Lado B
Políticas de lo efímero
En entrevista, Benjamín Arditi reflexiona sobre la situación actual de México a partir del potencial política de las insurgencias sociales contemporáneas
Por Klastos @
28 de febrero, 2019
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Entrevista a Benjamín Arditi

Ana Pandal de la Peza

Benjamin Arditi se describe a sí mismo como un teórico político cuyo trabajo reciente ha estado centrado en la política posliberal y los movimientos o, mejor dicho, las insurgencias sociales y su papel político. Considera que su activismo tiene el mismo peso que su labor académica, y se cimenta en aquellos momentos coyunturales que requieren más atención, como por ejemplo el #YoSoy132. Esta entrevista tuvo lugar en su oficina, en el edificio del Departamento de Ciencias Políticas de la UNAM, en el sur de la Ciudad de México.

El dialogo no respondía a una única pregunta; a decir verdad, el objetivo se fue formando conforme avanzaba la conversación. La situación política en la que se encuentra México actualmente, desde el punto de vista de alguien que conoce y ha estudiado de cerca el concepto de “pueblo” y la pertinencia de reconocerlo como un actor político, son los ejes de este texto.  Arditi es autor del artículo “El pueblo como representación y como evento”, donde aboga por un concepto de pueblo distinto al tradicional. Aquí surge la primera interrogante: ¿qué lo lleva a hacer esta distinción entre pueblo y evento?

Hay varias consideraciones, la primera de ellas es que en el discurso político se suele pensar en la categoría anónima del pueblo, que casi siempre coincide con los de abajo, gente humilde, gente que se asocia con el sabor de la tierra, color de la tierra, valores de la tierra. La pregunta es: ¿eso significa que los ricos y famosos no son parte del pueblo? La segunda cosa es que la categoría de pueblo la escuchamos invariablemente desde la revolución francesa, pero ¿qué es el pueblo? La primera y más sencilla definición es: todos aquellos que estamos sometidos a una autoridad pública. Esa es una definición empírica del pueblo. Podríamos decir que hay una segunda definición que es toda esa masa de gente que, a través de su participación en los procesos electorales, permite dar legitimidad a los gobiernos. Y está bien, el pueblo puede ser ambas cosas. Pero ¿cómo entendemos al pueblo como una categoría política si ni siquiera podemos representarlo? ¿Cómo se representa al pueblo? No basta con decir “es que el pueblo es una instancia simbólica”. Necesito algo más que eso. Empecé a pensar en lo que es la distinción entre movimientos y organizaciones sociales. Ahí se me estaba ocurriendo que el “movimiento” puede decirse que tiene un periodo de reflujo en el que parece que no existiera. Hasta que de repente se activa. Entonces la pregunta es: ¿los movimientos siempre existen? Y la respuesta que se me ocurría era: no existen los movimientos mas que cuando se movilizan. Hito Steyerl plantea de manera muy polémica que el pueblo no es representable porque el pueblo es un evento. ¿Por qué usa la palabra “evento”? Esta palabra tiene por lo menos dos significados en español: una es, tengo un evento en tal fecha. No es ese el sentido; el sentido filosófico del evento es aquello que escapa al cálculo. La idea del evento para Jacques Derrida, al asociarlo con la justicia, es aquello que no puede derivarse de los códigos, aquello que necesita contemplar a los códigos pero que se escapa de ellos. Pensando en esta idea del evento, y conectando con esta distinción entre movimiento y organización estudiantil, empecé a pensar que hay una categoría de pueblo que solamente existe a través de su puesta en acto, ¿cuál sería un ejemplo de esto? #YoSoy132. #YoSoy132 ¿quién era? Lo que llama la atención es que 132 existió solamente como una puesta en escena. No podemos hablar de una organización y yo me resisto a hablar del movimiento 132, simplemente porque la noción de movimiento nos ata automáticamente con categorías sociológicas de los años 70 y 80, cuando empezó a popularizarse la idea de movimiento, por eso yo lo llamo “insurgencia”. El #YoSoy132 se fue armando en el camino, fue una puesta en acto. Cada vez más estamos viendo estas manifestaciones del pueblo como una puesta en acto, que pueden ser actos efímeros como castillos en la arena. Gran parte de lo que hacemos como política es efímero.

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Marcha del #YoSoy132 del 31 de mayo de 2012, CDMX. Imagen tomada de: http://www.uniradio.edu.uy/2012/05/hoy-jueves-18-hrs-uni-radio-cambia-el-orden/

Siguiendo con este sentido de la política como algo efímero, si el #YoSoy132 se percibía como un movimiento en contra del poder establecido, ¿qué podríamos esperar ahora, con un cambio de gobierno, de las insurgencias y los movimientos ante una oposición conservadora?

