Lado B
Pieces of a Woman o los fragmentos de un drama voyerista
Pieces of a Woman (2020) es impecable a la hora de desarrollar personajes, y puede convertir esta historia aparentemente convencional, en uno de los mejores dramas familiares de los últimos tiempos
Por Héctor Jesús Cristino Lucas @
25 de febrero, 2021
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¡Oh, cuánto adoro los dramas familiares! Esos trágicos y delicados viajes a las entrañas caóticas de cada hogar para hacernos vivir de cerca dilemas cotidianos, simples y hasta rutinarios, de una manera tan épica, que se vuelven metáforas o epopeyas clásicas retratadas en pleno siglo XXI. 

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Darren Aronofsky, por ejemplo, nos hablaba sobre el terrible paso del hombre sobre la Tierra y de dioses egocéntricos que rigen la existencia a través de algo tan común como lo serían los dilemas de pareja en su estrambótica Mother! (2017). Sobre la codependencia y las relaciones enfermizas dentro del matrimonio, capaces de terminar en hecatombes bíblicas tan violentas como viscerales. 

Mientras Yorgos Lanthimos, con referencias a mitos como el de la Caverna de Platón o tragedias como la de Agamenón, es capaz de retratar con películas del estilo The Killing of a Sacred Deer (2017) o Kynódontas (2009), esos pequeños pecados familiares, esos tabúes sexuales; esas corrupciones en el hogar dentro de un universo parecido al nuestro y que no son más que la prueba latente de que el hombre está hablando de lo mismo, pero en otro espacio y en otro tiempo. 

También puedes leer: The Killing of a Sacred Deer: una tragedia de Yorgos Lanthimos  

Hay tanto que contar desde el peliagudo campo familiar. Tanto que aprender y, lamentablemente, tanto que vivir en ocasiones. El encanto de estas películas, por esa simpleza que les caracteriza, es que, como los mitos y las tragedias, se vuelven universales. Y con ello, todos podemos vernos reflejados de alguna manera. 

Por un lado, tenemos los dramas tragicómicos que, al igual que las comedias de situación, buscan el contexto y el lugar perfecto -como una típica cena o un comedor- para develarte hasta el último secreto oculto entre las paredes de un núcleo familiar, sean buenos o sean malos, véase en August: Osage County (2013) de John Wells, donde los pecados son apilados unos sobre otros hasta el punto en que la torre se cae a pedazos.

O en la divertidísima Carnage (2011) de Roman Polanski que, con una trama tan sencilla como dos matrimonios reunidos en un apartamento para esclarecer un conflicto nacido entre sus respectivos hijos, termina por convertirse en una radiografía sobre la herencia familiar como un claro origen de los males sociales, puesto que “esta civilizada charla” termina saliéndose de control en una clara referencia de que sus retoños son el fiel reflejo de la herencia de su carácter. 

No obstante, también tenemos esos otros dramas de núcleo familiar, mezquinos y desgarradores que no buscan la risa incómoda, sino la pura conmoción inexorable. Que veas y que aprecies la tragedia dentro de un matrimonio en su máxima potencia -o en todo el árbol genealógico- para que experimentes lo que tal vez ya viviste… o para que enfrentes aquel miedo que temes vivir. 

Como aquella fantástica cinta japonesa de Hirokazu Koreeda, Like Father, Like Son (2013) sobre esos conflictos inimaginables que te cambian la vida de un momento a otro reflejados en la historia de un hombre que debe enfrentar el hecho de que ha criado a un hijo equivocado y su posterior lucha por escoger con quién decide quedarse.  

¿O qué me dicen de la mismísima Marriage Story (2019) de Noah Baumbach producida por Netflix? Sobre las peripecias emocionales y psicológicas; familiares y personales que llevan consigo la ruptura de un matrimonio a causa de una trágica infidelidad. Haciendo principal hincapié en el tema del “perdón” como una forma casi universal de humanidad y superación personal.  

Pues bien, dentro de esta misma vertiente es que otra película de la plataforma Netflix -en materia de distribución al menos- comparada a menudo con la cinta de Adam Driver y Scarlett Johansson, y con un importante paso en el último Festival de Venecia, es que se ha llevado a la admiración de muchos críticos y cinéfilos por igual. 

