Las Nubes bajo el Volcán, el cortometraje que llegó a la cima del Popocatépetl
El cortometraje Las Nubes bajo el Volcán ilustra la conexión que existe entre aquellos que deciden escalar el Volcán Popocatépetl desde la espiritualidad
Por Ray Ricardez @
20 de octubre, 2020
Comparte

La misticidad del Volcán Popocatépetl y su conexión con quienes se atreven a subir hasta su cráter son captadas por las cámaras del cortometraje Las Nubes bajo el Volcán. En él, encontramos cómo la perseverancia, la calma, la muerte y el paisaje coexisten en un mismo lugar. 

Adán Ruíz y Miguel Crespo, director y productor del documental respectivamente, hablan del proceso detrás de la filmación en uno de los volcanes más activos del continente para retratar la experiencia de Ismael Villa y Jesús de la Cruz, alpinistas que protagonizan el corto. 

Ícaros modernos

La película, en palabras de su director, “narra la historia de dos montañistas que pretenden alcanzar la cumbre de uno los volcanes más altos, peligrosos, activos y monitoreados de Norteamérica”. 

Tanto el director como el productor aseguran que la película pretende mostrar una visión más ontológica que informativa o antropológica, operando en un formato híbrido que acoge la ficción y el documental. El espectador, en consecuencia, escucha narraciones místicas a la par de visibilizar la situación real en la que se desarrolla la llegada al cráter del volcán.  

“Creo que es una película que muestra que los volcanes o la actividad en sí misma del alpinista tienen una relación directa con esta mística que envuelve al volcán o a las altas montañas”, considera Miguel Crespo. 

Tras conocer a Jesús e Ismael, protagonistas del cortometraje, el director se percató que compartía con ellos el interés de llegar a la cima de Don Goyo –como también es conocido el Popocatépetl–, viéndolo con una profundidad más allá del hecho de escalar simplemente un volcán.

Observar el “porqué” algunas personas arriesgan su vida para llegar a lugares que para muchos son impensables era el objetivo del director; para Ruíz, los alpinistas son “ícaros modernos“ que “por acercarse tanto al sol, que [representa] la belleza y la luz, pero también al peligro, corren el riesgo de quemarse las alas.. es así como a mí me gusta ver esta película”, reflexiona el director. 

La idiosincrasia que envuelve a los volcanes, así como el hecho de existan quienes están dispuestos a entregarles la vida simbólica y físicamente, generó interés y dudas en los creadores de la obra, esa es la razón por la que se tocan “algunos aspectos místicos y dramatúrgicos en el espacio”, señala Ruíz.

Te podría interesar: El cumpleaños del volcán 

La imagen, en su mayoría, se presenta en blanco y negro. “No me parecía que hubiese otra manera adecuada de presentar al Popocatépetl como este ente con conciencia propia y con esta sobriedad”, piensa Ruíz. “El blanco y negro le dan cualidades de grandeza”.

La misticidad y culto hacia Don Goyo

Las nubes bajo el volcán (popocatépetl)

Foto: Cortesía

La adoración y espiritualidad que los protagonistas sienten hacia el volcán es un elemento primordial para comprender la esencia de la película. “[Jesús, el protagonista,] cree genuinamente en estos aspectos religiosos que tienen que ver con el culto al volcán; no solamente al Popo, sino a todos los volcanes”, menciona el director. 

El culto al Popocatépetl es principalmente conocido por las fiestas de celebración y veneración en su honor que llaman a miles de personas a realizar rituales y travesías en dirección a la cima. Las ofrendas en sus faldas para pedir protección se observan, por ejemplo, en Santiago Xalitzintla (localidad más cercana al cráter ubicada a 12 kilómetros del mismo). 

Además, aún existen personajes conocidos como “los tiemperos”, quienes se dedican a hacer rituales en los volcanes para pedir que llegue la lluvia y cosecha. “Esto es algo que pudiera parecer muy anacrónico para estas épocas”, pero existe, de acuerdo con Adán. 

En una mezcla de culturas católica y mesoamericanas, los tiemperos aseguran que el espacio “tiene un espíritu”, y que su nombre real es “Gregorio Chino Popocatépetl”. La leyenda dice que, al primer tiempero se le apareció un hombre llamado “Gregorio”, que le aseguró que alertaría a las poblaciones, por medio de él, sobre las erupciones que vendrían

Ismael y Jesús creen genuinamente que el Popocatépetl es más que una montaña o un volcán activo, “creen que existe un espíritu ahí”, confiesa el director; esto se aprecia en la constante comunicación entre ellos y el espacio, mostrada en el documental, por ejemplo, hay ocasiones en que Don Goyo no quiere que quienes lo visitan lleguen hasta su cráter y coloca obstáculos en el camino, tales como nevadas. 

Los protagonistas, de acuerdo con Ruíz, tienen una especie de “comunicación implícita con la naturaleza” que hace que la vean como un ente de aspecto religioso. “Hay una creencia de que el volcán se respeta o se hace presente de otras maneras más allá de ser una montaña tan representativa para todos los mexicanos; es una entidad pensante con un espíritu, con ciertas motivaciones”, dice. 

