Lado B
El mar entre las casas, un filme entre el pasado y futuro en Zacatlán
El largometraje realizado por estudiantes de cine de la ciudad de Puebla, aborda el apego al pasado y el anhelo por el futuro mediante una historia situada en Zacatlán
Por Ray Ricardez @RayRicardez
26 de noviembre, 2020
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Querido José: estas son mis últimas voluntades, espero puedas llevarlas a buen puerto; la fábrica que tanto tiempo nos dio de comer necesita de una buena inversión para volver a ser productiva (…) lleva mis cenizas contigo hasta el día que te cases y, cuando tengas un hijo, ve con él al mar y tírenlas ahí.

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Esas son las últimas palabras de Francisca, la madre de José, escritas en una carta, antes de morir. En su regreso a Zacatlán, el protagonista lo sabe con pesadez en el rostro: debe confrontar su pasado a costa de su futuro.

Se trata de El mar entre las casas, película dirigida por Juan Pablo García Gordillo y producida por Héctor Meza, situada en el nublado y lluvioso Zacatlán. En entrevista para LADO B, los cineastas, egresados de la Escuela de Artes Plásticas y Audiovisuales de la BUAP, hablan sobre su largometraje de ficción el primero realizado por alguna de las escuelas de cine de la entidad y de la importancia de descentralizar el cine mexicano.

Confrontar el pasado con el futuro 

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Foto: El mar entre las casas | Trailer Oficial (YouTube)

La historia coloca al centro a José, un joven biólogo que, al regresar a su natal Zacatlán por la muerte de su madre, se ve inmerso en la disyuntiva de seguir su última voluntad al mantener su fábrica local de relojes, o perseguir su sueño estudiando la vida de anfibios en Nayarit.

“Yo soy muy malo para administrar esas cosas, a mí me gustan los animales”, dice con pena el biólogo, respecto a la herencia familiar que él no pidió recibir. 

El personaje, en palabras del director, descubre que llegar a su pueblo de origen implica una confrontación entre las cosas dadas (que existen cuando nosotros nacemos) y la vida que construimos después. Juan Pablo cuenta que su intención era explorar estos dos aspectos de la vida que chocan y crean tensión.

La obra presenta el reencuentro con “el origen” y con las voluntades que la familia tiene para nosotros, frente a nuestras aspiraciones personales, agrega el director. 

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Enfocar el tema de las relaciones familiares en México, comenta Héctor, implica entender la idea de que es difícil ser un ente propio más allá de tu núcleo, cultura y lugar de origen. Al final, no se trata de separarse de la familia, pero sí de encontrar tu camino. “Eso se refleja en la película”, considera el productor. 

“Acuérdate de las órdenes de tu madre, no la defraudes”, indica el administrador de la fábrica a José, en el clímax de la historia, justo en el momento en que debe decidir el camino que seguirá. 

Estela, interés romántico de José y personaje de vital importancia para entender los sentimientos contrastados de este, también se crea bajo la disyuntiva pasado-futuro: “los personajes se ven entre ellos como una especie de espejos; ella, Estela, lo ve a él como su futuro, y él, la ve a ella como su pasado”, dice Juan Pablo. 

El desprendimiento de una de estas dos partes de la vida de José (el apego a su pasado o el anhelo a su futuro) será el parteaguas con el que el protagonista culminará la trama. La última escena guarda una especial atención por parte del director y productor de la película, ya que, paradójicamente, con ella se da inicio el rodaje. 

Descentralizar el cine mexicano: Zacatlán y Nayarit

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Foto: El mar entre las casas | Trailer Oficial (YouTube)

De acuerdo con el director, es importante darle prioridad a lugares como Zacatlán. Explica que son necesarias las historias locales en el cine mexicano que hablen de temas generales pero con una perspectiva de lo que sucede en las periferias.

Se deben retratar otros escenarios que no sean las grandes urbes, en especial la Ciudad de México (CDMX), detalla por su parte Héctor, porque de esta forma se involucra en la historia del cine nacional a las personas que viven fuera de la capital. El productor asegura que buscar locaciones en otros lugares del país rompe con una brecha que se ha creado en relación a la centralización del cine nacional. 

“En la Ciudad de México viven cerca de 20 millones de personas y en México hay 120 millones; estamos viendo cine que la pasa a 20 millones de personas, pero a los otros 100 millones les pasan historias que no se cuentan”, sentencia Héctor. La idea es hacer visible a estas personas, con nuevas narrativas, con otra cultura, agrega. 

Así, Nayarit representa una “urbe”, pero que se aleja de la CDMX. Representa el anhelo de José que se ve interrumpido por la situación en la que lo dejó su madre; la libertad y la sencillez de la vida. “Tengo una vida sencilla, allá en Nayarit, ya quiero regresarme”, anhela el protagonista. 

Zacatlán, por otro lado, como “periferia” da cuenta de la nostalgia al espectador; de esas sensaciones de apego al pasado y de incertidumbre por elegir bien a futuro, que solo pueden darse por vivir en ese contexto. 

Y en esta ambivalencia, que retrata otros escenarios del país, toda ocasión que José y Estela se ven de ventana a ventana, en el silencio de la noche y entre las montañas, nos permite sentir cómo es que, en la calma del pueblo, como la suya… hay muchas historias que ver.

***

El largometraje formó parte del Festival Internacional de Cine de Guanajuato, el Festival Internacional de Cine La Paz, y la Muestra de Cine del Pacífico, Manzanillo Colima 2020. Estará en el Festival Internacional de Cine de Autor en 2021 y en el Festival Internacional de Cine de Hidalgo.

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Autor Lado B
Ray Ricardez
Licenciado en Relaciones Internacionales por la UDLAP con Maestría en Medios, Comunicación y Cultura por la Universidad Autónoma de Barcelona. Investigador, periodista en proceso y músico de corazón. Coordinador de la revista digital Libertad de Réplica. Interesado en la movilización, el periodismo y el cambio social. Soñando con hacer un mundo mejor ayudado por las palabras.
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