Train to Busan 2, exploitation más allá de lo tolerable
La tan esperada Train to Busan 2 nos llega directo de Corea del Sur, con importantes etiquetas como “seleccionada oficial en Cannes 2020”, en una suerte de “secuela espiritual” aunque no precisamente con buenas críticas
Por Héctor Jesús Cristino Lucas @
19 de noviembre, 2020
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De acuerdo, una vez resignados con la irónica, aunque inevitable muerte del ‘cine zombi’ en nuestros tiempos alejándose lo más que puede de aquellos gloriosos años del Dawn of the Dead (2004) de Zack Snyder—, lo único que nos queda, para beneficio de los que aún amamos estas películas, es aprovechar a toda costa las escasas migajas que quedan. 

Migajas que pueden ser tan buenas como la Little Monster (2019) de Abe Forsythe con una Lupita Nyong’o matando zombis junto a su clase de kindergarten, o tan irregulares como la #Alive (2020) de Il Cho que, aunque muchos afirmaban era de las mejores en su tipo, hoy en día lastimosamente nadie se acuerda de ella.

No obstante, queridos padawans, creo que a estas alturas del partido es imposible que alguien niegue que las mejores películas de zombis de los últimos tiempos, con diferencia, vinieron nada menos que de Corea del Sur, bajo la mano de nuestro querido Yeon Sang Ho en 2016. Un cineasta que, hasta ese año, sorpresivamente, solo era un director dedicado al cine de animación. Lo que hizo que el salto no solo fuera impresionante desde ese rubro, sino también a la hora de refrescar un poco este desgastado subgénero.  

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Y no solo me estoy refiriendo a la ya favorita Train to Busan (2016), que con una idea tan simple como lo sería un apocalipsis zombi vivido desde el interior de un tren, pudo forjar una historia lo suficientemente sólida que además de horror, poseía intriga, comedia y hasta emotivo drama humano. 

Tampoco olvidemos aquella Seoul Station (2016), que no solo fungió como una suerte de precuela espiritual de esta última con nuevos personajes y nueva perspectiva; también se trató de una muestra interesante de su enorme talento como cineasta en proyectos de corte animado, ya antes visto, por cierto, con cintas como The King of Pigs (2011) o The Fake (2013). 

Por lo que el futuro del cine zombi, en una suerte de poderosa epifanía venida del propio George A. Romero, parecería no solo recaer en manos surcoreanas, sino, específicamente, en este mismo director. Pese a no contar con historias innovadoras que cambien el género, aunque sí con elementos interesantes que lo hagan atractivo. O bueno, eso se creía hasta hace poco…

La tan esperada Train to Busan 2 nos llega directo de Corea del Sur, con importantes etiquetas como “seleccionada oficial en Cannes 2020” pese a no celebrarse por el asunto de la pandemia en una suerte de “secuela espiritual” que ocurre en el mismo universo, pero con nuevos personajes aunque no precisamente con buenas críticas. Puesto que Yeon Sang-ho el mismo y alabado Yeon Sang-ho aparentemente ha dado un fuerte tropezón con esta prometedora secuela. 

Mientras algunos la califican de un desastre sin pies y cabeza, otros más amables y comprensivos como un claro ejemplo de cuando una secuela es capaz de destruir los aciertos y genialidades de su primera parte. Palabras más, palabras menos. Aunque esta vez puede que sí tengan razón.

Y miren que yo soy un defensor de las películas de zombis, más aún de este interesante cineasta, pero a veces, en materia de secuelas dudosas al menos… cuando el río suena, sí que agua lleva.

Train to Busan 2, también llamada en otros países como Península, es una película que ha optado por el clásico y ya reconocible formato de “secuela aparatosa”. Es decir, una segunda parte que replica la fórmula efectiva de su primera, pero a la enésima potencia, ya sea como un recurso de mero entretenimiento o, en el mejor de los casos, para expandir aún más el universo de su propia franquicia. 

El ejemplo más claro de esto, sin duda es Aliens: el regreso (1986) de James Cameron, que luego de una minimalista Alien: el octavo pasajero (1979) de Ridley Scott, limitada a ofrecernos toda la historia dentro de un solo escenario, se dedicó a expandir el universo ofreciendo un vistazo más amplio que la primera con más personajes, más escenarios, y, por ende, muchísima más acción y xenomorfos.

Convirtiéndose, para los eruditos que decían que las secuelas jamás superarían las primeras partes, en todo un éxito de crítica y taquilla. Una aventura de ciencia ficción y horror, pero con mucha más adrenalina. Como si a la primera simplemente le hubieran inyectado fuertes dosis de esteroides para poder funcionar.   

A Train to Busan 2, con todo y su épica trama sobre mercenarios en busca de un importante botín, pese a que ha seguido las reglas al pie de la letra haciendo exactamente lo mismo, no le ha salido muy bien la jugada que digamos. Aunque por un interesante y hasta irónico motivo: exceso de ambición. 

¿Quién lo diría? El bajón de una secuela derivado a una ola de emoción y entretenimiento envidiable que podría haber funcionado. Nadie debería culpar a Yeon Sang-ho por haber pecado de ser tan creativo. Pero ya saben lo que dicen, “el infierno está lleno de buenas intenciones”.

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El problema, es que el proyecto parece habérsele salido de las manos al querer aportar una película de acción y horror que estaba lejos de un presupuesto aceptable. Y al querer replicar el éxito de la primera, terminó convirtiéndose en otra cosa: una suerte de exploitation más allá de lo tolerable. Es decir, en una película que abusa de todos los géneros que posee a un punto de lo patéticamente risible pero no en el buen sentido de la palabra.   

