COVID-19 y la nueva normalidad de las embarazadas
Las incertidumbres sobre la pandemia se suman a las del embarazo. ¿Qué sabe la ciencia de los efectos de la COVID-19 en las gestantes? Los expertos coinciden en que no se debe aislar a los neonatos de sus madres positivas y que es urgente hacer más estudios.
Por Agencia SINC @
14 de junio, 2020
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Elena Sanz

No soy ni la primera ni la última que, una mañana cualquiera, se queda mirando un test de embarazo esperando confirmar que el retraso es fortuito y, ¡oh, sorpresa!, aparece la doble línea rosa. Lo atípico del acontecimiento es que suceda justo un día antes de que se declare en España el estado de alarma por la pandemia de SARS-COV-2. La incertidumbre asoma al instante. ¿Y ahora qué?

Para intentar despejar las dudas llamo a mi centro de salud. Y en pocos segundos tengo a la matrona al otro lado del teléfono dándome la enhorabuena y rellenando a toda prisa la cartilla de embarazo mientras me cose a preguntas.

“Vale, ya lo tengo todo apuntado. ¡Vaya momento habéis elegido!  —me reprende, medio en serio, medio en broma—. Espera un segundo, que te doy cita sobre la marcha para la primera analítica. Pero por favor, vente en coche, aunque vivas a dos pasos. Así te tomas el jarabe de glucosa sentadita en tu vehículo y vuelves una hora después a sacarte sangre. Hazme caso que, aunque el Gobierno no lo diga, las embarazadas sois población de riesgo ahora mismo porque estáis inmunodeprimidas”.

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De toda su retahíla me quedo con el final. ¿Inmunodeprimidas? Y mi mente periodística coge esa etiqueta con pinzas hasta contrastarlo. La primera fuente que me viene a la mente es Ignacio J. Molina, inmunólogo de la Universidad de Granada, uno de los españoles que más sabe sobre cómo funcionan nuestras defensas.

“Es cierto que el embarazo provoca algunos cambios en el sistema inmunitario, pero eso no quiere decir en absoluto que las embarazadas estén inmunodeprimidas”, responde con rotundidad.

Las fascinantes defensas de las embarazadas

“Lo que está claro es que la respuesta inmunitaria durante la gestación es fascinante: piensa que, a pesar de que rechazamos un riñón trasplantado mientras no sea 100 % compatible, no se rechaza al feto, que con respecto a la madre es solamente un 50 % compatible”, cuenta a SINC. Y eso ocurre a la vez que las defensas se mantienen ojo avizor para defendernos ante posibles infecciones. Una paradoja inmunológica en toda regla.

La placenta provee un ambiente único donde dos tejidos antigénicamente diferentes, el de la madre y el del feto, dan un ejemplo de mutua tolerancia para permitir el desarrollo de una nueva vida. “Todo se resume en una sofisticada inmunosupresión fisiológica, que no es lo mismo que una inmunodepresión, y que no tendría por qué influir en la respuesta a la COVID-19”, puntualiza Molina.

Tirso Pérez-Medina, jefe del Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Universitario Puerta de Hierro de Majadahonda (Madrid), lo matiza. “En realidad se trata de una inmunidad modulada, no suprimida”, explica a SINC.

Afecta sobre todo a una de las brigadas básicas del sistema inmune, los linfocitos T cooperadores (helper, por su nombre anglosajón). En un sistema inmunitario sano, los linfocitos T helper 1 (Th1) y helper 2 (Th2) trabajan juntos para mantener el equilibrio de las respuestas inmunitarias. Pues bien, parece ser que la progesterona, el estradiol y otras hormonas secretadas por las gestantes inclinan la balanza hacia el perfil Th2.

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“Hay un reajuste del equilibrio, un cambio de Th1 a Th2”, aclara el ginecológo. “Se postula que este cambio a inmunidad Th2 es responsable de las respuestas alteradas durante el embarazo a infecciones respiratorias virales, y esto podría explicar el aumento de la severidad de las infecciones como la gripe”, añade.

Si a esta adaptación del sistema inmunitario le sumamos que la capacidad de distensión pulmonar de las embarazadas está bastante mermada, se entiende que se les recomiende vacunarse frente a la gripe.

Qué sabemos por ahora

¿Sucede lo mismo con la COVID-19 que con la gripe en las gestantes? Los primeros en hacerse la crucial pregunta fueron un equipo investigadores chinos de la Universidad de Wuhan. En pleno epicentro de la pandemia de coronavirus, llevaron a cabo un seguimiento de nueve mujeres embarazadas que dieron a luz por cesárea en el tercer trimestre mientras padecían COVID-19. Encontraron buenas noticias. Resultó que sus características clínicas eran casi idénticas a las de los adultos no gestantes, tal y como publicaban el pasado marzo en la revista médica The Lancet. Además, ninguna de ellas desarrollaba neumonía.

Lo que es aún más importante, todos los bebés nacieron completamente sanos, sin ningún indicio de que el virus se transmita al feto mientras permanece en el vientre materno, como confirmaba poco después otro estudio de la Universidad de Colorado, y más adelante otro iraní.

Sin embargo, cuando los científicos estaban a punto de lanzar campanas al vuelo aparecieron dos estudios en la revista JAMA que sembraron serias dudas. El más preocupante detectó el virus SARS-CoV-2 en nada menos que tres de 33 recién nacidos de Wuhan cuyas madres padecían la COVID-19.

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*Foto de portada: Piqsels

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