Pieces of a Woman (2020) del húngaro Kornél Mundruczó es lo que a mí me gusta llamar “una película de drama voyerista en su máxima potencia”. Que se dispone a hacerte sentir en carne propia; sin temor; sin necedad; abriéndose entre tantas variopintas capas, sin temor a mostrar más de lo que debería en ocasiones.    

Porque con una premisa tan pero tan simple, como lo sería un parto en casa que sale mal, por ejemplo, el director se esfuerza por hacernos vivir, de formas tan frescas y hasta “experimentales”, un drama familiar de manera casi documental. Un conflicto que se supone es personal, tan íntimo como secreto, pero abierto a los ojos del espectador. A los ojos ajenos del espectador, quiero decir.

Y con esto no estoy exagerando. Mundruczó no teme a mostrarte las horribles consecuencias de un parto fallido en apenas sus 30 minutos iniciales. Aunque te prepara de manera soberbia para que puedas llegar ahí. 

Primero, con un arranque convencional, presentándonos a este matrimonio joven como nuestros protagónicos y a sus inevitables conflictos personales que pueden ir desde las diferencias de clases sociales, hasta los vaivenes comunes que llevarían la planeación de un embarazo.

Pero poco después de eso, entramos de lleno en un plano secuencia bastante bien logrado que no será más que un recorrido agónico y fatalista; orgánico como realista de una mujer dando a luz en su propia casa, mientras su esposo le acompaña y una partera intenta hacer lo mejor que puede. 

Los movimientos; los gritos; los gestos; esa extraña atmósfera de emoción y miedo; terror y alegría de lo que se está viviendo con estos únicos tres personajes… es increíble. Excepcional. Casi que puedo decirles que ha sido uno de las mejores escenas sobre alumbramiento que se hayan filmado en la historia del cine, al lado quizá de Carne Trémula (1997) de Pedro Almodóvar o la propia Roma (2018) de Alfonso Cuarón. 

No obstante, aquí es donde los críticos se dividen. Algunos concuerdan que estos primeros minutos son de un nivel tan apoteósico; tan épico y fantástico, que la vuelven ya una de las mejores películas dramáticas de todo el 2020. Pero otros, más arriesgados todavía, mencionan que ese mísero arranque, que fácilmente podría ser un interesante cortometraje, no hace más que dañar a la película porque nada de lo que viene después -absolutamente nada- logra estar en el mismo nivel que todo lo que ya vimos al principio. 

Pero si ustedes me preguntan, queridos padawans de todos los días, no voy a mentirles: no estoy muy de acuerdo con estos últimos. 

Pieces of a Woman (2020) me parece una película muy bien armada. Excesivamente bien escrita. Que divide su trama en tres grandes y concisos actos -porque no necesita de más- para que con ellos pueda entrar por tu retina a través de escenas y giros narrativos tan shockeantes y transgresoras que son únicos a su manera. 

El primer acto, como ya sabemos, se desenvuelve en un parto fallido. Un parto a manera documental, tan detallado y conciso que poco a poco nos hace partícipes -y voyeristas- en emoción cuando vemos ese acto inexplicable de la vida; shock por su naturaleza explícita; y horror cuando todo sale mal. 

Pieces of a Woman

Foto : Netflix

El segundo acto, del que muchos afirman la película entra en declive, es diferente pero bastante bien logrado de igual manera. Esta vez, con un salto en el tiempo en el que podemos observar a detalle qué ha pasado con cada personaje luego de aquel incidente. Los problemas familiares, el drama de un matrimonio emocionalmente afectado y las peripecias legales que rodean al personaje de la partera. Todo construido a través de diversos puntos de vista para resolver el conflicto. Algunos, buscando un culpable o una manera de venganza, pero otros, simplemente una lucha constante consigo mismos para buscar el perdón. Una épica tragedia al puro estilo de los mitos griegos. 

Y es ahí donde entra el tercer acto. Mientras más conocemos las consecuencias y las reacciones de nuestros protagonistas, más entendemos ese arrebatado pero conmovedor desenlace: en medio del juicio que enfrenta aquella mujer por el delito de negligencia y las conflictivas emociones que llevan al veredicto final. 

Impecable en técnica con esos interesantes movimientos de cámara. Su halo de cinta independiente le dota de cierto encanto personal. Impecable en narrativa porque sabe perfectamente lo que quiere contarte. Pero más aún, Pieces of a Woman (2020) es impecable a la hora de desarrollar personajes porque tiene la genialidad de que gracias a quienes lo interpretan, puede convertir esta historia aparentemente convencional, en uno de los mejores dramas familiares de los últimos tiempos. 