Vamos por partes. La oposición no siempre fue de izquierda. El PAN, cristiano y conservador, fue oposición por mucho tiempo. Lo que no podemos olvidar es que el tipo de oposición real que se hizo en México fue menos a nivel de elecciones que a nivel de calles. Y ahí sí hay componentes fuertes de la izquierda que participaron en movilizaciones como las de 1968 y 1970, y tantos otros hitos que podríamos mencionar. ¿Qué pasa ahora? Tenemos un gobierno que es diferente a gobiernos anteriores. Muchos se preguntan si es efectivamente de izquierda Andrés Manuel, y la respuesta correcta es: no es de izquierda. La pregunta que surge después es: ¿es relevante que sea o no sea de izquierda?, ¿que la oposición sea de derecha o no? Me da la impresión de que no. Si yo tengo que clasificar la innovación del gobierno de Andrés Manuel en la política mexicana diría que lejos de ser la oposición de izquierda o derecha, la apuesta por la refundación moral del Estado mexicano no es un proyecto liberal sino que es un proyecto republicano. Lo que hace que Andrés Manuel sea tan diferente a los demás no es el hecho de que sea un líder mesiánico, yo creo que no lo es. Tampoco es que sea de izquierda, es el hecho de que se dio cuenta de que las tres demandas claves de la población son poner fin a la corrupción, a la inseguridad y a la impunidad. Ninguna va a ser exitosa, es imposible, pero es posible reducir el margen de maniobra que tienen los corruptos, los impunes y los violentos. Si AMLO logra limpiar las instituciones públicas, en parte por el ejemplo y en parte por la legislación, yo creo va a ser más fácil convencer a la gente de una reforma impositiva para pagar más impuestos y eso permitirá frenar la extraordinaria desigualdad que hay en México. La desigualdad masiva que hay en México es inmoral, es un insulto a la civilización, no puede aceptarse. Pero no se necesita ser de izquierda para eso, basta con tener un mínimo de sensibilidad social.

Por último, tomando en cuenta que esta desigualdad implica un cambio profundo en México, MORENA, el Movimiento de Regeneración Nacional, ¿qué es? ¿Una apuesta por cambiar estas condiciones sociales? ¿Un partido más? ¿Una insurgencia? ¿La respuesta a una insurgencia?

Mi definición de los partidos mexicanos es que ninguno se salva de las pruebas de fuego a la confiabilidad de sus integrantes. Pero como uno no vive en el aire, ni en un mundo perfecto, hay que ver cuál opción es mejor que otras. Como regla general, todos los partidos mexicanos llevan un resabio de corrupción, incompetencia, mesianismo, faccionalismo, etc. Otra cosa que me preocupa es la cantidad de gente como Manuel Espino, ex presidente del PAN, German Martínez, ex presidente del PAN, una serie de priistas y perredistas como Barbosa, que fue candidato a gobernador de Puebla. Todos ellos aparecen porque vieron la derrota y se bajaron antes de ser parte de ella. Pensemos que MORENA se fortaleció con una cantidad de oportunistas que cambiaron de bando solamente porque previeron el desastre. También Manuel Velasco que, después de ser hijo del partido más corrupto de la historia de México, que es el Partido Verde, súbitamente descubre que tiene que apoyar a Andrés Manuel. Es preocupante ver que hayan recibido tanto peso muerto que funciona como lastre para el partido, pero dada la constelación de fuerzas políticas mexicanas, me parece que, sin ser lo ideal –que es utópico–, por lo menos está dando las señales correctas. No sé si va a seguir dando las señales correctas más adelante, lo que me gustaría ver es que dé las señales correctas y acepte una profesionalización. Hay una diferencia entre hacer política y hacer política pública. En este momento se sigue todavía con el impulso de una campaña electoral exitosa, pero va a haber un momento en el cual haya que pensar que no estamos en campaña si no que estamos diseñando políticas públicas, y para eso se necesita pensar a futuro y crear equipos de gente que haga planeación y piense en las consecuencias de las ideas buenas, por ejemplo, combatir el huachicol, pero que también traten de hacerlo con mejor cálculo de consecuencias. Ahora les estamos dando el beneficio de la duda, porque están haciendo lo que ningún gobierno se había atrevido a hacer: enfrentar a los delincuentes que están dentro del gobierno, dentro de los partidos, y en las calles con los carteles y compañía. Pero la próxima vez que se haga algo como esto, que sea mejor planificado.

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Ana Pandal de la Peza es licenciada en Relaciones Internacionales por la UDLAP y actualmente es asesora de la comisión de protección a periodistas del Congreso de la CDMX.

 

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