Lado B
Los ejes transversales y el desarrollo moral
Cuando la educación empezó a ser masiva y sistemática, a finales del siglo XIX y principios del XX, había la plena conciencia entre los educadores que la función de la escuela era la de transmitir los conocimientos a la nueva generación.
Por Lado B @ladobemx
29 de mayo, 2013
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Laura Angélica Bárcenas Pozos*

Cuando la educación empezó a ser masiva y sistemática, a finales del siglo XIX y principios del XX, había la plena conciencia entre los educadores que la función de la escuela era la de transmitir los conocimientos a la nueva generación. Para todos era claro que la formación moral de los niños y adolescentes se llevaba a cabo en la familia y por lo tanto era responsabilidad de los padres.

Sin embargo se han hecho presentes fenómenos que han complejizado la vida de nuestro globo terráqueo, por ejemplo, la introducción de las políticas económicas neoliberales que redujeron los estados a casi nada, haciendo del mercado juez y parte, provocando desempleo y pobreza. El incremento de la violencia, la agresividad, la migración y el debilitamiento de las organizaciones sociales. El alto nivel de consumismo, individualismo y el alto poder que han adquirido los medios masivos de comunicación. Los altos niveles de corrupción, la manipulación genética, así como el relativismo y subjetivismo ético, han transformado la vida de los seres humanos. Además del cambio en la dinámica de la conformación del núcleo familiar, que también ha cambiado y que al ser el lugar donde se favorecía el desarrollo moral se fue observando que ya nadie atendía este aspecto.

Así que a finales del siglo pasado, la sociedad volteó la mirada a la escuela y le asignó la tarea del desarrollo moral en niños, adolescentes y hasta en estudiantes universitarios. La escuela tratando de cumplir con este encargo respondió con los ejes transversales, que fueron incluidos por primera vez en 1991 por César Coll, cuando se dio una reforma educativa en España.

Los ejes transversales se sustentan en el principio de que la formación ética y los valores que conforman el desarrollo moral, no es una transmisión cognitiva de conceptos y que se puede dar de dos maneras en la escuela e incluso en la familia, por moldeamiento, es decir, con ejemplos en donde los adultos comunican con sus acciones y modos de proceder, cuáles son las conductas socialmente aceptadas o bien, a través del currículum oculto, que se da a través del ejercicio de normas,  reglas y formas de relación.

Esta formación moral se vuelve de vital importancia, porque en base a la construcción moral que ha hecho cada ser humano, toma sus decisiones. Así que una persona con un desarrollo moral sólido tomará decisiones que consideren a los otros, pensará en lo que es mejor para muchos y no sólo para él, para ella o para unos cuantos. Y hago hincapié en las decisiones y los efectos de estas porque como todos sabemos, dichos efectos impactan de manera directa en la vida futura de quién toma esas decisiones.

Además cuando muchas personas toman un mismo tipo de decisiones habrá efectos sociales en el futuro y no solo personales (Martínez, 2009), por ejemplo, en una población varias personas deciden que comerán sano y que además darán de comer a sus hijos comida saludable, seguramente en esa comunidad en el futuro veremos índices bajos de enfermedades sobre todo de esas relacionadas con la edad y la alimentación. Lo mismo sucede cuando muchas personas deciden consumir alcohol desenfrenadamente, el efecto que tendremos en el futuro socialmente hablando será el de un alto índice de alcohólicos.

Es decir, cuando se habla de un desarrollo moral no sólo se está pensando en la persona como individuo, sino en el ser humano como un colectivo, como especie y con toda la complejidad que esto representa. Entonces los ejes transversales están orientados a desarrollar la moral de los pequeños que asisten a la escuela para que en el futuro, consideren las decisiones que toman en función de lo que beneficia al ser humano.

Hoy la escuela tiene mucha claridad de que entre otras, su responsabilidad es la de la formación integral de las personas que asisten a esta y que lo hace a través de estos ejes transversales que según los estudiosos del tema, funcionan mejor cuando están incluidos en los temas académicos y estos temas sirven de pretexto para pensar sobre las cuestiones éticas, cuando se dialoga y reflexiona con los estudiantes y no cuando se dan en el discurso, cuando se hacen presentes en todas las actividades de la organización escolar, de ahí su nombre de “transversales”, cuando no se dan en “programas paralelos”, cuando los alumnos perciben consistencia entre en el discurso y las acciones de sus profesores, así como de la institución y cuando los padres de familia camina en la misma sintonía que la escuela.

Sin embargo, y es triste decirlo, no todos los profesores tienen suficiente formación para incluir reflexiones éticas como estrategia didáctica a partir de los contenidos que trabajan en la escuela, muchos de ellos siguen pensando que lo importante es terminar el programa, me parece que hoy la escuela tiene demandas más urgentes.

Es verdad que cada día estamos enfrentando más responsabilidades al interior de las instituciones educativas, pero también tenemos consciente que en estos temas y en algunos casos, los docentes somos los únicos que hacemos algo.

*La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.

Este texto se encuentra en Círculo de Escritores.  Sus comentarios son bienvenidos

 

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