Lado B
Documental Ya me voy: una carta de amor desde la soledad de un migrante
El filme cuenta la vida de Felipe, un migrante indocumentado en EU que desea volver a México. Se estrena el 29 de febrero en la Cinemateca Luis Buñuel
Por Majo Andrade @MajoAg23
27 de febrero, 2020
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Foto: Cortesía

María José Andrade Gabiño

@MajoAg23

Un hombre recorre Nueva York en la madrugada buscando latas en los botes de basura. Las echa a una bolsa negra. No hay música, no hay diálogos. Solo se escucha el repiqueteo de los envases y el carrito donde los lleva mientras va de calle en calle.

El hombre se pone un sombrero negro de charro y sigue recorriendo la ciudad. Pronto, se comienzan a conocer los dilemas del protagonista cuando canta en voz alta, mientras camina: “Nos dejamos hace tiempo. Pero ya llegó el momento de volver. Tenías mucha razón, le hago caso al corazón, y me muero por volver».

Así inicia el documental Ya me voy (I’m leaving now) (2018) de los directores veracruzanos Lindsey Cordero y Armando Croda, que cuenta la historia de Felipe Hernández, un hombre indocumentado que estuvo en Estados Unidos de 1999 a 2015 y que deseaba regresar a México mucho antes de cuando lo hizo, pues retrasó una y otra vez el viaje de retorno. 

De una manera poco usual para un documental, que opta por planos de observación de la cotidianidad, sin las típicas explicaciones de los personajes usando voces en off, el largometraje de 75 minutos es un retrato íntimo sobre la soledad y el temor que tienen los migrantes a regresar con sus familias después de una larga ausencia. 

En entrevista para LADO B, los directores, Cordero y Croda, cuentan haber conocido a Felipe en el barrio neoyorkino The Bronx en el 2013, cuando recolectaba latas y botellas y ellos filmaban otro documental.

Les llamó la atención por su carisma y el sombrero de charro que suele llevar a todos lados. Quisieron hacer algo con su historia, pero él les informó que no sería posible porque pronto regresaría a México. 

“Pero pasaron semanas, meses, casi un año y lo seguíamos viendo. Ahí surgió la pregunta del documental: ¿por qué no puede regresar Felipe a su casa?”, explica Armando Croda.

Los dos cineastas decidieron contar la historia de Felipe porque “muestra la otra cara de la moneda”, dice Lindsey, refiriéndose a que no es una narrativa sobre el épico viaje de cruzar fronteras –que es donde suele estar el foco en las historias sobre migración–. Es, más bien, la narrativa de aquellos que logran entrar a territorio estadounidense y se dedican a trabajar haciendo lo que sea posible para mantener a sus familias a la distancia, aún cuando eso significa que no puedan regresar a verlas. 

Así, utilizando unas poderosas imágenes poéticas –que van desde las tomas a los detalles de los diversos trabajos del protagonista o del sótano donde vive solo, hasta el enfoque a sus manos o la perspectiva desde su espalda–, Ya me voy se construye como una mezcla entre la reflexión sobre las vidas de las personas migrantes y una carta de amor escrita desde el estar lejos y no estarlo, porque se piensa todo el tiempo en el lugar que se abandonó. 

Una carta de amor

Al documentar el día a día de un migrante en Estados Unidos, una de las situaciones que más se repite durante el filme son las llamadas por teléfono. A través de un sencillo celular, una y otra vez, el protagonista habla con su esposa y con sus hijos, preguntándoles sobre sus trabajos, cantándoles las mañanitas o, incluso, discutiendo. 

En esas llamadas solo se oye la voz de Felipe, creando una especie de monólogo inquietante. Inquietante porque la ausencia de respuestas audibles para el espectador sirven como muestra del profundo distanciamiento entre el protagonista y sus seres queridos. 

Por un lado, el silencio del otro lado de las llamadas hacen que ciertas preguntas surjan: ¿querrán que regrese si prácticamente ya es un desconocido? ¿lo quieren solo por el dinero que manda? Y, por otro, en la voz de Felipe se escucha la tristeza y el anhelo de estar cerca. 

Ese anhelo es notablemente mayor cuando habla con César o pregunta por él. César o Cesarín, como le dice su padre de cariño, es su hijo menor, al que dejó de ver cuando tenía unos cuantos meses de nacido. Esa ausencia es la carga que más pesa a Felipe y por la que se siente más impulsado a regresar a México. 

