El aprendizaje social: malos ejemplos en tiempos electorales
El discurso educativo oficial sobre la importancia de educar las emociones, de educar para convivencia y para la paz, se ve empañado con el juego sucio oficializado de estos tiempos
Por Lado B @ladobemx
03 de junio, 2018
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Dra. Luz del Carmen Montes Pacheco

Ya lo decía don Pablo Latapí Sarre (1927 – 2009), incansable defensor del derecho a la Educación, en un artículo que escribió para la revista Proceso sobre los tiempos electorales de 1994, los medios populares son aprovechados para tratar de inducir el voto por miedo; lo que llamaba viciosas prácticas políticas no han cambiado, sigue habiendo coerción, compra y manipulación.

Nuestros políticos no aprenden, o mejor dicho, aprenden lo malo, ¿o será que no tenemos buenos modelos?, y ¿qué tipos de modelos son para los futuros aspirantes a gobernar nuestro país?

Viene a cuenta esto de los modelos porque ante el bombardeo de mensajes que descalifican sistemáticamente a los candidatos actuales, en diversos niveles de postulación, pero principalmente al candidato presidencial de Morena (por lo menos en los medios de mayor impacto), he recordado que hay una teoría de aprendizaje que dice que una parte de nuestras conductas son influidas por modelos sociales.

La teoría del aprendizaje social, cuyo principal exponente es Albert Bandura, en términos gruesos, explica que aprendemos conductas de dos maneras, a través de nuestra experiencia directa o por lo que llaman aprendizaje vicario, mediante la observación de la conductas de otros. Un ejemplo claro es que nuestro arreglo y vestimenta responde a las tendencias que marcan actores, actrices y cantantes, entre otros personajes. Los padres somos modelos de nuestros hijos, los profesores de los estudiantes y las parejas de alguna manera modelan su conducta mutuamente. No quiere decir, que el contexto nos determina, quiere decir que influye.

Pues bien, ¿qué están modelando los candidatos en la contienda actual? Que sistemáticamente se puede hablar mal de otros, para que ellos queden “bien”. Que se puede comprar el voto con tarjetas de compromiso. Que el bien portado, bien peinado, buen padre y buen esposo, puede ser bueno gobernando, no importa si no tiene experiencia en ello (aprendizaje directo). Y entre otros aspectos, que aprendieron las malas prácticas de sus antecesores. Ah, también que la buena esposa puede ser candidata a la presidencia o a una gubernatura.

El discurso educativo oficial sobre la importancia de educar las emociones, de educar para convivencia y para la paz, se ve empañado con el juego sucio oficializado de estos tiempos. Cuidado que no me refiero únicamente al ejemplo que dan a los niños y los jóvenes de nuestras escuelas, me refiero a todos los actores educativos, padres, directores y profesores, a toda la sociedad. El chisme, las falsas promesas, el querer lucirse demeritando a otros es lo que estamos viendo.

Por cierto, no hay a quién irle. En las plataformas electorales, que se suponen nos sirven para elegir de manera informada, hay huecos enormes en cuanto a diagnósticos y estrategias claras para combatir la pobreza, la inseguridad, la impunidad, la desigualdad social que padecemos desde hace décadas. Se premia a los que hacen fraude, se invita a la dimisión en favor de otros, se invita a los compadres, a los que eran de otros equipos, incluso los contrarios.

En este escenario se dificulta el voto informado y libre, creo que muchos mexicanos votarán por los candidatos menos peores, por los que provoquen menor repulsión o por los modelos menos malos para nuestro país.

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La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.

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Lado B
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