Sí por México: ruido y oposición
Dejando las exageraciones aparte, la oposición no ha sido capaz de impulsar un discurso que los muestre como la solución, no solo en el que AMLO sea el problema
Por Juan Manuel Mecinas @jmmecinas
16 de noviembre, 2020
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La oposición ha decidido que cada error de Andrés Manuel López Obrador sea el paso que faltaba para caer a un precipicio. El último de sus traspiés —su negativa a felicitar a Joe Biden por su triunfo en las elecciones estadounidenses—, aseguran, es la muestra inequívoca de que el populismo de López Obrador no puede compaginar con la democracia de Biden y el resultado será una relación tensa, un presidente estadounidense que tratará de aplastar a AMLO, que le hará la vida imposible y que puede llegar a condicionar la relación entre los países. En una felicitación nos jugamos el país.

Esta constante alerta porque “la patria se rompe” es desmentida por la realidad. Los errores del presidente y de su gobierno no forzosamente abonan a la catástrofe, y el hecho de que la oposición los haga ver de esa manera terminan cansando al electorado y confundiéndolo. Terminan desgastando al presidente y también a la oposición. Por ejemplo, la oposición se desgañitó cuando el gobierno mexicano decidió rescatar a Evo Morales después del golpe de Estado en Bolivia del año anterior. Sin embargo, la oposición enmudeció con el triunfo del partido de Evo en las últimas elecciones bolivianas, y reivindicó las decisiones del gobierno mexicano de salvar la vida de Morales en 2019. La oposición se quedó sin argumentos en un tema que define la política de López Obrador con América Latina.

A ello se adiciona un problema mucho más estratégico: cuáles son los errores del presidente en los que la oposición debe poner más énfasis para contrastarlo con sus ofertas políticas, sus propuestas y que eso se pueda traducir en un mayor apoyo a la oposición en las urnas. En otras palabras, si López Obrador impulsó un discurso que equiparaba a toda la oposición (hiciera lo que hiciera) y la tildaba de corrupta, no parece encontrarse un discurso por partido, o de la oposición en su conjunto, más allá de que AMLO significa el caos, el comunismo (sic) y una catástrofe para nuestro país. Dejando las exageraciones aparte, la oposición no ha sido capaz de impulsar un discurso que los muestre como la solución, no solo en el que AMLO sea el problema. 

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Para sorpresa de algunos, los principales partidos de oposición decidieron unirse en torno al proyecto Sí por México, impulsado por Claudio X. González y por Gustavo de Hoyos. Y, salvo por una innegable obsesión con López Obrador, no se entiende por qué un partido como el PAN decide acercarse a una organización de reciente creación, de postulados poco progresistas y en la que se le pone a la par del PRI y del PRD.

Puede asumirse que habrá recursos económicos que empresarios querrán poner a disposición de todo aquel que se enfrente a López Obrador, pero políticamente su apuesta es un disparate: primero, porque pone a toda la oposición en el mismo costal. Ya no solo en el imaginario político, sino bajo una misma plataforma; y, segundo, porque está planteada a destiempo: era en el 2018 cuando debía decidirse entre  Andrés Manuel o el caos. La disyuntiva ahora no puede ser que siga Andrés Manuel o no (como lo piensan algunos en Sí por México, Frena y demás asociaciones organizadas contra AMLO), sino una distinta, poco entendida desde la oposición: AMLO (la 4T) o el regreso de ellos (el PRI y el PAN). A dos años de haber iniciado su gestión, el voto favorece sin duda a Andrés Manuel y sus huestes.

Es evidente la falta de discurso estratégico de la oposición. El ruido es su apuesta: que a cada paso de Andrés Manuel nos volvemos Venezuela. 

Las boletas electorales, hay que decirlo desde ahora, no beneficiarán en la Cámara de Diputados al partido del presidente (perderá votos y escaños), pero eso puede no ser consecuencia de las estrategias de la oposición, de su discurso, sino muy probablemente tendrá su origen en el desgaste del gobierno de la 4T. Porque el discurso del caos al que apuesta sin ton ni son la oposición no conduce a darle una nueva oportunidad, sino, en todo caso, a ver los defectos (muchos y muy profundos, por cierto) del gobierno de López Obrador. Bajo la sombrilla de Sí por México, atractiva para cierta élite empresarial, pero alejada del ciudadano de a pie, el futuro no es muy promisorio para el PAN y para el PRI. Están en el punto que los quiere AMLO: juntos, confundidos y sin discurso. Los números no mienten y tendrían que analizarse con mayor profundidad: el repudio al PRI y al PAN es aún mayor que a Morena. El ruido que alerta sobre el caos no conviene a la oposición; no ahora, cuando el apoyo a AMLO (planteado en esos términos) es mayor que lo que quieren aceptar.

*Foto de portada: Andrés Manuel López Obrador | Facebook

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Juan Manuel Mecinas
Profesor e investigador en derecho constitucional. Ha sido docente en diversas universidades del país e investigador en centros nacionales y extranjeros en temas relacionados con democracia, internet y políticas públicas.