El regalo de la cotidianidad
Este tiempo también nos ha regalado una gran oportunidad para revalorar lo cotidiano; eso que damos por sentado y que no siempre alcanzamos a agradecer
Por Espacio Ibero @
07 de mayo, 2020
Comparte

Mtra. Rocío Barragán de la Parra | Espacio Ibero

Han transcurrido ya siete semanas desde que, ante la inminente llegada del coronavirus, se ordenó el aislamiento social en el País; todos fuimos llamados a quedarnos en casa y sin previa preparación fuimos confinados a una nueva manera de convivir con la familia y el trabajo en un formato de 7 días por 24 horas.

A casi 50 días, seguramente todos hemos pasado por diversos procesos de adaptación y aprendizaje, no solo para el desarrollo de nuestras tareas estudiantiles o profesionales, como el aprendizaje en línea o el home office, sino a la combinación del trabajo de casa, el trabajo o labores de otros miembros de la familia y las propias.

En la curva de aprendizaje están aquellos que no estaban familiarizados con el uso de la tecnología y la situación ha supuesto un curso intensivo en el tema, hasta quienes han tenido que adaptar espacios de casa para convertirlos en aulas, oficinas o centros de trabajo.

También puedes leer: La banalización del ocio en la vida universitaria

Seguramente unos días han sido difíciles y otros más ligeros y llevaderos; pero detrás de cada uno de ellos ha existido un proceso íntimo de autoaprendizaje sobre nuestras capacidades y habilidades para flexibilizar, innovar y adaptar capacidades, tiempos y encomiendas personales, familiares y laborales en un mismo lugar y espacio.

Este tiempo también nos ha regalado una gran oportunidad para revalorar lo cotidiano; eso que damos por sentado y que en el ajetreo e ir y venir no siempre alcanzamos a repensar o agradecer. Gozar de buena salud, disponer de un techo, contar con un empleo y, si fuera el caso, contar con una pareja, familia o amigos que nos fortalecen con su cariño y solidaridad y con los cuales podemos compartir lo extraordinario, pero sobre todo lo común y cotidiano dándole sentido a lo que somos y decidimos.

El regalo de la cotidianidad
Foto: Andrea Piacquadio | Pexels

Es muy común que el día a día nos envuelva en una rutina que va generando una engañosa perspectiva sobre el valor de nuestras actividades, de manera que podemos empezar a percibirlas como poco meritorias en nuestro desarrollo personal o profesional. Si a eso le agregamos el componente del encierro en modalidad “arresto domiciliario”, el panorama resulta desalentador; pero este enfoque no es real, es solo una mirada obtusa de la cotidianidad que nos impide comprender que el verdadero regalo está ahí, en construir lo entrañable de la vida desde las cosas simples y sencillas, o complicadas y difíciles que entretejen diariamente nuestro existir.

¿Cómo podemos lograr la expertíz en el trabajo sin la práctica diaria de nuestra actividad?, ¿cómo aprender a organizar las actividades cotidianas de la casa si nos las repetimos con regularidad? ¿Cómo mantener en buen estado nuestro hogar o trabajo si no es administrando y atendiendo cada una de las rutinarias tareas que ello implica?, ¿cómo identificar los gustos y preferencias de nuestros seres queridos sin la interacción, el diálogo y hasta la discusión que fortalece el carácter y la personalidad de cada uno?

Tal vez te interese leer: Recomendaciones para trabajo escolar en casa

Si no te lo has preguntado anteriormente, hoy es un excelente momento para hacerlo, ¿de qué te has dado cuenta durante estos días que habías olvidado?, ¿qué puedes, debes o quieres hacer para ti o para los tuyos?, ¿en que has invertido el tiempo?, ¿podrías hacerlo mejor?; cuando nos autoricen regresar a nuestros centros de trabajo, escuelas y espacios comerciales, sociales y de esparcimiento ¿qué quieres hacer diferente?, ¿cuáles son tus nuevos propósitos? Es común pensar que lo extraordinario se genera a través de situaciones asombrosas o sorprendentes que tienen carácter ocasional pero no es así, lo sorprendente es tener un día más de vida, tener la oportunidad de acompañar o ser acompañado en el hogar o el trabajo; poder estar al servicio del otro y con ello contribuir a su bienestar; hacer con empeño nuestro trabajo para que nuestra organización pueda alcanzar sus objetivos y apoyar los nuestros.

Observa tu vida en perspectiva, identifica el camino que has recorrido hasta ahora e imagina una escala del cero al diez, ahora sitúate en el número que mejor describa cómo has avanzado de quien eras hace uno, dos, tres o diez años a quienes eres ahora, ¿puedes ver la diferencia?, seguro que aún hay mucho por hacer, pero lo importante es que estés consciente de lo que esto implica. 

Otra manera de valorar lo cotidiano es pensar para qué quieres seguir teniendo vida, las respuestas te relevarán dónde están tus prioridades, cómo ves la vida y hacia dónde quieres ir, ¿no te gustan las respuestas?, no importa es entonces también la oportunidad de hacerte nuevas preguntas que te permitan disfrutar más y mejor de los grandes regalos de la vida: una puesta de sol, el amanecer, la lectura, una  caminata al atardecer, viajar, tomar un helado, degustar una buena taza de café,  tener la fortuna de practicar tu profesión, ayudar a los demás, interactuar con los tuyos, tener espacios para fortalecerte en soledad.

¿No lo habías pensado de este modo?, no importa, contamos aún con unos días más para con paciencia y ánimo estar en casa, agradeciendo la fortuna de estar vivos y la riqueza de contar con un hogar, un espacio, un modo de ganarnos la vida y mucha, muchísima voluntad para salir adelante ante cualquier tempestad.

*Foto de portada: mentatdgt | Pexels

Comparte
Espacio Ibero