Lado B
Greenland, porque el fin del mundo aún es rentable
En medio de una crisis sanitaria global, ser espectador de Greenland es una experiencia que recomiendo bastante vivir porque es casi como mirarse a un espejo
Por Héctor Jesús Cristino Lucas @
14 de enero, 2021
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¡Y así culmina el 2020! El final de The Mandalorian Season 2 fue lo mejor que pudimos haber visto en todo el año; Estados Unidos sufre al encontrar al nuevo mesías que guíe a su pueblo; y el mundo parece que no se terminó después de toda esta pesadilla. O al menos no afuera del cine.

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Es 2021 y con tanta crisis sanitaria mundial allá afuera, además de un declive económico como no se había visto antes, uno comienza a sentirse, cada día más y sin que nadie lo pueda detener, dentro de una película de terror catastrofista. Aunque eso sí… en una de las malas. 

Aceptémoslo. Esta extraña sensación es propia de Hollywood. Desde que tenemos memoria nos han alimentado de un curioso pero retorcido imaginario colectivo y el séptimo arte, hoy más que nunca; hoy más que cualquier otro año, se ha transformado en un visionario y hasta pesimista generador de escenarios apocalípticos. Lejos de todo concepto de entretenimiento. Lejos de todo arco fantástico o de ciencia ficción. 

Ya lo mencioné el año pasado en uno de mis tops, cuando todo parecía de pesadilla; cuando todo parecía conspiración. Algunos cineastas se acercaron bastante al terrible 2020 de tal manera que dejaron a otros profetas, con el respeto que se merece Nostradamus, como simples escritores de horóscopos. Siendo Steven Soderbergh y su espeluznante Contagion (2011), una cinta de pandemias globales llena de escenarios especulativos científicamente correctos, el que más demostró la efectividad de la mismísima ciencia ficción dura. 

Y eso es extrañamente llamativo. Es extrañamente morboso. Desde que se hizo notorio el gran parecido de la película con esta situación actual en una suerte de irónica referencia a aquella frase de Oscar Wilde “cuando la vida imita al arte” se convirtió de pronto en la más reproducida dentro de toda plataforma streaming que la tenía en su catálogo. 

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¿La razón? No puede ser otra más que esta: al ser humano le agrada imaginar cómo es que va a terminar todo. Le encanta resolver, entre escenarios y acertijos, el final de su propia existencia. Parece mentira, pero es una de nuestras debilidades. A la vez, claro, que de nuestros temores. Y Hollywood sí que ha sabido sacar bastante provecho de este miedo. Un miedo que parece atractivo. Un miedo que nos vuelve particularmente masoquistas. 

¡La única verdad es que el fin del mundo es atractivo! Y hoy más que nunca, hoy más que otros años, reafirmemos algo que ya se sabía desde hace tiempo: el fin del mundo… también es rentable. Mientras la humanidad exista, queridos padawans, lo será siempre. 

No importa cómo, cualquier escenario es llamativo. Sea una invasión alienígena encargada de exterminar a nuestra especie como en la mítica Independence Day (1996) de Roland Emmerich o que los muertos resuciten para comerse a los vivos porque en el infierno ya no hay lugar como en Dawn of the Dead (1978) de George A. Romero.

A través de un virus mortal que ponga en jaque a la humanidad como en 12 Monkeys (1995) de Terry William; ¿o por qué no? Con un enorme cometa listo a colisionar con la Tierra como en la última gran película apocalíptica estrenada, irónicamente, en un también apocalíptico año 2020: Greenland, del cineasta Ric Roman Waugh.

Y sé lo que están pensando: “¡semejante trama predecible más aburrida que los cojones!” Tan solo pensarlo vienen a nuestras cabezas Ben Affleck y Bruce Willis reventando asteroides con taladros y bombas gigantes. ¡Maldita sea Michael Bay! ¿Por qué es más sencillo enseñar a perforadores de petróleo a ser astronautas que enseñar a astronautas a convertirse en perforadores de petróleo?

¡Pero bueno! Ya sabes lo que dicen: no comas ansias porque pueden atragantarte. Yo mismo me dispuse a ver Greenland con las nulas expectativas que ustedes tienen ahora de esta jodida película, pero no me lo van a creer… es bastante buena. De hecho, muy superior a las últimas cintas apocalípticas venidas de Hollywood. ¡Es más! En cuanto a temáticas de enormes bólidos a punto de impactarnos, desde Melancholia (2011) de Lars Von Trier, esta ha sido una de las mejores. 

De acuerdo, convengamos que no estamos frente a una obra maestra ni mucho menos. Tampoco es la película de asteroides o cometas gigantes definitiva. E incluso, la trama de una familia disfuncional que logra reconciliarse en medio de una catástrofe no es nada nuevo que digamos. 

Gran parte de su estructura recuerda muchísimo a lo que nos mostró Steven Spielberg con aquella War of the Worlds en 2005, solo que en lugar de un cometa gigante era una invasión alienígena a gran escala la responsable de salvar el círculo familiar del personaje de Tom Cruise, Ray Ferrier. 