Ismael se rige bajo principios similares al pensamiento de “los tiemperos, pues, pese a que no piden por lo mismo, sí se involucran con el volcán al grado de experimentar una sensación de respeto y adoración por él, creyendo que les dará un rumbo de vida.  

Este pensamiento “tiene unos trasfondos mucho más importantes que tienen que ver con el alma; una cuestión más mística o superior”, de acuerdo con el productor. 

Subir en la clandestinidad

Las nubes bajo el volcán (popocatépetl)

Foto: Cortesía

El Volcán Popocatépetl es el segundo punto más alto de México (con 5 mil 500 metros sobre el nivel del mar), justo por debajo del Pico de Orizaba. Se localiza en tres diferentes estados de la República: Puebla, Morelos y Estado de México. Además, se caracteriza por mantener una actividad volcánica desde 1994. 

Derivado de las condiciones climáticas adversas y a las frecuentes exhalaciones del volcán, las autoridades impiden en diferentes zonas el acceso. Tan solo en 2019, ante las constantes erupciones, el Programa Especial para Contingencias del Volcán Popocatépetl, habilitó 205 albergues en distintos espacios para alrededor de 124 mil personas en el radio de peligro de “Don Goyo”. 

Precisamente, fue junto a ríos de lava, temperaturas bajo cero y lluvias de ceniza en las condiciones en las que se grabó el cortometraje. Debido al gran tamaño del parque nacional del volcán, las autoridades, como la Guardia Nacional, custodian varias zonas para impedir el acceso; sin embargo, es imposible que estén en todas las rutas, comenta el director. 

Los alpinistas, pese a los operativos que realiza protección civil, toman rutas alternas, “hay muchas maneras de subir sin ser vistos”, menciona Ruíz. 

Los protagonistas subieron por rutas lejanas a la custodia de las autoridades. Pues comentan que esta práctica está prohibida, pero no está tipificada como un delito. “Se apela un poco a la prudencia de las personas, de que saben que subir implica poner en riesgo su vida y la de otros”, comenta el director. 

Esta “es una cuestión que divide a la comunidad de alpinistas”, aseguran, ya que para algunas personas del gremio subir hasta el cráter representa “una hazaña”, mientras que para otras “una irresponsabilidad”. “Es un poco una cuestión ética que a mí me afectó como director”, asegura Ruíz, pues le preocupaba poner en riesgo a sus compañeros de trabajo.

La muerte presente 

Las nubes bajo el volcán (popocatépetl)

Foto: Cortesía

“Ninguna de las personas que suben cree que Don Goyo sea un ente malo, ellos suben sin esperar la muerte; sin embargo, es algo que está latente y puede ocurrir”, advierte Adán Ruiz. “Están dispuestos a morir si llega a pasar algo”, sin embargo, el director no considera que esta hazaña tenga que ver con el suicidio.

Las personas que suben el Popocatépetl experimentan sensaciones diferentes, de acuerdo con los entrevistados. “Representa un esfuerzo físico tremendo y una constancia para hacerlo de manera más profesional”, considera Miguel Crespo. 

Tan solo la grabación de la película le tomó al equipo de Las Nubes bajo el Volcán cerca de ocho ascensos. A Ismael le tomó dos años llegar al cráter, mientras que a Adán, por ejemplo, hasta la última escalada. 

“Es una experiencia fuerte”, cuenta Ruíz. “Cuando iba subiendo, de repente el volcán tuvo una exhalación gigantesca y la verdad es que yo sí me espanté, pensé que eran los últimos minutos que yo pasaría en la tierra”, narra. 

La experiencia de escalar, la fatiga y el miedo constante a no volver se convierten en acompañantes perpetuos de quienes deciden tomar esta aventura. “Entre más te vas acercando, vas escuchando con mayor sonoridad el volcán”, cuenta el director. “Escuchas como exhala, las columnas de cenizas cerca de ti, empiezas a oler azufre, te empieza a caer ceniza”. 

En la búsqueda de mensajes

Fotograma de Las Nubes bajo el Volcán / Foto: Cortesía

“Somos nosotros los que vamos a buscar respuestas allá arriba”, asegura Ruíz. Llegar a la cumbre representa un mensaje u objetivo diferente para cada ser humano, el cual puede oscilar entre la espiritualidad o retos personales. “Es más que buscamos algo, a que la montaña quiera darte un mensaje”, asegura el director. 

“A veces estar muy cerca del borde de la muerte, te hace valorar muchas cosas de la vida”, agrega Ruíz entusiasmo por volver, en algún momento, a la cima y vivir esta experiencia.

Las Nubes bajo el Volcán se estrenó en el Festival de Cine Contemporáneo Black Canvas, a principios de octubre. De igual forma, puedes verla en Filmin Latino. Además, el cortometraje llegará al Festival Internacional de Cine de Morelia el 31 de octubre, llegando a Cinépolis de manera virtual en su plataforma Cinépolis Klic con mil visionados de manera gratuita.

 

*Foto de portada: Cortesía

Comparte
Ray Ricardez