[dropcap type=»1″]P[/dropcap]ocos, muy pocos personajes en la historia, conscientes de su valía, han afirmado a contracorriente que “mi tiempo vendrá”. Gustavo Mahler (1860-1911), el gran músico austriaco-bohemio es uno de ellos, y la frase fue lanzada seguramente por la casi-constante mala acogida que encontraron la mayor parte de sus obras (salvo las consabidas excepciones que hacen la regla). Al final Mahler tuvo razón, pues su celebridad no ha hecho sino crecer con el tiempo. Algunos dicen que desde que es posible escuchar sus obras en aparatos tecnológicos, la admiración mundial por su música explotó. Creo en esta versión sobre todo por considerar la tremenda extensión temporal de la mayoría de estas obras (prácticamente sólo sinfonías y canciones sinfónicas; algunas de ellas rondan las dos horas y media), que pueden llenar una sola la totalidad de un concierto, lo que resulta un tanto pesado o difícil. Pero así ha sido a lo largo de la historia: admiradores de Mahler desplazándose a alguna ciudad donde se presentará tal o cuál sinfonía, lo cual es un evento remarcable y poco frecuente en todo el mundo. Yo mismo he hecho algunas de estas “peregrinaciones” para escuchar las monumentales sinfonías 2, 3 u 8 en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México.
La escucha personal delante de un aparato estereofónico es más factible y fácil que tener que esperar el raro evento público. El caso límite es el de la sinfonía no. 8, llamada De los Mil, que se interpreta en raras ocasiones dado que requiere además de una orquesta sinfónica ampliada que puede llegar a 120 ejecutantes o más, también a grupos de músicos fuera del escenario, algunas percusiones especiales, coro de niños, un coro monumental y cantantes solistas (estas dos últimos también en la sinfonía no. 2 y no. 3).
A estas alturas creo que ya me he delatado como un apasionado de la música de Mahler. Así es. Sin embargo la razón no es porque sea la que más me gusta, no. Me es posible citar otras músicas que me gustan más que la de Mahler. La verdadera razón es que la de Mahler es la que me hace vibrar las cuerdas más íntimas en las que resuenan grandes emociones y sentimientos. Resuenan, vibran con la misma frecuencia música y alma al grado de provocarme visiones de lugares y estados de ánimo que este compositor muerto un siglo atrás, puede trasmitirme.
[pull_quote_right]La música alterna lo luminoso y lo sombrío, la resignada paz y la rebeldía, el amor y la nada, como en una lucha de antagonistas entre la vida y la muerte. El movimiento concluye con una melancolía profunda que acepta el final con paz, como cuando se dice adiós.[/pull_quote_right]
Una muy particular relación música-sentimiento en Mahler puede vivirse en la sinfonía no. 9, quizá la obra culmen de este compositor, pues es nada menos que su despedida de este mundo con la cauda de sentimientos que esto conlleva. De entrada, Mahler quería evitar la maldición de algunos compositores para llegar a su novena sinfonía y después morir, tal como pasó justamente con Beethoven, con Schubert, con Bruckner. Para esto Mahler hizo algo extraño: compuso un ciclo de seis canciones sinfónicas con textos de poemas japoneses traducidos al alemán por Hans Bethge, llamado Das Lied von der Erde (La canción de la Tierra), la otra obra considerada el testamento de Mahler junto con la novena sinfonía, para colocarla después de la octava. Pero esas canciones son en realidad una sinfonía disfrazada. Luego vino la novena como queriendo engañar el orden de las obras, pero eso no logró evitar la maldición. A pesar de que Mahler dejó el borrador de una décima sinfonía, que tuvieron que completar otros músicos apegados a él, puede decirse que llegó a nueve sinfonías acabadas y luego murió para cumplir la profecía.
1909 es el año de eventos negativos y tremendos golpes en la vida de Mahler: luego de que un par de años antes algunas intrigas y problemas acumulados durante los diez años de su estancia en la celebérrima Ópera de Viena, y por su carácter difícil, habían logrado que renunciara a ese prestigioso puesto cultural. Luego vino algo muy duro: la muerte de su hija mayor Maria Anna, de seis años, con la que tenía gran conexión. Después se entera de la relación que tenía su esposa Alma con el arquitecto Walter Gropius. Y para rematar, ese mismo año le detectan una enfermedad cardiaca incurable en esas épocas pre-penicilina. Demasiados golpes juntos para cualquier hombre. Mahler responde filosófica, artísticamente: compone música para despedirse de este mundo. Se trata justamente de la Sinfonía no. 9 y de las canciones Das lied von der Erde.
Voy a concentrarme en un solo trozo de estas: el primer movimiento, andante comodo, de la novena sinfonía, en el que se expresan los sentimientos que le embargan: tristeza, melancolía, amor por la vida, resignación, estallidos de protesta, paz, unidos todos por la indecible belleza que a estas alturas ha alcanzado el estilo Mahler. Dicho trozo de música tiene una intensidad emocional exacerbada, y reúne todas las características del estilo Mahler: mezcla de lo sabio y de lo popular, tremendos contrastes de tempos, de atmósferas, de sonoridades y de orquestación.
Ese movimiento comienza con una exposición lenta del tema inicial, llena de sensibilidad, de ternura y nostalgia, como una visión benévola de amor a la vida, al mundo. Luego viene la interrupción brutal de un evento trágico que quiere romper toda esperanza de vida, atmósfera que más adelante es interrumpida a su vez por el tema inicial lleno del gozo de vivir, de felicidad. La música alterna lo luminoso y lo sombrío, la resignada paz y la rebeldía, el amor y la nada, como en una lucha de antagonistas entre la vida y la muerte. El movimiento concluye con una melancolía profunda que acepta el final con paz, como cuando se dice adiós.
Esta música es el summum de la obra de Mahler, bella, melancólica, profunda, cargada de emociones que al final se resuelven en resignada paz. Se escucha como lo que es: la despedida de un (gran) hombre de este mundo. Viva Mahler por siempre.
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El autor es profesor de la Universidad Iberoamericana Puebla.
Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com
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