Sin embargo, ese retorno se ve interrumpido cuando otro de sus hijos le anuncia una gran deuda, y el personaje principal decide quedarse más años en el país del norte para ayudarlo a saldarla.

En este regreso frustrado es donde se instala Ya me voy como una carta de amor de Felipe a César, en un intento de explicarle el porqué no puede volver a México aún, mostrarle su vida y sentirse un poco más cerca de él. 

“Felipe tenía una clara intención de mandar una especie de carta de amor a su hijo más pequeño, César. Quería enseñarle el mundo en el que vivía, Nueva York, su esfuerzo, su trabajo, sus soledades, intimidades”, explica el director. 

Felipe, quien también habló con LADO B, está de acuerdo con el señalamiento de Armando Croda. Afirma que quería, de alguna manera, ayuda para construir su relación con César cuando regresara a México. Así, el documental le pareció una buena idea para demostrar que todos los años que estuvo ausente fueron con el fin de darle una vida mejor. 

Ahora, a cinco años de haber regresado, padre e hijo todavía no cuentan con una buena comunicación, comparte el protagonista, aunque César, de 20 años ahora, demostró una gran aprobación hacia el documental. “Tal vez solo sea cuestión de que nos sigamos acostumbrando”, exclama esperanzado Felipe. 

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Foto: Cortesía

La soledad del migrante

Tal vez, uno de los logros más destacables de Ya me voy es su capacidad para ser un acercamiento sensible sin romantizar la figura del migrante o la del padre, a pesar de tener una carga emotiva muy grande respecto a César. 

No hay un intento de retratar a Felipe como un hombre excepcional, abnegado o cualquier otro adjetivo que se le pudiera dar. Simplemente el documental pone en evidencia cómo carcome la soledad a una persona, así como los conflictos migratorios entre la vida que tenía en su lugar de origen y la que lleva en el país al que llega. 

Sin duda, se pueden observar sus grandes esfuerzos por ganar los dólares que envía constantemente a México: la venta de botellas y latas para reciclaje, la limpieza de una sinagoga y de almacenes, pequeñas tareas en un deli –una tienda y comedor típicos de Nueva York– a cambio de café y pan, como cantar vestido de mariachi para invitar a personas a pasar a comprar. 

Pero también se ven las partes más crudas de la vida en soledad, los remedios para cuando se hace insoportable, e incluso la construcción de una vida afectiva paralela. 

Sobre la soledad son muy significativas las escenas en el sótano donde vive Felipe. Él preparándose y comiendo una torta con las pocas cosas que tiene en la cocina con un semblante de pesar; el baño escondido detrás de la alacena del que sale con dificultad; viendo el futbol acostado entre los muchos objetos que están sobre su cama. Muestras de lo solo que se siente; emoción que se vuelve abrumadora cuando recurre a lo servicios de una trabajadora sexual. 

Después, cuando Felipe decide quedarse más tiempo para pagar la deuda de su hijo, él comienza una relación con Dionicia, también mexicana en situación de migración indocumentada. 

El noviazgo hace que el protagonista plante vegetales en un pequeño jardín y todo cambia. El lugar donde vive se ve más ordenado, comen juntos, salen a pasear, bromean y cantan. Esas tomas tienen un color más cálido. 

Pero Felipe repite una y otra vez lo que le atormenta: “¿Me quedo? ¿Me voy? ¿Me quedo? ¿Me voy?”.

El documental construye ese vaivén entre una pregunta y otra, ocasionado por el dinero, la familia, las dudas, el amor, la precariedad de la vida indocumentada, César y Dionicia. Acentuado por el constante cambio de trabajo de Felipe. 

Al final, aunque la historia es sumamente personal, Ya me voy es un filme sobre estar y no estar: de una migración que no termina de suceder porque no hay libre tránsito para la persona, afectando todas sus relaciones vitales. 

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Foto: Cortesía

***

Ya me voy se estrenará en Puebla el sábado 29 de febrero a las 17 horas en la Cinemateca Luis Buñuel con la presencia de los directores y el protagonista. En todo México se proyectará en diferentes salas de Cinépolis y Cinemex desde el 28 de febrero. 

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Autor Lado B
Majo Andrade
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