Lado B
Godzilla vs Kong: crónica de una epicidad frustrada
Godzilla vs Kong, se queda en lo predecible. En lo que siempre molesta y en lo que siempre decepciona, es como una especie de trampa nostálgica que funciona a base de falsas promesas, utilizando el mismo recurso narrativo de siempre
Por Héctor Jesús Cristino Lucas @
08 de abril, 2021
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ADVERTENCIA: ¡Cuidado joven padawan, está a punto de recibir un spoiler!

Luego de que el virulento 2020 condenara al séptimo arte a recurrir al formato streaming, tras fracasos alucinantes como el Tenet de Christopher Nolan —el malogrado mesías de Hollywood que tanto prometía— y como una última apuesta para salvar el cine en pantalla grande —apuesta que resultó bien después de todo— nos llega ahora la última pieza del llamado Monsterverse: Godzilla vs Kong

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Un multiverso dedicado a retomar el legado de los épicos filmes de kaijus y monstruos gigantes en la historia del cine —no importa si son de oriente o de occidente— como Gojira (1954) de Ishiro Honda o King Kong (1933) de Merian Cooper, con el fin de traerlos a nuestro siglo para nuevas peleas, nuevas aventuras y por supuesto, nuevos efectos especiales como nunca antes se habían visto. 

Y aunque la Godzilla (2014) de Gareth Edwards fue una película bastante correcta y hasta modestita para inaugurar este proyecto, pese a la típica queja de que la trama se enfocaba más al drama humano que al monstruo en sí —un homenaje directo al estilo de la mítica cinta de Ishiro Honda más que a sus postreras secuelas—, el Monsterverse de la Legendary Entertainment, aceptémoslo de una vez y para siempre, ha ido en un camino bastante irregular que, si bien convence por momentos, otras definitivamente no tanto. 

La saga es una eterna rollercoaster de emociones que enamora con épicas batallas, pero decepciona por sus horribles tramas. Porque luego del éxito taquillero que significó Godzilla (2014) para aquel entonces, vino la aclamada Kong: Skull Island (2017) a cargo de Jordan Vogt-Roberts como una cinta de acción y aventuras que, si bien convenció más que la propia apuesta de Edwards, su falta de chispa para con sus personajes, la nula construcción de una historia clara o su pésima —realmente mala— comedia… hicieron de este universo un camino  arriesgado que ponía en duda su propio futuro.    

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Cosa que Godzilla: King of the Monsters (2019) de Michael Dougherty vino a cambiar de un momento a otro. Una sorpresa de lo más alucinante. Una promesa del Monsterverse. Llena de épicas batallas y menos drama humano —como clara complacencia de la Legendary a sus fans— y con el suficiente corazón para volver “lo aparatoso y descomunal”, en un sinónimo de obra de arte dentro de los modernos blockbusters. Quizá la mejor película de este universo con diferencia. Quizá la mejor película sobre monstruos gigantes y kaijus de nuestro siglo, si me permiten, solo después del Pacific Rim (2013) de Guillermo Del Toro.

Y ya nos preparaba para el encuentro del siglo. La batalla más épica. El verdadero motivo del Monsterverse, al menos en su primer arco: aquella cinta crossover que pondría a luchar a los dos grandes íconos del género, uno de Japón y el otro de Estados Unidos —el simbolismo de lucha y rivalidad entre dos naciones representadas en estos colosos— como no habíamos visto desde la épica cinta de 1962 King Kong vs Godzilla que dirigió el propio Ishiro Honda.

Todo un acontecimiento en aquel entonces por tratarse de la primera vez que se verían las caras, con botargas, maquetas y lo que es mejor, A TODO COLOR, en uno de los versus más espectaculares que hayamos visto en toda la historia.   

Y tras una larga espera, en medio de una pandemia global,  estos titanes vuelven a reencontrarse, en Godzilla vs Kong (2021) a manos esta vez, de un director de cintas de horror y humor negro como Adam Wingard —autor intelectual de joyas tan emblemáticas como You’re Next (2011) o tan vomitivas como Blair Witch (2016)— con el fin de coronar a uno como el rey definitivo. El rey de los monstruos. 

Una película bastante esperada que generó el suficiente hype en redes sociales tras su interesante tráiler, pues ponía en evidencia la epicidad de ambos personajes haciendo uso de sus habilidades o de su propio estilo de pelea. A la vez que se popularizaban los famosos hashtags, #teamkong o #teamgodzilla, para hacer que los fans pudieran sentirse representados en algún bando en específico. Elevando las expectativas, y haciéndonos creer, por un milisegundo quizá, que se avecinaba algo descomunal. Algo verdaderamente fuera de serie.

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¡Y no era para menos! ¡Kong y Godzilla en pantalla grande! ¿Lo entienden? ¡Kong y fucking Godzilla volverían a enfrentarse en una nueva lucha de titanes! ¡La famosa rivalidad de monstruos por fin en nuestra época para saldar cuentas del pasado! ¿Qué podría salir mal? ¡Contéstame universo que conspira a mi favor! ¿Qué podría salir mal? Bueno… más de lo que uno esperaría.  

