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América Latina: el asedio contra niñas y adolescentes
Un estudio publicado por la organización Cladem muestra el horror: en nuestros países las niñas y adolescentes viven un asedio constante que daña sus vidas y acaba con ellas. La violencia sexual se consolida como un crimen que detona otras violencias feminicidas: desaparición, feminicidio, suicidio feminicida, embarazo adolescente, muerte por aborto clandestino. Para ellas no hay un lugar seguro donde refugiarse, nos dicen las autoras
Por Pie de Página @
09 de enero, 2022
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Daniela Rea

En América Latina, durante la década que recién terminó, la violencia sexual contra niñas y adolescentes se consolidó como una violencia estructural, concluye una investigación realizada por el Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres.

La “Investigación sobre la interrelación y los vínculos entre la violencia sexual y la muerte de niñas y adolescentes en la región de América Latina y el Caribe”, entre los años 2010 y 2019, coordinada por las académicas Julia Escalante De Haro y Emanuela Borzacchiello,  dice que la violencia sexual enmarca a las otras violencias como el femicidio, desaparición, suicidio, falta de acceso a la interrupción legal del embarazo y muerte materna.

“La violencia sexual, no puede considerarse como la antesala de las demás violencias, sino como un fenómeno cuya reproducción constante detona violencias feminicidas que ponen en riesgo de muerte a las mujeres y, especialmente, a las niñas y adolescentes”, dice el informe.

“Las prácticas culturales nocivas y los silencios cómplices en los diferentes ámbitos reproducen la violencia sexual contra niñas y adolescentes. Para ellas no hay un lugar seguro donde refugiarse, sobre todo cuando sufren violencia sexual en el ámbito privado, por la impotencia y sometimiento que sienten frente al agresor en la vida cotidiana”.

El informe pone el acento en cómo la sociedad ha construido, creído y sostenido que las niñas y adolescentes y sus cuerpos son “para otros”, por lo tanto “se pueden violar o vender, y cuando sufren un embarazo infantil forzado producto de una violación, suelen ser culpadas, ocultadas y en algunos casos expulsadas”.

En el informe se encontró que en América Latina es común que exista saña contra las niñas y adolescentes cuando son víctimas de violencia sexual y que la violencia sexual previa al asesinato se replica con frecuencia.

Violencia sexual, control y extracción

En el informe se plantea que la violencia sexual, en muchos casos, se impone como forma de control, castigo y represión, en particular contra las adolescentes lesbianas. “A estas violencias en muchos casos se les define como violaciones selectivas o correctivas”, dice el informe.

Paralelamente, explican las autoras, la violencia responde o existe en el contexto de una reorganización regional en América Latina de las violencias, asentadas en la extracción y despojo de territorios, saberes y cuerpos. “Estas realidades traen consigo fenómenos como la desaparición intermitente de niñas y adolescentes, el recrudecimiento de otros, como el feminicidio sexual sistémico, o la mayor incidencia de suicidios en las niñas y adolescentes”.

En contextos de conflicto armado y de predominancia de criminalidad social organizada -como los que viven distintos países de América Latina, México entre ellos- las mujeres, y en especial las niñas y adolescentes, , enfrentan más riesgos: suelen ser objeto y objetivo de guerra y están más expuestas a violencias como la explotación sexual, inducción forzada al tráfico y al consumo de sustancias como el alcohol y las drogas.

El estudio examinó los vínculos e interrelaciones entre la violencia sexual y la muerte de las niñas y adolescentes en el periodo 2010-2019, en doce países de América Latina: Argentina, Uruguay, Brasil, Bolivia, Perú, Colombia, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, República Dominicana, Honduras y México.

Las académicas autoras del informe recolectaron casos emblemáticos de distintas regiones para mostrar cómo opera esa violencia sobre las niñas y adolescentes.

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*Foto de portada: María Ruíz | Pie de Página

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