Lado B
Limpieza
Además de atarnos a la pantalla de la computadora y al celular, desde 2020 la pandemia nos ha hecho pasar el día frente al fregadero lavando trastes. ¿A qué se debe tanta limpieza?
Por Klastos @
01 de julio, 2021
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Diana Jiménez

La limpieza es la filosofía de las sociedades capitalistas. Desechar es un acto de liberación y reciclar de redención. Así, los gobiernos liberales desechan a la oposición y las masas retoman las causas justas de quienes ya no están. Limpiar puede poner en cuestión los estereotipos, como las mujeres que se niegan a naturalizarlos y los hombres que se vanaglorian de hacerlo y sin cobrar. Cuando se hace de manera individual puede significar autonomía o explotación, en cambio, si se realiza en colectivo representa empatía y solidaridad.

La limpieza ha tenido su propia historia, desde los años de esplendor en las primeras civilizaciones, de agonía y abandono en el medievo, y su industrialización en la modernidad. También sirvió a Occidente para crear el imaginario de poseer los mejores hábitos de higiene que aprendió de las culturas conquistadas. Limpiar es una forma de poder cuando se dispersa de las calles a la “muchedumbre”, al intentar blanquear a los cuerpos o eliminar la sangre del acto criminal.

El mercado nos libera del cansancio dotándonos de utensilios sofisticados como los electrodomésticos, algunas sustancias químicas u objetos inconcebibles que tienen poca utilidad, pero son bonitos a la vista. Similar a la paradoja de las sociedades globalizadas que se preocupan por el ambiente, y al mismo tiempo ocupan más espacio y consumen lo que encuentran. Además, pese a la alta tecnificación de los utensilios de limpieza, continuamos conservando viejas costumbres: por ejemplo, recoger el polvo del suelo con un pedazo de periódico mojado. 

De igual modo, el acto de limpiar corresponde al estatus social al que se pertenece: las clases altas pagan para que alguien más lo realice, mientras que el resto lo hacemos por cuenta propia o lo utilizamos como una fuente de ingreso. También puede ser un desdoblamiento de nuestra personalidad, desde la obsesión compulsiva hasta el desapego y desdén. El primero corresponde a una sociedad neurótica; y el segundo, a una apática ante la realidad.

En tiempos de crisis, lavar los trastes se ha convertido en una especie de terapia: lo soltamos todo en el fregadero, en el silencio y en complicidad con la jabonadura. El baño corporal es una cuestión de privilegio: están los que disfrutan de una tina o de agua caliente durante todo el día, otros más que cuentan los minutos para no gastar de más y, finalmente, los que esperan el día en que cae agua.

La limpieza que era algo de rutina en tiempos de pandemia pasó a ser un estado de conciencia. Así es como se ha convertido en la manifestación espiritual de nuestras sociedades, desde lo religioso con la sanitización hasta lo revolucionario con la dignificación.

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Clasificación de residuos en Mongolia. ILO Asia-Pacific. Bajo licencia de Creative Commons para uso no comercial

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