Lado B
La realidad es otra cosa... o la urgencia de educar la criticidad
Por Lado B @ladobemx
19 de junio, 2012
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Martín López Calva

Sería difícil sobre-enfatizar la importancia del juicio.

Es crucial en la transición del pensamiento a la reflexión,

de la ficción al hecho, de las ideas brillantes a las ideas

verificadas, del mundo de la fantasía al mundo real….

Brian Cronin

 

Conforme avanzan las campañas electorales el nivel de confrontación –que no de debate- entre los candidatos, sus equipos de campaña y sus seguidores, va subiendo de tono y se va convirtiendo en una absurda campaña de descalificaciones, fotografías, caricaturas, espectaculares, entradas de Facebook y tuits supuestamente humorísticos unos y francamente grotescos y hasta insultantes otros, que tristemente evidencian la pobreza de argumentos de la sociedad en que hoy vivimos.

De manera que en lugar de que los medios, las redes sociales y la plaza pública se conviertan en lugares donde los ciudadanos se informen, cuestionen, hagan y revisen análisis sobre las plataformas y las trayectorias de los candidatos –este término incluye, en buen español a la candidata- para normar su criterio y decidir responsablemente su voto, se han vuelto lugares donde se exalta el fanatismo que lleva a creer y repetir lo que el candidato con el que se simpatiza quiere que creamos y repitamos y para descalificar mediante la burla, el insulto o incluso la mentira al candidato contrario.

Las campañas han ido construyendo un mundo de ficción, de ideas más o menos brillantes, de fantasías sobre el México ideal que cada candidato ofrece, según sus spots y lo que repiten sus seguidores y de fantasías negativas sobre el infierno que los candidatos opuestos al propio implican para la sociedad, si llegaran al poder.

Es por esto que unos van comprando la idea de un candidato que semeja un “rock star” y propone un México de telenovela mientras otros compran el miedo a quien es “un peligro para México” y la seguridad que ofrece la “mamá”  que va a cuidar a nuestras familias, al lado de otros muchos que creen a pie juntillas en la “mafia en el poder”, en “complots” y “fraudes” que ya están en marcha, sin apoyarse en análisis más objetivos sobre sus trayectorias.

Es así que en este momento preelectoral dominan nuestro escenario las pasiones y las los conceptos pero no la reflexión crítica, la ficción y no los hechos, las ideas brillantes –al menos para los fanáticos de una u otra postura política- y no las ideas verificadas, la fantasía y no la realidad.

Este mundo de fantasía, ficción e “ideas brillantes” es altamente riesgoso porque independientemente de que llevará, gane quien gane la presidencia, a la desilusión colectiva en el momento de volver a la realidad, está construyendo una polarización de la que será muy difícil salir una vez que el país tenga que volver a la normalidad de un gobierno federal electo para los próximos seis años.

En un escenario en el que los medios de comunicación dominantes, sobre todo las grandes cadenas monopólicas de la televisión, han construido con eficiencia mercadológica una candidatura que ha encabezado las encuestas desde el inicio del período de campañas, resulta muy fácil creer que estar del lado opuesto a lo que digan los grandes medios de comunicación y simpatizar con una opción de oposición al candidato que nos ha venido vendiendo la publicidad es ser crítico.

De este modo, los candidatos opositores a esta opción dominante y sus seguidores se asumen como críticos por el simple hecho de oponerse a esta manipulación mediática, pero son presas fáciles de manipulaciones de otros medios y de sus mismos candidatos y repiten sin la menor reflexión las consignas, protestas y promesas que ellos les imponen.

“La realidad es otra cosa…” contestó uno de los candidatos cuando en un programa de televisión les plantearon datos duros de INEGI, CONEVAL y otros organismos autónomos que cuestionaban su gestión en un cargo previo. Independientemente de si estos datos eran correctos o incorrectos, este es el síndrome de afiliación acrítica que hoy padecemos la gran mayoría de los mexicanos.

Porque en vez de buscar la realidad que nos saque de la fantasía sobre determinados aspectos de nuestra sociedad, en lugar de buscar los hechos que nos lleven más allá de la ficción, nuestra reacción frente a cualquier dato que contraste o contradiga lo que nuestro candidato afirma es la de pensar: “la realidad es otra cosa”, es decir, la realidad es lo que mi candidato dice no importa si tiene o no fundamento.

La criticidad se confunde entonces con lealtad ciega a la opción que cuestiona la perspectiva dominante, tenga o no razón. De este modo, ser crítico es aceptar incondicionalmente lo que digan los candidatos o partidos que se opongan a los poderes fácticos o a los grupos hegemónicos.

Sin embargo, nunca como hoy ha sido tan evidente la urgencia de contar con ciudadanos críticos, es decir, con ciudadanos que se abran a la reflexión más allá de su pensamiento o el de su candidato, que busquen los hechos más allá de la ficción por bella que parezca, que indaguen hasta llegar a buenos juicios a partir de ideas verificadas que trasciendan las ideas brillantes.

Un auténtico pensamiento crítico es autocorrectivo, afirma Lipman, es decir, es capaz de corregirse a sí mismo a partir de la duda constante que lleva a la pregunta: ¿de veras es así? ¿Realmente es como yo lo entiendo? ¿Es correcto o es falso?

“La realidad es otra cosa” afirma el pensador crítico pero en sentido opuesto a lo que respondió este candidato. La realidad es otra cosa más allá de mi percepción, más allá de mi comprensión, más allá de mis ideas preconcebidas por muy brillantes que sean. La realidad es otra cosa y debo buscarla de manera continua y sistemática es la convicción del auténtico pensador crítico.

De esta manera, pensar críticamente no es situarse de un lado o de otro de manera incondicional sino cuestionar todos los puntos de vista y formarse un buen juicio. Pensar críticamente es pensar de manera autónoma y coincidir, pero también discrepar de todas las personas, grupos y corrientes.

La realidad de este país a dos semanas de unas elecciones vitales para construir su futuro expresa la urgencia de redoblar esfuerzos desde las escuelas y universidades para desarrollar la auténtica criticidad de los estudiantes más que seguirlos haciendo repetidores o aún activistas de ideas, posturas o corrientes, por más vanguardistas o revolucionarias que sean.

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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