No vayan a malinterpretarme. Ni se les ocurra verme como el típico aguafiestas que pretende ir en contra de lo que está de moda solo para sentirse interesante porque saben bien que ESTO NO ES ASÍ. 

A mí me encantan ambas franquicias. No me considero de ningún team en específico. Y al igual que muchos de ustedes, estaba esperando cuanto menos, sorprenderme. ¡Cuanto menos orgasmearme y perder la cabeza en medio de la sala! Pero entiéndanme… no pretendo fingir un orgasmo tampoco. Como jamás pretendería engañarlos a ustedes porque nunca lo he hecho. Bueno, a veces. 

Godzilla vs Kong

Foto: Warner Bros. Pictures

El punto es que Godzilla vs Kong (2021) me ha decepcionado. Y ya está. Eso es todo. No pretendo decir que es una porquería de película, porque realmente no lo es. O que como propuesta palomera no cumple… porque cumple de puta madre. Pero debo decirles la verdad. A favor del libre pensamiento o de respeto propio: nadie me borra de la cabeza que hoy estoy muy decepcionado. 

Quizá la película no tiene la culpa. Eso me queda claro. Quizá todo se debe al hype innecesario —ni siquiera me interesa— pero a lo que mí concierne, el único problema que tiene la cinta; el único y verdadero problema que le veo… es que es una batalla sorprendente, pero no “una épica batalla”. Es un espectáculo visual de lo más encantador, pero no es “un épico espectáculo visual para volverse locos”. 

Godzilla vs Kong (2021), queridos amigos, carece de epicidad. Carece de amor. Carece de entrega y atrevimiento; de pasión. De pasión por llevar a los dos colosos a un punto máximo, quiero decir. Pasión por romper tanto las barreras de las batallas como también del típico cliché de las cintas de versus para hacer algo completamente distinto. Pero no. Godzilla vs Kong, se queda en lo predecible. En lo que siempre molesta y en lo que siempre decepciona. 

Una trampa nostálgica que funciona a base de falsas promesas. El mismo fucking recurso narrativo de siempre.

Godzilla vs Kong

Foto: Warner Bros. Pictures

En otras palabras, la cuestión está en jamás develar a un ganador definitivo, porque las cintas crossover de enfrentamiento, casi siempre son bastante tímidas. ¿O es que ustedes pueden darme la respuesta de quién fue el verdadero campeón de… Freddy vs Jason (2003), Alien vs Predator (2004) o Batman v Superman (2016)? Todas en absoluto, siguen un mismo y riguroso lineamiento. Una “fórmula efectiva” para no decepcionar a nadie.

O bien: 

  1. Ninguno gana porque ambos —misteriosamente— siguen con vida, como al final de Freddy vs Jason con esa divertida escena donde Jason lleva la cabeza de Freddy, pero este último simplemente guiña el ojo como señal de “empate”.

 

 

  1. O la ambigüedad de la respuesta nos hace pensar que los versus están hechos para seguir haciendo secuelas innecesarias -o luchas postergadas- como en Alien vs Predator donde el Xenomorfo sale del pecho del Depredador como clara señal de un nefasto “continuará”. Cosa que de hecho, sí continuó ya que Alien vs Predator 2 (2007) fue situada enseguida de esta misma escena.

 

  1. O ambos sobreviven porque casualmente sus madres comparten el mismo nombre. Ok no: o ambos no pueden seguir luchando entre sí porque comparten un tercer enemigo que aparece de la nada y los obliga a unir fuerzas distorsionando el verdadero propósito de la cinta.

¡Pues bien! La tragedia de Godzilla vs Kong no es que siga una de estas premisas para salir ilesa. ¡Su verdadero problema es que sigue las tres al mismo tiempo! Realmente los dos siguen con vida. Realmente se pretende hacer más secuelas con rivalidades ambiguas. Y por supuesto que hay un tercer enemigo que nubla la batalla inicial para hacer de esta película un maldito cliché andante. 

Y no me vengan con que la película es clara al poner a Godzilla como único ganador debido a esa escena final, ya que sería un argumento estúpido de baja categoría. Ni tampoco vengan a molestar con que los #teamkong son los payasos de las apuestas porque me hace creer que solo quieren ver lo que les conviene.

Godzilla vs Kong

Foto: Warner Bros. Pictures

Sí, es verdad, Kong quedó moribundo por el verdadero rey de los monstruos: Godzilla. Podría decirse que este último ganó. Pero no creo que eso sea tan humillante como para ver a este mismo rey de los monstruos siendo aplastado por una inteligencia artificial creada por el hombre, y posteriormente salvado por Kong —que se supone era más débil que él— de una forma tan poco épica, que ya podemos calificar de esta esperada “batalla del siglo”, de ambigua, absurda y demasiado predecible.   

Podrán decir que quisieron darles sus momentillos “cool” a cada uno para que nadie se sienta defraudado, pero si yo fuera #teamgodzilla estaría algo decepcionado también. 