Vean a Shia LaBeouf, que luego de ciertas polémicas en las que se vio envuelto debido a su carácter agresivo con su ex pareja, la cantante FKA twigs, aparece irónicamente en una película sobre un matrimonio fallido interpretando el personaje de Sean Carson, el padre y esposo que debe hacer frente a un acontecimiento de este tipo. Mirad que si la vida imita al arte -o viceversa- pero es un personaje perfectamente bien interpretado. 

La furia y el horror “del lado masculino” es muy bien abordada a través de este peculiar personaje. Y lo digo con sinceridad, poco puede ser más impactante que lo que vemos de Shia LaBeouf cuando intenta buscar una razón -divina, científica o legal- a su tragedia. 

Pero nada como la diosa inigualable Vanessa Kirby ya que, maldita sea, es lo mejor que tiene esta fucking película y por mucho. No por nada fue la digna ganadora al León de Oro a Mejor Actriz. Y no duden que estará en las próximas premiaciones de la Academy Awards porque de no ser así estarían cometiendo un crimen imperdonable y yo estaría haciendo de falso profeta. Y no queremos eso, por supuesto. 

Aunque famosa por su papel de la Princesa Margarita en la serie The Crown o su paso al cine de Hollywood con la franquicia de Mission: Impossible, me parece con toda sinceridad del mundo y sin demeritar nada de lo que ha hecho, que es gracias al papel de Martha Weiss -la madre desconsolada que busca razones para vivir luego de perder a su bebé- que se ha vuelto eso que llaman “una actriz en alza.” Otro nivel dentro de la industria. Impecable, realista y asombrosa. Es imposible que deje de sentir escalofríos cada que la recuerdo en esa bañera. Cada que la recuerdo sufrir en toda escena. 

No obstante, tengo sentimientos encontrados. Sé que dije que Vanessa era lo mejor que tiene la película. Pero voy a corregirme ahora mismo para beneficio de los más exigentes: Vannesa Kirby y Ellen Burstyn -la actriz que interpretó a la madre de Regan MacNeil en la épica The Exorcist (1973) de William Friedkin- SON LO MEJOR QUE TIENE PIECES OF A WOMAN (2020) en toda la extensión de la palabra. 

Pieces of a Woman

Foto : Netflix

Ya con su interpretación no podemos dudar de que esta película está hecha con personalidad. Y mi querida Ellen es tan poderosa como arrebatada. Tan furiosa como incansable. Ya sea como la madre de Martha Weiss, defensora y vengativa, o bien, como la dura suegra de Sean Carson. Prejuiciosa y calculadora. Maldición, ella también debe estar nominada a Mejor Actriz de Reparto o qué sé yo. ¡Una pasada! ¡Una maldita pasada!

Si eres de los cinéfilos que aman los dramas familiares de la más ruda categoría. Esos que te hacen sentir como un personaje más dentro de la película, sufriendo junto a los otros debido a su excelente desarrollo. Si buscas trama de calidad; película de verdad… por favor, esto es para ti. Es para cualquiera que aprecie la calidad actoral. La belleza de la narrativa. 

El cineasta Kornél Mundruczó ha hecho un retrato fidedigno y orgánico de la pérdida, el caos maternofilial y la tragedia matrimonial que hasta da pavor. Conduciéndonos como guía entre el obscuro laberinto sin ninguna pisca de tapujo. Sin censura o sin temor, para que seamos testigos entrometidos. A veces, mirando más de lo que deberíamos ver. 

Queridos padawans: Pieces of a Woman para algunos. Pero para mí… los fragmentos de un drama voyerista. 

 

Sinopsis:

“La vida de Martha y Sean Carson, una pareja de Boston, cambia radicalmente tras perder a su hija durante un parto casero por la negligencia cometida por una matrona a la que posteriormente denuncian ante los tribunales. Comienza entonces un largo vía crucis para Martha, que además de tener que superar el dolor por la pérdida de su hija, tiene que hacer frente a su compleja relación tanto con su pareja como con su madre, una mujer dominante por naturaleza.”

 

*Foto de portada: Netflix

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Autor Lado B
Héctor Jesús Cristino Lucas
Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com
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