Lado B
La verdadera dictadura
Ni el tribunal se convirtió en un baluarte de la democracia ni estábamos cerca de la dictadura: una resolución no hace primavera
Por Juan Manuel Mecinas @jmmecinas
03 de mayo, 2021
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Los medios de comunicación y los críticos de la 4T pronosticaban que el “entonces sumiso” Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación revocaría dos acuerdos trascendentales: el que quitaba la candidatura de Morena al gobierno de Guerrero a Félix Salgado Macedonio, y el que precisaba las reglas para evitar la sobrerrepresentación de los partidos  políticos en la Cámara de Diputados (cabe aclarar: este último, el más importante en términos de gobernabilidad). 

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Sin embargo, los acuerdos fueron ratificados por el máximo tribunal electoral y en unas pocas horas, según los analistas odiadores de la 4T, pasamos de ser una “dictadura” a un sistema de contrapesos, y todo porque el tribunal falló en contra de los intereses del partido en el gobierno.

La realidad es más compleja: ni el tribunal se convirtió en un baluarte de la democracia ni estábamos cerca de la dictadura: una resolución no hace primavera, y el comportamiento del tribunal en los últimos años ha sido errático, por decir lo menos, cuestión que no se borra con el tino de sostener la legalidad y constitucionalidad de los acuerdos sobre la candidatura de Macedonio y sobre la sobrerrepresentación.

Que una u otra resolución le parezca mejor o peor a la oposición, no significa que el tribunal haga bien o mal su trabajo: podría hacerlo mejor y en ese margen de mejoría (entonces sí) se juega su rol como verdadero contrapeso, ajeno a los partidos políticos, y como guardián de la constitucionalidad en términos electorales.

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No obstante lo anterior, si una dictadura ha quedado clara desde que inició el proceso electoral, esta es la de los partidos políticos. La designación de sus candidatos solo puede calificarse de arbitraria. No importa el partido que se mire: las cúpulas designan inventando encuestas, manipulando asambleas o negociando furtivamente con los actores involucrados. La ciudadanía no les importa: en este país, la democracia interna en los partidos políticos es una quimera que ni los más ingenuos se atreverían a defender.

En Puebla, Morena ejemplifica de manera perfecta el desastre democrático al interior de los partidos. Nadie sabe bajo qué criterio se designaron a los candidatos a puestos de elección popular.

Los medios afines al gobernador solo miran el caso de la alcaldesa con licencia, Claudia Rivera, aunque lo cierto es que ningún candidato de Morena puede afirmar que su postulación es producto de una decisión en la que el ciudadano haya participado. Todos provienen de un proceso autoritario y nada democrático.

Que se mire como caso aislado el nombramiento de  Rivera Vivanco es ceguera selectiva: la realidad muestra un partido decidiendo candidaturas como quien decide vestir un día de guinda y otro día de azul: sin ton ni son.

Y como corolario, no se puede dejar de criticar la postulación de la hija de Salgado Macedonio al gobierno de Guerrero.

El mensaje es de desprecio por partida doble: a los ciudadanos, porque “da igual” a quién se postule; y porque las mujeres que acusan a Salgado Macedonio de violación reciben un portazo en la frente: los tribunales puede revertir las decisiones de las élites, pero estas tienen siempre un as bajo la manga. Una burla con máscara de transformación. 

Foto: Amapola, periodismo transgresor

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Autor Lado B
Juan Manuel Mecinas
Profesor e investigador en derecho constitucional. Ha sido docente en diversas universidades del país e investigador en centros nacionales y extranjeros en temas relacionados con democracia, internet y políticas públicas.
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