Lado B
Un mundo a la medida: la ciudadanía imposible
En el mundo y el México en crisis cobra cada vez más relevancia la necesidad de trabajar en el sistema educativo formal y en todos los espacios no formales
Por Juan Martín López Calva @m_lopezcalva
02 de mayo, 2017
Comparte

Tomada de mejorconsalud.com/

Martín López Calva

@M_Lopezcalva

“La educación a lo largo de la vida se basa en cuatro pilares: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos, aprender a ser…

…Aprender a vivir juntos desarrollando la comprensión del otro y la percepción de las

formas de interdependencia -realizar proyectos comunes y prepararse para tratar los

conflictos- respetando los valores de pluralismo, comprensión mutua y paz”.

Jaques Delors. La Educación encierra un tesoro.

En el mundo y el México en crisis que nos ha tocado vivir cobra cada vez más relevancia la necesidad de trabajar en el sistema educativo formal y también en todos los espacios no formales en la formación ciudadana de los niños y adolescentes.

La formación ciudadana es por definición, formación para la convivencia con los demás, de manera que trabajar por la formación ciudadana implica generar procesos de aprendizaje de formas constructivas de vivir juntos desarrollando la comprensión del otro, viviendo experiencias de interdependencia con los demás, creciendo en el respeto a los valores del pluralismo y la paz.

Como bien plantea el informe Delors, publicado en los últimos años del siglo pasado, este es uno de los cuatro grandes pilares de la educación en nuestro cambio de época, junto con los de aprender a conocer, a prender a hacer y aprender a ser. Se trata de cuatro valores interrelacionados que deberían trabajarse juntos y de manera sistemática y prioritaria en todas las asignaturas y niveles educativos.

El informe que todos conocemos y que se publicó bajo el título de La Educación encierra un tesoro, deja muy claro que aprenderá  vivir juntos implica ir más allá del enfoque de no violencia. Se trata de un aprendizaje activo y proactivo que tiene que contemplar al menos dos grandes líneas estratégicas: el descubrimiento gradual del otro y la participación en proyectos comunes.

El descubrimiento del otro se enmarca en la doble misión de la Educación que consiste en enseñar la diversidad y pluralidad de la especie humana y al mismo tiempo el descubrimiento de las semejanzas entre todos los seres humanos de las distintas razas, épocas y culturas, lo que nos hace humanos a todos, independientemente de nuestras formas diferentes de vivir nuestra humanidad.

El descubrimiento del otro inicia por el conocimiento de uno mismo por lo que la familia, la comunidad y la escuela deberían promover que cada niño vaya explorando quién es y dónde está parado en el mundo para desarrollar la empatía y la comprensión de los otros, los que son diferentes pero semejantes y están parados en otro lado pero dentro del mismo mundo.

Trabajar en proyectos comunes por otra parte, ayuda a ir construyendo objetivos que nos unan a los demás y a vivir procesos en los que a partir de la búsqueda de la consecución de estos objetivos en común, se van poniendo al margen las diferencias y se superan los posibles conflictos.

La formación ciudadana implica entonces el desarrollo de la empatía y la comprensión de los demás que son distintos a nosotros y el trabajo de despliegue de la capacidad de trabajar junto con los demás en el establecimiento y el logro de objetivos comunes que nos unen.

Estos dos elementos tienen de fondo la necesidad de trabajar en procesos de adaptación al mundo que nos toca vivir, de adecuación de nuestra personalidad y nuestros intereses al contexto social en el que nos desarrollamos, la actitud de sacrificar o posponer los propios intereses por la búsqueda de lograr la construcción de comunidad y el desarrollo de intereses comunes superiores a los propios.

[pull_quote_right]Este es el triste panorama de estos tiempos ególatras en los que urge formar ciudadanos capaces de convivir pacíficamente y de construir proyectos comunes para el mejoramiento de la sociedad, pero no existen los adultos educadores capaces de sentir empatía y generar comprensión de los demás porque han sido formados en la falsa creencia de que el mundo tiene que adaptarse a sus gustos y caprichos y ellos no tienen por qué esforzarse en adaptarse a la realidad plural y diversa en la que les ha tocado vivir.[/pull_quote_right]

Sin embargo el mundo de hoy está planteando una prioridad distorsionada del aprender a ser, entendido como ser individual y absolutamente autónomo y ajeno a las circunstancias. Se trata de un mundo en el que los adultos de hoy han sido educados sintiendo que son el centro y la medida de todas las cosas y que el mundo y los demás son los que tienen que adaptarse a ellos.

