Liliput: cinco años de experimentación y resistencia desde el arte
Liliput es una galería que decidió dejar a un lado el carácter comercial y apostar por las redes de apoyo construidas entre el gremio artístico de Puebla y artistas de otras partes del mundo
Por Lado B @ladobemx
09 de noviembre, 2020
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Fernando Merino | @FerMerinoN

Liliput, la galería experimental ubicada en San Manuel, se ha enfrentado a múltiples obstáculos desde su inicio: la precarización del gremio artístico por parte de las instituciones gubernamentales, el discurso hegemónico del arte de los cuerpos académicos de Puebla, y mantener a flote un proyecto que no busca generar riqueza sino apostarle al arte como una ventana para ver los problemas de la sociedad. 

Contra todas esas dificultades, el pasado 12 de octubre, la galería cumplió cinco años de crear comunidad entre las y los artistas y la gente de San Manuel y sus alrededores, quienes habitan de forma efímera este espacio con el único fin de encontrar en el arte una forma de dialogar, pues es a través del diálogo que se hacen nuevas lecturas de la realidad.

Desde que iniciaron el proyecto en 2015, con la exposición “Sacralidad virtual” del artista rumano Robert Strebeli, los directores de la galería, Rebeca Martell y Devin Cohen, tenían claro que la constancia y la resistencia serían las cualidades que les permitirían concretar el proyecto.

Rebeca Martell cuenta, en entrevista para LADO B, que en una ciudad que cada día crece más y donde la distancia es un problema, espacios como Liliput permiten acercar la cultura a quienes no pueden recorrer más de cuatro kilómetros de San Manuel al Centro Histórico (aproximadamente 30 minutos en transporte público), por lo acelerada que es la vida en la actualidad.

Aunque, agrega, la proximidad no es el la oferta de valor de Liliput sino las propuestas artísticas que llegan a sus muros.

Un árbol que se nutre de la diversidad

Para Rebeca Martell, el nombre del proyecto no se relaciona con el reino insular que Jonathan Swift describe en su libro Los Viajes de Gulliver. La directora de la galería cuenta que para ella Liliput es “un pequeño árbol, una matita que va creciendo y que poco a poco va mostrando sus hojitas, de acuerdo con la energía que va tomando de la tierra”. 

Y esa matita se ha nutrido con las decenas de artistas que en conjunto han realizado 70 eventos artísticos con propuestas innovadoras y centradas en la experimentación; abarcando el arte postal, videodanza, happening, conciertos electroacústicos, arte objeto, instalación; y muestras artísticas más conocidas como la poesía, fotografía y pintura, abordadas desde la multidisciplinariedad. 

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El árbol que menciona la directora, en un principio fue un espacio deteriorado, carente de luz y muebles, pero que durante los últimos años, y con la ayuda de artistas y la sociedad, ha crecido tanto que, con motivo de su aniversario, inaugurará un punto de lectura con un acervo en artes visuales, arte contemporáneo y fotografía. Esto ha sido posible gracias a donaciones de artistas y amigas y amigos de la galería.

Propuestas que evidencian realidades de México

Desde la inauguración de Liliput, diversas muestras artísticas se han presentado en la galería. Algunas de ellas evidenciaban problemas que se viven en México, tal es el caso de “Desconocida Unknow Unkjet”, de la artista noruega Lise Bjørne Linnert (1964), que aborda el tema de la desaparición y asesinato de mujeres en Ciudad Juarez

Ocho mil etiquetas bordadas por familiares y amigos, que representaban a cada una de las víctimas anónimas y con nombre, llenaron los muros de Liliput, evidenciando la magnitud de la violencia contra las mujeres que se vive en esa ciudad y en todo el país. 

Antes de cerrar sus puertas por la pandemia de COVID-19, Liliput albergó una exposición del artista mexicano Roberto Solis también sobre la violencia vivida en México. Sus pinturas mostraban la sangre, los huesos, la carne y cuerpos inertes que ha dejado la inseguridad en nuestro país; las imágenes plasmadas fueron el producto de las portadas grotescas de nota roja que más impresionaron al artista a lo largo de una década. 

Comercializar, un factor que juega en contra de las y los artistas 

Foto: Marlene Martínez

De acuerdo a los directores de Liliput, la tendencia de las galerías comerciales es apostar por artistas emergentes, lo cual aplauden, pero advierten que cuando las y los creadores llegan a la edad en la que ya no se les considera chic, se les excluye de esa dinámica cultural que privilegia comercializar con el arte.

“¿Y luego qué pasa con artistas de más de 30 años? Nadie los mira porque ya no están en el rango de los [y las] emergentes. Nos interesa trabajar mucho con artistas que han resistido y que no están en el espectro de lo chic, pero que siguen trabajando seriamente con propuestas sólidas”, explicó Rebeca Martell. 

Otro factor que juega en contra de artistas que superan el umbral de creadores emergentes es la falta de espacios para exponer su su obra, pues las convocatorias y residencias artísticas que ofrece el gobierno tienen un límite de edad, que dificulta la continuación del quehacer artístico de quienes lo superan.

Pero la comercialización de las obras no sólo afecta a las y los artistas sino también a los espacios que albergan arte. Por ello, en Liliput decidieron dejar a un lado el carácter comercial y apostar por las redes  de apoyo construidas entre el gremio artístico y quienes viven en la zona de San Manuel, pues todos colaboran para que los eventos se puedan llevar a cabo. 

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Para Rebeca Martell “vender arte desvirtuaría la misión”, y aunque es consciente de que el dinero podría ayudar a que el lugar crezca más rápido, en cuestión de infraestructura y difusión, prefiere que el proceso se realice de forma orgánica y colaborativa. Y una forma que han encontrado para mantener los gastos de mantenimiento ha sido a través del reciclaje de PET y aluminio para pagar la luz y otros servicios, y en el caso del cartón y papel lo reciclan para hacer nuevo papel.

El árbol seguirá creciendo

A Liliput han llegado artistas de Europa, Sudamérica, Estados Unidos, México y, por supuesto Puebla, y  Rebeca Martell espera que puedan albergar más propuestas, ya que el motivo por el que traen propuestas artísticas de otros países es debido a muchas veces los circuitos artísticos poblanos se cierran al amiguismo, -y se puede ver en algunas galerías del Centro en donde siempre son los mismos que exponen- y la intención, al menos para Liliput, es generar vínculos con otras latitudes.

Las actividades para celebrar los primeros cinco años de la galería tuvieron que ser aplazadas, aunque la antesala de las celebraciones fue una exposición sobre la poeta poblana Gabriela Puente el pasado 30 de octubre. Además, Martell y Cohen se encuentran trabajando en un libro con el apoyo editorial del Centro Nacional de las Artes (Cenart), que recopila las memorias de las propuestas artísticas que han llenado este espacio. 

Hasta el momento, Liliput ha realizado 70 eventos artísticos en su sede ubicada en San Manuel; en su célula de Pennsylvania, Estados Unidos, llamada Philiput también han realizado distintos eventos, uno en particular es la exposición del artista poblano Luis Ricardo, en donde el creador presentó siete de sus obras que exploran el arte del siglo XXI.

Más proyectos llegarán a este espacio en San Manuel para hacer que el árbol crezca y para ello, tanto Rebeca como Devin constantemente buscan “proyectos que puedan ser valiosos, ideas que conecten a Puebla con otros lugares del mundo”, y tienen  fe  de que “por un orden natural las cosas crezcan”.

 

*Foto de portada: Marlene Martínez

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