psiquiatra explica que los episodios maníacos no se relacionan de forma inmediata con un malestar, pues la personalidad de los bipolares se inclina hacia ese lado: suelen hablar más fuerte y en mayor cantidad que el resto de las personas, se mueven más, les gusta soñar despiertos, son extrovertidos, pueden tener pensamientos excesivos, así como insomnio.

Las personas con bipolaridad tienden al consumo de sustancias como las drogas, el alcohol o a tener relaciones violentas (tóxicas), como parte de un comportamiento autodestructivo. En el caso de Brenda el exceso de estupefacientes y alcohol derivó en que su familia le internara varias veces y perdiera semestres en la universidad.

A sus 27 años, tras estar internada, decidió dar un giro a su vida: “Cuando me vi encerrada en ese lugar fue que comencé a ver qué iba a pasar conmigo en un futuro, no pintaba para nada bueno. O iba a terminar muerta, violada, loca o en situación de calle. Entonces dije ya basta. Dejé de consumir y no volví a tomar como antes”, recuerda.

Actualmente Brenda vive con su novia y dos perritos, decidió estudiar literatura y está por graduarse, a pesar de que algunos terapeutas le dijeron que le iba a ser muy difícil terminar una licenciatura. Sus dosis cambian cada vez menos y le es más fácil equilibrar su vida como estudiante y empresaria, aunque cada día es un reto y es constante la incertidumbre de cuándo se presentará una crisis.

El papel del entorno cercano 

Foto: KLEITON Santos | Pixabay

Al igual que los pacientes bipolares tardan en tener un diagnóstico, su círculo cercano carece de información oportuna que les permita entender la enfermedad y cómo actuar ante la manía o la depresión profunda, lo que suele provocar conflictos e incluso rupturas familiares.

“Nadie te enseña cómo se vive con un familiar que tenga este padecimiento, aprendes con el tiempo. Mi mamá la padece desde hace 26 años y aprendí a entenderlo pensando que en los momentos de crisis era su enfermedad la que decía cosas hirientes y no ella”, dice Beatriz Del Castillo.  

Además de la enfermedad, cuenta que su madre enfrentó duras críticas por parte de otros familiares que la juzgaban por no tener su casa ordenada y a sus hijos atendidos, pues consideraban que esas eran parte de “sus obligaciones” y que “por falta de voluntad” no lo hacía.

La nula información de los familiares y la deficiente atención pública a estos pacientes puede explicarse ante el déficit de personal especializado. De acuerdo con el psiquiatra Bruno Rosales el Instituto Mexicano del Seguro Social en Puebla cuenta con apenas cuatro médicos psiquiatras para atender a toda la entidad, al igual que el ISSSTEP. 

La atención médica

Aún siendo derechohabiente es difícil acceder a los servicios psiquiátricos. En el IMSS primero se necesita una cita con el médico familiar y después que él solicite la consulta en la especialidad, la cita puede tardar hasta seis meses y, una vez que se concreta, la valoración del paciente se agenda hasta el año siguiente.

La atención psiquiátrica privada resulta costosa, una consulta cuesta alrededor de mil pesos, sumado a los medicamentos que pueden alcanzar hasta los 3 mil pesos, lo que a veces es un factor para que algunos pacientes suspendan su tratamiento y tengan recaídas.

“A veces es necesario combinar la atención pública con la privada, porque el psiquiatra a veces tiene que hacerles ajustes a las dosis si se muestran más deprimidos o más exaltados, y no se puede esperar un año a que se les dé seguimiento, porque eso puede derivar en que tengan una crisis, por eso preferimos que el seguimiento se haga con el particular y el medicamento en el sector público”, explica Beatriz.

 

*La entrevistada pidió utilizar el nombre Brenda para resguardar su identidad

 

*Foto de portada: Wokandapix | Pixabay

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