¿Lealtad a ciegas con qué proyecto?
Cuando Andrés Manuel López Obrador reclama lealtad a ciegas con el “proyecto de transformación”, ataja a quienes pudieran o quisieran pensar que lo que desea es devoción hacia su persona, adhesión acrítica a su palabra y sus prioridades
Por Roberto Alonso @rialonso
28 de septiembre, 2020
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Resulta difícil disociar el proyecto de la 4T con su cabeza visible. Esto no obedece a que apenas hemos cursado una tercera parte del sexenio, sino a que a lo largo de estos meses lo que toma forma de proyecto es lo que el presidente profiere o valida, dejando fuera aquello que, aunque pareciera acorde con las finalidades de la transformación, no es de su agrado.

Cuando Andrés Manuel López Obrador reclama lealtad a ciegas con el “proyecto de transformación”, ataja a quienes pudieran o quisieran pensar que lo que desea es devoción hacia su persona, adhesión acrítica a su palabra y sus prioridades. Sin embargo, a falta de claridad en los caminos para la realización de las grandes directrices de su empresa, la contención en torno a dicho malintencionado vaticinio se queda en la dimensión discursiva, es decir, hueca.

A trazos generales, dice el presidente, “el pueblo nos eligió (…) para acabar con la corrupción, para acabar con los abusos, para llevar a cabo un gobierno austero, sobrio, para hacer justicia.” Ahí están diáfanas algunas de las líneas madre de este gobierno. El enigma parece estar en las rutas a seguir para alcanzar esos y otros objetivos, toda vez que lo que en la perspectiva de algunas y algunos sería lógico, progresista e incluso congruente con el programa político del movimiento que lo llevó a la Presidencia, en la mentalidad del habitante de Palacio Nacional no cabe o es mal visto.

Así pudo observarse en mayo pasado con el planteamiento del presidente interino de Morena, Alfonso Ramírez Cuéllar, de facultar al INEGI para medir la concentración de la riqueza y situar la progresividad fiscal como base para la edificación de un Estado de bienestar, en orden a combatir la desigualdad. Casi en automático la propuesta fue bateada desde la tribuna presidencial y, en consecuencia, por legisladores que materializan tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados las declaraciones del Ejecutivo federal.

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De acuerdo con el programa de Morena, este movimiento/partido está a favor de una reforma fiscal progresiva. No obstante, López Obrador ha soslayado esta directriz y ha evadido sistemáticamente el debate alrededor de que las grandes corporaciones y las personas más ricas contribuyan más al erario público. Pero esto no es todo. En coherencia con esa posición y bajo el principio de la austeridad republicada, ha limitado la acción sustantiva del propio gobierno y pone en vilo recursos importantes para la ciencia, los desastres naturales y las víctimas.

¿Cuál es entonces el proyecto que el presidente enaltece para serle fiel con los ojos vendados? ¿Las razones por las que lucha Morena agrupadas en los 10 puntos que articulan su programa político o la voluntad de quien habiendo navegado en campaña con este mapa viaje ahora con una brújula distinta?

Si nos atenemos a lo establecido en el programa de acción de Morena , la contradicción en materia de una fiscalidad progresiva no es la única que desnuda los boquetes del barco de la 4T. En ese documento básico puede leerse, por ejemplo, que “la espiral de violencia (que azota al país desde 2006) genera más violencia, odio y frustración”, y casi enseguida, que “las fuerzas armadas no deben ser usadas en funciones civiles”, siendo que esta espiral permanece tristemente en aumento tras ser continuada la política de seguridad que la desató a través de una Guardia Nacional de fuerte composición militar y la presencia del Ejército y la Marina en las calles sin los controles necesarios.

La 4T

AMLO, Presidente de la República Mexicana
Foto: Andrés Manuel López Obrador | Facebook

El mismo documento pone de relieve que “la autonomía indígena es una forma concreta de ejercer el derecho a la autodeterminación en el marco de la unidad nacional”, así como el compromiso de este partido con el reconocimiento a los pueblos indígenas de derechos como la participación política y el consentimiento libre, previo e informado. Pero lo que hemos visto en estos meses es el bloqueo de este tipo de iniciativas, o bien su simulación, por la vía de las representaciones y los cacicazgos que acompañan al presidente en su proyecto de transformación.

Una incoherencia más tiene que ver con los megaproyectos y la minería. Mientras el programa de Morena afirma que “grandes desarrollos o megaproyectos con impactos ambientales sumamente graves, en muchos casos irreversibles, se han venido impulsando en el país”, y que la minería genera “una mínima derrama económica y en cambio, una gran devastación, que acrecienta desmesuradamente una deuda ambiental sin perspectiva de ser saldada”, en la realidad los megaproyectos siguen avanzando, el fracking no se ha detenido en el país y el despojo legal se mantiene vigente en la Ley Minera.

Ante la dificultad de ubicar las coordenadas del proyecto de transformación más allá de López Obrador, cobra especial sentido la convocatoria que ha hecho Julio Boltvinik, integrante del consejo consultivo de Morena y quien ha acompañado a esta fuerza política desde sus inicios, a construir la plataforma electoral que requiere para convertirse auténticamente en un partido de izquierda. “Si Morena no jala a AMLO hacia la izquierda, nadie lo hará”, sostiene el académico y columnista de La Jornada.

Tiene razón el presidente al aseverar que la lealtad a las personas se convierte muchas veces en abyección y servilismo. Ojalá que Morena, en su renovación, pueda verse y definirse más allá de él.

*Foto de portada: AMLO, Presidente de la República Mexicana/ Foto: Gobierno de México | Facebook

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Roberto Alonso
Coordinador de la Licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad Iberoamericana Puebla y del Observatorio de Participación Social y Calidad Democrática.