En este específico caso: la acción desenfrenada, con esas interminables escenas de carreras, y por supuesto, las hordas de zombis que dejarían a Marc Forster como un jodido novato con todo y su World War Z (2013). 

Ojo que la primer Train to Busan (2016) no es que fuera una cinta que se alejara mucho a la categoría del cine exploitation, con esos zombis que iban de un lado a otro amontonados y hambrientos, pero al menos no abusaba de la idea porque era concisa y efectiva. Los personajes principales estaban bastante bien desarrollados y eran ellos precisamente el corazón de la cinta. 

Con Train to Busan 2, tenemos el doble de personajes, pero no son muy atractivos que digamos. También el doble de tramas, pero ya son mil veces vistas. Y explosiones por todas partes, pero más falsas que cualquier película de Roland Emmerich. 

Hace poco nos quejábamos de lo terriblemente patético que lucían tres simples ratoncitos en la película The Witches (2020) de Robert Zemeckis, pues imagínense ahora lo terriblemente patético y poco orgánico que lucen cientos y cientos de zombis hechos con un CGI endeble y poco creíble como este. He ahí el problema de ser tan ambicioso con tan poco presupuesto.  

Train to Busan (2016) sí que era un ejemplo perfecto de cómo tomar conceptos ya mil veces vistos y explotarlos a un punto de lo aceptable. Con efectos digitales necesarios y otros más prácticos, en un balance que hasta el menos entendido pudiera tolerar. 

En cambio, soy la audiencia que entiende el género exploitation. Yo lo tolero. Yo lo consumo habitualmente. Pero la secuela de Yeon Sang-ho se excede poniéndose un listón más alto cada cinco minutos que ya para la media hora se convierte en la parodia de su propia antecesora

Debemos entender, pues, para el beneficio de los que aún amamos este tipo de cine, que hasta para el arte de la explotación cinematográfica es necesaria una pizca de maestría. No puedes andar por ahí haciendo explosiones y usando CGI de la más baja categoría con la excusa de que hiciste un exploitation y por eso la gente no lo entiende. 

Train to Busan 2

Fotograma: Trailers y Estrenos | YouTube

De pronto, Train to Busan 2 ya no solo quiere contar una historia de supervivencia emotiva y con drama humano aunque tiene sus momentos sino volverse una épica carrera de coches en su tramo final que le haga competencia directa a grandes cineastas como George Miller. 

El problema, es que esta “épica” carrera vuelve a abusar de los efectos CGI de una manera tan excesiva, que en lugar de emular el éxito masivo de Mad Max: Fury Road (2015) por ejemplo, termina convirtiéndose en una suerte de corto cinemático sacado de algún videojuego o algo por estilo. Pero no uno de los buenos.

Y lamento decirlo, pero algunos movimientos y hasta acrobacias en carretera se acercan más a la hilarante franquicia The Fast and the Furious pero con una pequeña diferencia: ni siquiera le llega a los jodidos talones. Así es, queridos padawans. Ya lo dije. Las películas protagonizadas por el fortachón de Vin Diesel son una puta obra maestra comparada con las escenas de carreras que ofrece Yeon Sang-ho. Y eso parece un crimen que definitivamente no se puede perdonar. 

Y si de personajes emblemáticos hablamos, yo no me quedo ni con Kang Dong-won como el ex militar con pasado trágico pegándole a una suerte de John Wick surcoreano, ni mucho menos con Kim Min-jae como el antagonista altanero vestido al puro estilo de Choi Min Sik en Oldboy (2003). 

Mucho menos con Koo Kyo-hwan como el afeminado, pero perverso Capitán Seo un villano secundario o algo así cuyas motivaciones dejan mucho que desear y solo se vuelve un recurso pseudo dramático para alargar la película. 

¡No, no! Yo me quedo con las pequeñas Lee Re y Lee Ye-won que hacen de estas ingeniosas y simpáticas hermanitas supervivientes al caos apocalíptico. Hasta parecen sacadas de una película de Spielberg con tanta magia esperanzadora de por medio. Mucho mejor logradas que el resto, aunque tampoco quiero decir que el reparto estuviera tan mal. Digamos que simplemente han sido “poco entrañables.” 

Pese a que Train to Busan 2 sea un espectáculo de acción desenfrenado que abusa de su fórmula mucho más de lo que debería, no creo que sea la peor película de zombis de la historia o de los últimos tiempos. Así como tampoco creo que Yeon Sang-ho haya quedado exento de seguir siendo el máximo heredero de Romero por excelencia.  

Simplemente comete el error de ofrecer más de lo que puede dar, lejos de otros cineastas que no ofrecen ni siquiera lo que el promedio debería. Si me dan a elegir yo me quedo mejor con los excesos. ¡Y por mucho!

Para pasar un domingo si estás verdaderamente aburrido y si la carnicería CGI te parece un plato que debería disfrutarse a lo grande. Consigue estupefacientes y prepárate para el abuso. ¡Esto es exploitation más allá de lo tolerable! 

Sinopsis: 

“Un contagio zombie se propaga por toda la península de Corea, convirtiéndola en un territorio postapocalíptico. Cuatro años después un grupo de mercenarios se adentrará en la zona cero en una peligrosa misión para recuperar un camión perdido con un botín millonario.”

 

*Foto de portada: Fotograma Train to Busan 2/ Trailers y Estrenos | YouTube

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Héctor Jesús Cristino Lucas
Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com