Lado B
El reto de la creatividad en la era digital
Por Espacio Ibero @
08 de abril, 2021
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Mtro. Manuel Antonio Silva de la Rosa.

La creatividad no es el resultado de una acción calculada e intencionada. No buscamos algo objetivable que podamos alcanzar con nuestras acciones planificadas sino más bien nuestra búsqueda tiene que ver con la capacidad de entrar en una tierra desconocida.

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En este sentido, la creatividad es un acontecimiento imponderable. Es un resultado inesperado más que una decisión estratégica. No existe una estrategia cualificada que asegure el acontecimiento de la creatividad. Si lo que acontece siempre es un acontecimiento que produce novedad, esta no se puede enmarcar en las acciones intencionadas. Quizá es posible prevenir o tomar en cuenta algunas condiciones que puedan contribuir a un incremento del acontecer creativo, pero estos condicionamientos no pueden estar sometidos a leyes que puedan dar muestra del surgimiento de lo novedoso.

En pocas palabras, la creatividad planificada es hueca. Lo nuevo siempre va a diferir de lo programado o intencionado. La creatividad genera sorpresa y difícilmente puede descansar en el mundo de la producción. No es un recurso que tenemos que despertar y ajustar en un ensamble apropiado para que pueda reproducirse en serie. La creatividad no puede ser ensamblada en maquinarias programadas desde un orden intencionado. No está sujeta a la operatividad binaria que nos pueda brindar la novedad de una forma segura y precisa.

Para que el pensamiento sea creativo, necesita de una resonancia y disonancia, requiere de un diálogo sincero y pausado. Pero este diálogo no es nada más un intercambio de ideas. No se trata de imponer verdades o dominar el pensamiento. La captación creativa está en el horizonte de nuestras preguntas. Estas preguntas se potencializan en el arte de dejarnos llevar por una conversación. En ese juego dialéctico que tiene la conversación, el preguntar es más un padecer que un hacer. Es decir, llega un momento en el que nuestras preguntas se imponen y nos interpelan a través de la conversación sincera y nos lanzan a lo desconocido.

En estos tiempos virtuales, en el ámbito educativo es un gran reto cultivar conversaciones que se puedan sostener en la dialéctica del preguntar. No solo se trata de que nuestras conexiones se adecúen al ambiente digital y al descubrimiento de nuevas maneras de conectarse por medio de plataformas digitales, sino que es imprescindible saber estar en vínculo con lo otro, es necesario el darse e interactuar en un mundo.

En estos tiempos de confinamiento, estamos conectados digitalmente, pero falta la cercanía física, la comunidad palpable físicamente. Así, vamos desplazando el estar en contacto por estar conectados. Para aclarar esta idea: necesitamos pensar su diferenciación. No es lo mismo, una sociedad conectada a una sociedad cuyos integrantes están en contacto. El estar conectados es el estar disponible, estar en línea. Esto quiere decir, estar al alcance del otro en cualquier momento del día. Pero este alcance no significa el destierro del aislamiento y tampoco garantiza que pueda existir una escucha, un encuentro y un vínculo.

La tecnología nos ha ayudado a conectarnos en una red que nos permita tener noticias del mundo y que el mundo tenga alguna noticia nuestra, pero esto no garantiza que exista un entrelazamiento con los demás. Quien está en contacto entrelaza su vida con el mundo y con la vida de los otros. Estar en contacto, significa sentir otra vida, que lo otro nos pueda tocar, que nos afecte; es en esta cercanía que me entrelazo.

La palabra contacto se compone de los siguientes términos latinos: el prefijo de unión “cum” y “tactus”, acción y efecto del verbo “tangere” que significa “entregar”. Esto quiere decir que quien está en contacto da algo de sí mismo. Es así como, en el contacto con el otro, siempre estoy en disposición para dar algo; se da y se recibe algo. Sin embargo, la comunicación digital es una conexión extensiva, esa comunicación en lugar de dar algo de sí entre el entrelazamiento con lo otro, se limita a establecer conexiones de información.

Así, envueltos en este mundo virtual, por un lado, sentimos que podemos acceder a todos los rincones del planeta tierra, mientras que, por el otro, existe una tendencia a contribuir a la “globalización de la indiferencia”. En pocas palabras, no podemos dejar a la ingeniería tecnocientífica el don de la creatividad. Nosotros ingeniamos técnicas asombrosas para utilizarlas y ponerlas al servicio de esta autocreación llamada vida. No obstante, una tecnología no podrá recrear la vida. Esto quiere decir que la vida se gesta a si misma y nada puede sustituir a esa capacidad de hacer nacer.

La vida es la única que sabe parir desde sus entrañas. Una tecnología no recrea vida por sí sola. Lo que reproduce la vida es la capacidad de mirar la realidad con honestidad y desde ahí se crean esos espacios de acogida, donde se pueda entrelazar la vida y tener la certeza de que nuestro mundo puede cambiar.

*Foto de portada: Anna Shvets | Pexels

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