Y hablando de eso. Me parece una verdadera grosería desaprovechar al épico Mechagodzilla —recordad aquel alucinante doppelgänger mecanizado de Godzilla vs Mechagodzilla (1974)— como “la manzana de la discordia” en lugar de aprovecharlo a su justa medida: en solitario, en alguna cinta en el futuro. Pero no como la excusa barata de siempre para suspender una lucha y dejar al ganador exento de un reconocimiento claro.  

¡Ya no se esfuerzan en nada! 

Y en cuanto a reparto o “factor humano” la cosa no mejora tampoco. Por un lado, tenemos a los clásicos “héroes” que buscan ayudar a la humanidad de alguna manera —en este caso, encontrando una fuente de energía ilimitada en el centro de la Tierra— como lo son el Doctor Nathan Lind y la Doctora Ilene Andrews —interpretados por Alexander Skarsgård y Rebecca Hall respectivamente— pero que resultan tan intrascendentes; tan absurdamente planos, que la verdad, uno se olvida de ellos y sus buenas intenciones a la primera batalla de monstruos. 

Luego, los antagonistas, que no son más que el cliché de empresarios corruptos manejando malévolas agencias de tecnología, como Maya y Walter Simmons —padre e hija interpretados por nuestros paisanos Eiza González y Demián Bichir— son el mismo paralelo que los primeros, ya que pese a ser “los malos”, no aportan nada lo suficientemente interesante como para mejorar la trama. Aunque un reconocimiento deben tener ya que son ellos los que hacen girar la historia, aunque no duren demasiado. Es decir, al final de todo, son latinos. 

Y no me hagan hablar de Millie Bobby Brown, Julian Dennison y Brian Tryee Henry —Madison, Josh y Bernie— como estos “caza mitos conspiranoicos” salidos de The Goonies (1985) en una aventura propia de Steven Spielberg porque toda la subtrama que poseen es verdaderamente descafeinada: “develar el secreto de estas horribles corporaciones que quieren exterminar estas criaturas como la clásica metáfora de que el hombre es el verdadero monstruo”. ¡Ja! Qué original.

Se supone que son el factor “comedia”. Se supone que deberían hacernos reír. Millie para mí es un cero a la izquierda. Vaya carita más antipática e inexpresiva. A Julian ni siquiera lo conozco. Y Brian Tryee… bueno, ese sujeto sí me convence. Su personaje es divertido y termina siendo, de manera irónica, el más desarrollado de todos con esa historia —intrascendente— y romántica que cuenta sobre su esposa. 

Pero no se dejen engañar. No todo en la película es tan malo como pareciera. De hecho, rescato varios elementos que le dotan de cierta creatividad o cuanto menos, la hacen ingeniosa dentro del género fantástico. 

Godzilla vs Kong

Foto: Warner Bros. Pictures

Primero, el increíble recorrido que nos ofrece a la Tierra Hueca, ese mundo dentro del nuestro habitado por criaturas prehistóricas o monstruos de pesadilla, como clara referencia a los cientos de leyendas y teorías conspirativas al respecto, pero también, como homenaje tanto a la mítica novela de Arthur Conan Doyle, posteriormente adaptada en 1925 por Harry O. Hoyt, The Lost World, como a la obra cumbre de Julio Verne Viaje al centro de la Tierra (1984) ya que se ha vuelto todo un referente inmediato dentro de nuestro imaginario colectivo. 

Y segundo, por esos detallitos Sci-fi como usar los cráneos de King Ghidorah a manera de lazo neuronal que nos permita manejar un robot gigante como el propio Mechagodzilla solo con el poder de nuestra mente. Entre la ciencia ficción cyberpunk y el género Mecha al puro estilo de Evangelion (1995 – 1996). Aunque dudo que sea un referente. Lo mismo decían de Pacific Rim y terminó siendo más un homenaje a Mazinger Z (1972 – 1974).

¡En fin! Una película entretenida, es cierto, pero del montón. Una película con batallas asombrosas, correcto, pero sin llegar al término epopeya. Una película que te ofrece lo que su nombre dice, pero por mero compromiso. Con todo el dolor del mundo, queridos padawans… la película que no termina siendo “LA PELÍCULA”. De genialidad limitada. De manufactura predecible. Una epicidad frustrada.

Posdata: para películas de monstruos, ¡Monster Hunter (2020)! La obra maestra del 2020. ¡Yo lo dije!

Sinopsis:

“Godzilla y Kong, dos de las fuerzas más poderosas de un planeta habitado por aterradoras criaturas, se enfrentan en un espectacular combate que sacude los cimientos de la humanidad. Monarch se embarca en una misión de alto riesgo y pone rumbo hacia territorios inexplorados para descubrir los orígenes de estos dos titanes, en un último esfuerzo por tratar de salvar a dos bestias que parecen tener las horas contadas sobre la faz de la Tierra.”

 

*Foto de portada: Warner Bros. Pictures

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Héctor Jesús Cristino Lucas
Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com
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