No obstante, Ric Roman Waugh sabe cómo mantener el suspenso a su manera. Cualquiera con tres dedos de frente que se disponga ver este largometraje, protagonizado por nada menos que Gerard Butler y Morena Baccarin, sabrá que no estoy exagerando cuando digo que no está nada mal. Ya desde las actuaciones, con este par de actores reconocidos, notamos la gran seriedad con la que fue realizado el proyecto. Son capaces de hacernos vivir en carne propia no importa si ya lo hemos visto mil veces en el cine las peripecias de una familia estadounidense común tratando de sobrevivir a la extinción.

Y lo que es mejor… no se siente tan “hollywoodense” como uno esperaría. Podrás leer la sinopsis y ver el tráiler esperando una película de acción desenfrenada, pero desde ahora te digo que esto no es Armageddon (1998). Ni siquiera es Deep Impact (1998), aunque traten de lo mismo. 

Esto, más bien, es una cinta de ciencia ficción de corte psicológico con tintes dramáticos que otra cosa. Y una suerte de paralelismo entre la metáfora de la catástrofe con ciertos problemas actuales. Aunque algunos no acepten que la cinta tiene su carga política, es bastante obvio que sí.

Véanse aquellas escenas de desigualdad y nula tolerancia entre algunos sectores debido a la nacionalidad o color de piel, reflejados en ciertos personajes latinos o afrodescendientes que si bien, son rezagados a morir ante la amenaza por el propio gobierno mientras salvan a otros “socialmente” más importantes -la moderna Arca de Noé- se muestran siempre comprensivos y solidarios con los protagonistas. 

Todo con el fin de crear una trama emotiva o hasta humana políticamente correcta, vaya en pos de hacernos “reflexionar” en medio de una hipotética catástrofe. 

Ya saben, el típico discurso de que todos somos iguales y que tenemos el mismo derecho a la vida sin importar nacionalidad, cargos laborales o hasta clases sociales. Pero a través del abuso de lugares comunes como la típica aventura que emprenden los protagónicos por un refugio ideal; la crítica a los gobiernos que nos mienten a través de los medios de comunicación; o incluso a la sociedad misma yéndose al carajo con sus reglas en medio de una imparable psicosis colectiva. 

Greenland

Fotograma: Trailers In Spanish | YouTube

No obstante, que estos clichés abunden, por más irónico que parezca, no es problema alguno ya que Greenland nunca intentó innovar en su temática sino hacerla entretenida a pesar de lo predecible. Es firme con lo que quiere y directa con lo que muestra. La tensión está tan bien conseguida y los personajes tan bien desarrollados que es posible empatizar con ellos.

Además, no importa lo espectacular que pueda parecernos esta historia, siempre es interesante notar cómo es que se aleja lo más que puede de los efectos especiales o las explosiones deslumbrantes aunque tiene sus momentos para mostrarnos ese lado más humano y hasta realista que casi parece llegarnos como anillo al dedo.   

En medio de una crisis sanitaria global, ser espectador de Greenland es una experiencia que recomiendo bastante vivir porque es casi como mirarse a un espejo. A la vez que un importante experimento vs el horror social. 

Olvidaos por un momento que se trata de una cinta con tópicos reciclados. Olvidaos que esta es la misma historia de una familia buscando sobrevivir. Intenta hallarte en alguno de sus personajes. Intenta comprenderles. Se siente particularmente extraño. Un interesante remedio contra la psicosis. 

Porque los que amamos y vemos regularmente estas películas, “estamos preparados” de alguna manera contra los desastres globales. Como bien señala aquel estudio de Walter Dehority un especialista en infecciones pediátricas de la Universidad de Nuevo México sobre las cintas apocalípticas o de pandemias como una suerte de entretenimiento capaz de gestionar nuestras emociones. Capaz de disuadir nuestros más profundos miedos:

“El cine es como una vacuna emocional, te expones al miedo o a otras emociones en pequeñas dosis atenuadas para ganar resiliencia. La ficción es como un entrenamiento sentimental en bajas dosis”

Greenland

Fotograma: Trailers In Spanish | YouTube

Greenland, del cineasta Ric Roman Waugh, podrá no ser la mejor película de su tipo. Tanta película sobre asteroides como Armageddon (1998) como Deep Impact (1998) nos nubla la vista a la hora de notar sus aciertos.

No obstante, algo sí que es seguro y debemos reconocerlo: pese a tantos clichés y recursos mil veces vistos es capaz de demostrarnos, una vez más, en estos caóticos tiempos, que el tópico del fin del mundo en la industria del cine, por esa naturaleza morbosa del hombre o una masoquista forma de expresar nuestros miedos… aún es rentable. Y mientras el mundo exista, afortunadamente lo seguirá siendo.

Sinopsis:

“Una familia se embarca en un peligroso viaje mientras un cometa se lanza hacia la Tierra. A medida que el apocalipsis global se acerca, su increíble viaje culmina en un vuelo desesperado y de última hora a un posible refugio seguro.”

 

*Foto de portada: Trailers In Spanish | YouTube

 

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Autor Lado B
Héctor Jesús Cristino Lucas
Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com
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