Dice atinadamente Javier Marías:

<“Hago lo que me da la gana y nadie es quién para pedirme a mí nada, ni que baje el volumen ni que lleve sujeto a mi perro-killer”. Como esa forma de “educar” sigue imperando y aun va a más (hay quienes propugnan que los niños han de ser “plenamente libres” desde el día de su nacimiento), prepárense para un país en el que todas las generaciones estén dominadas por mastuerzos iracundos y abusivos>.

Javier Marías. Generaciones de mastuerzos. El País Semanal.

¿Cuántas veces nos ha tocado enfrentar experiencias con personas de este tipo? Desde quien nos agrede cuando le pedimos educadamente que respete el lugar para personas con discapacidad en un estacionamiento hasta quien insulta a quien le solicita que recoja su basura o respete el lugar en la fila de un banco o un supermercado, estamos todo el tiempo lidiando con gente incapaz de convivir con los demás porque ha sido educada bajo este falso principio de la plena y absoluta “libertad” en el nombre de la lucha contra el autoritarismo del pasado.

Esta educación egocéntrica e intolerante a la frustración que genera incapacidad total de empatía y comprensión se manifiesta además en el mundo de las redes sociales en la victimización de todos frente a cualquier cosa que sea contraria a su forma de pensar o de vivir.

De manera que ante cualquier manifestación de pensamiento o acción que contradiga los gustos y preferencias de personas o grupos se desata de inmediato una ola de protestas que piden aniquilar y silenciar las voces disonantes y prohibir las manifestaciones y acciones de quienes según esto ofenden la propia sensibilidad.

Dice otra vez Marías:

<Hoy no es nadie quien no protesta, quien no es víctima, quien no se considera injuriado por cualquier cosa, quien no pertenece a una minoría o colectivo oprimidos. Los tontos de nuestra época se caracterizan por su susceptibilidad extrema, por su pusilanimidad, por su piel tan fina que todo los hiere…”

Este es otro gran obstáculo para formar ciudadanía porque el aprendizaje de convivencia democrática implica necesariamente aceptar la pluralidad, asumir como indispensable la diversidad de pensamientos y expresiones, acostumbrarse y aún dar la bienvenida a expresiones de personas o grupos que piensan distinto.

Pero la sociedad actual está ante la dictadura del individuo formado como centro del universo y criterio último de juicio. El victimismo intolerante –expresado por quienes paradójicamente se autoerigen muchas veces como defensores de la tolerancia- ha llegado incluso según expresa el escritor español, a reclamar a las universidades que “…sean “espacios seguros” y que no haya confrontación de ideas, porque algunas los perturban. Justo lo contrario de lo que fueron siempre: lugares de debate y de libertad de cátedra, en los que se aprende cuanto hay y ha habido en el mundo, bueno y malo>.)

Este es el triste panorama de estos tiempos ególatras en los que urge formar ciudadanos capaces de convivir pacíficamente y de construir proyectos comunes para el mejoramiento de la sociedad, pero no existen los adultos educadores capaces de sentir empatía y generar comprensión de los demás porque han sido formados en la falsa creencia de que el mundo tiene que adaptarse a sus gustos y caprichos y ellos no tienen por qué esforzarse en adaptarse a la realidad plural y diversa en la que les ha tocado vivir.

Ciudadanía urgente para un mundo excluyente y violento. Ciudadanía imposible en un entorno en el que cada quien hace lo que le da la gana y piensa que eso es lo correcto y que el mundo tiene que estar hecho a su medida.

¿Por dónde empezar para enfrentar el desafío?

Comparte
Autor Lado B
Juan Martín López Calva
Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Realizó dos estancias postdoctorales en el Lonergan Institute de Boston College. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, del Consejo Mexicano de Investigación Educativa, de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores y de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación. Trabaja en las líneas de Educación humanista, Educación y valores y Ética profesional. Actualmente es actualmente es profesor-investigador en la facultad de educación de la UPAEP.